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Historia y caza: la vieja moneda desenterrada por los conejos

Moneda encontrada por el autor mientras cazaba. © Israel Hernández

Cazaba conejos en descaste en un pueblo de Cuenca invitado por un amigo. Al pasar junto a una vieja casa de piedra abandonada, de la que a duras penas se mantenían tres paredes en pie, me topé con un gran vivar con tierra recién escarbada sobre sus bocas. Al mirar, vi una cosa redonda y azul recubierta de polvo. Por su tamaño pensé que se trataría del forro interior del tapón de alguna vieja botella de gaseosa, pero aun así me agaché para recogerlo.

Nada más tocarlo me di cuenta de que se trataba de una vieja moneda de cobre oxidada, desenterrada por los conejos del lugar en el que, quién sabe si con algunas más, alguien ocultó allí hacía mucho tiempo. Al llegar a casa y limpiarla pude ver que se trataba de cinco céntimos de peseta acuñados en 1879, con Alfonso XII como rey constitucional de España por la gracia de Dios. Es curioso cómo la caza nos conecta con la Historia. En 1879 Pablo Iglesias fundaba de manera clandestina el Partido Socialista Obrero Español, Marcelino Sanz de Sautuola descubría las escenas de caza de las cuevas de Altamira, Thomas Edison inventaba la bombilla y Albert Enstein abría sus ojos para ver el mundo por primera vez en Ulm (Alemania).

Hoy, mientras la observo, pienso en los 144 años que nos separan de aquel instante en el que una máquina golpeó aquel trozo de metal desdibujado para convertirlo en cinco céntimos de una peseta que, por aquel entonces, sólo contaba con diez años de vida. Me gusta pensar que permaneció oculta al desastre del 98, a la última Guerra Civil española, a las dos guerras mundiales, a una dictadura y a una nueva Constitución. Todo ha cambiado tanto, que hasta ella ha sido sustituida por el euro, una moneda que ahora compartimos con naciones que entonces eran rivales de aquel imperio español ya casi desvanecido.

Acaricio la moneda entre mis dedos y siento que ese trozo de metal es la constatación física de que el tiempo pasa inexorable y que todo cambia. Bueno, todo no. Hay quien sigue pisando la tierra patria en busca de historias de caza. Aunque a veces, sólo se encuentre con la Historia.

       
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