La aparente estabilidad de los ecosistemas mediterráneos lleva tiempo dando señales de desgaste, especialmente en zonas de dehesa donde la encina es mucho más que un árbol: es sombra, alimento para el ganado y columna vertebral del paisaje. En ese contexto, un insecto que muchos apenas conocen se ha convertido en motivo de preocupación creciente para quienes viven del monte.
El protagonista del revuelo es el Cerambyx cerdo, un coleóptero de gran tamaño conocido como escarabajo longicornio de las encinas. Aunque su presencia no suele llamar la atención fuera del medio rural, en el campo se le señala desde hace años como un enemigo silencioso capaz de debilitar árboles centenarios desde dentro.
El debate se reactivó en redes sociales a raíz de un vídeo publicado por el leñador Boni Moreno, que cuenta con más de 17.000 seguidores en TikTok. En la grabación, muestra una encina caída por el viento y enseña el interior del tronco, plagado de galerías excavadas por las larvas del insecto.
En un momento del vídeo, el trabajador no oculta su indignación y lanza una frase que ha corrido como la pólvora: «Estos son los enemigos de la dehesa».
A partir de ahí, la publicación comenzó a compartirse entre perfiles de agricultores, ganaderos y gente vinculada al medio natural, muchos de los cuales aseguraban estar viendo el mismo problema en distintas zonas del país.
Un escarabajo que destruye el árbol desde el interior
El Cerambyx cerdo es un insecto de cuerpo alargado y antenas desproporcionadas, cuya estrategia es tan eficaz como destructiva. Su ciclo comienza cuando la hembra deposita los huevos en heridas abiertas del árbol, un detalle que explica por qué suele afectar con más fuerza a ejemplares debilitados o dañados.
Las larvas, una vez nacen, perforan la madera y se alimentan del xilema, el tejido por el que circulan el agua y los minerales desde las raíces hasta la copa. Ese proceso no es inmediato: puede prolongarse durante años, mientras el árbol va perdiendo vigor sin que el daño sea visible desde fuera.
Los síntomas suelen aparecer cuando ya es tarde: pérdida progresiva de hojas, ramas debilitadas, fragilidad ante el viento y, en los casos más graves, el colapso interno del tronco. En entornos de dehesa, donde las encinas soportan sequías, calor extremo y presión ganadera, la presencia del insecto puede ser la puntilla final.
Por eso, quienes trabajan en el monte llevan tiempo alertando de que el problema no es anecdótico, sino una amenaza real que se está extendiendo.
Un insecto protegido que desata indignación en el campo
Lo que más enfada al mundo rural no es solo el daño que provoca, sino el hecho de que se trate de una especie protegida por el Convenio de Berna, lo que limita cualquier actuación directa de control o eliminación.
Esa protección legal es precisamente la que ha encendido la polémica, porque muchos sienten que se está aplicando una normativa pensada desde el despacho, sin escuchar a quienes pisan el terreno a diario y ven caer árboles que han tardado siglos en crecer.
En su vídeo, Boni Moreno resume esa sensación con otra frase que ha sido ampliamente replicada: «Los expertos de la Unión Europea lo protegen, pero aquí está matando los árboles».
@boni_moreno ♬ sonido original – boni_moreno
Los comentarios que acompañan la publicación apuntan a un patrón repetido en distintas regiones, desde Andalucía hasta Castilla-La Mancha, donde varios usuarios aseguran haber encontrado encinas afectadas con galerías similares.
Más allá de la viralidad, el asunto ha vuelto a poner sobre la mesa una cuestión delicada: hasta qué punto la protección ambiental debe ser rígida cuando el equilibrio del ecosistema cambia y ciertas especies pasan de ser raras a convertirse en un problema.
Cada vez son más las voces que reclaman revisar estas normativas y permitir medidas de gestión adaptadas a la realidad, antes de que el daño en los encinares sea irreversible.
