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Preguntan a un hombre de pueblo qué ha sentido al ver el eclipse y su respuesta ya es historia del zapping: «Sentía más cazando conejos»

El hombre de campo, durante la entrevista. © Facebook

Para muchos ha sido mágico. El eclipse total de Sol que atravesó España este miércoles 12 de agosto reunió a millones de personas con la mirada puesta en el cielo y llevó hasta numerosos pueblos del interior a visitantes llegados de distintos países. Lugares poco acostumbrados a semejantes concentraciones recibieron a aficionados a la astronomía, turistas y equipos especializados dispuestos a recorrer cientos o miles de kilómetros para vivir un fenómeno que no se veía de esta forma en la Península desde hacía más de un siglo.

La expectación llegó incluso hasta Lerma, en Burgos, donde SpaceX, la empresa fundada por Elon Musk, reservó el Parador para desplazar a un equipo de unas 140 personas. La presencia del propio Musk, sin embargo, no llegó a confirmarse, pese a los rumores que circularon durante las horas previas al eclipse.

En definitiva, hubo quien recorrió medio mundo para verlo, quien preparó telescopios y cámaras durante meses y quien difícilmente olvidará el momento en que el Sol desapareció durante unos instantes. Y después está el protagonista de esta historia, compartida por ABC en sus redes sociales, un hombre de pueblo al que todo aquello, hablando en plata, le daba bastante igual.

Una periodista se acercó a preguntarle qué había sentido y si le había gustado. Él no necesitó demasiado tiempo para pensarlo: «Pues ni le he visto casi porque paso de él. No sentido nada. No sentido nada. Nada. Sentía más las mil veces que subí aquí a cazar conejos, por ejemplo, pero no. Yo creo que habrá que entender el rollo ese. Yo no lo entiendo. Entonces, bueno, he subido y vale, pero me daba lo mismo».

Una respuesta absolutamente sincera que puede haber dejado descolocado a más de uno, aunque probablemente sorprenda bastante menos a quienes llevan toda una vida cazando.

Hay emociones que no necesitan un eclipse

En realidad, las palabras de este hombre explican en apenas unos segundos algo que no siempre resulta sencillo transmitir a quien nunca ha cazado. Para muchos cazadores, la caza no es únicamente el instante de cobrar una pieza, sino una acumulación de recuerdos asociados a determinados montes, caminos, perros, amigos, familiares y jornadas que permanecen grabadas durante toda una vida.

Por eso, lo que para un no cazador puede resultar una comparación disparatada tiene bastante sentido para quien ha experimentado esas emociones. Un eclipse total puede ser histórico, excepcional y capaz de congregar a millones de personas; pero una mañana detrás de los conejos en un lugar al que se ha subido cientos de veces puede emocionar infinitamente más. Probablemente la respuesta de este paisano sorprenda sobre todo a quienes nunca han sentido la caza de esa manera.

Y lo curioso es que hubo algo de aquella jornada que sí consiguió llamar poderosamente su atención. No estaba arriba, en el cielo, sino abajo, a su alrededor.

Cuando la periodista le comentó la enorme cantidad de personas que se había concentrado allí, el hombre reconoció que aquello sí le había sorprendido y volvió a tirar de sus recuerdos del campo para explicarlo: «Sí, bueno, no esperaba tanta gente ni mucho menos. Esto estoy, esto esto lo he visto. Mira, ¿ves cómo está ahora? Antiguamente lleno de ovejas igual».

La comparación difícilmente podía ser más rural. Allí donde miles de visitantes contemplaban ahora una concentración excepcional de personas, él recordaba otro paisaje completamente distinto: aquellos mismos campos llenos de ovejas.

«Tengo más años que rey de oros»

Pese a su completa indiferencia hacia el acontecimiento astronómico, el hombre tampoco parece habérselo pasado mal. Simplemente disfrutó de la jornada a su manera, sin necesidad de atribuir al eclipse una emoción que no había sentido. Así lo dejó claro en la parte final de la conversación: «Ahora sabes y bueno… bueno, pero la ha disfrutado [a su] manera, pero la ha disfrutado. Claro que sí. ¿Sabes? Fíjate, cualquiera me iba a decir a mí que iba a ver esto, que tengo más años que rey de oros, ya sabes, pero bueno».

Y seguramente esa naturalidad sea lo que ha convertido su respuesta en una de las escenas más simpáticas que ha dejado el eclipse. Mientras alrededor había personas que llevaban meses esperando el acontecimiento y visitantes llegados desde distintos puntos del mundo, él contempló aquello con la tranquilidad de quien ya ha visto muchas cosas.

Incluido, por supuesto, aquel mismo campo lleno de ovejas y muchas jornadas subiendo hasta allí a cazar conejos. Y, si hay que elegir con cuál se queda, tampoco parece que tenga demasiadas dudas.

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