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Mueren ahogados una hembra de lince ibérico y sus dos cachorros en una balsa sin rampa de escape en Albacete

Dos linces beben en una charca. © Shutterstock

Una hembra de lince ibérico y sus dos cachorros han muerto ahogados en una balsa de riego revestida de plástico situada en la pedanía de Isso, perteneciente al municipio albaceteño de Hellín. Los animales quedaron atrapados en una infraestructura que, según la información difundida hasta ahora, no contaba con una rampa de escape que les permitiera regresar a tierra firme.

La hembra, conocida como Urze, formaba parte del programa de recuperación del lince ibérico y llevaba alrededor de dos años asentada en esta comarca. El fotógrafo de naturaleza Julián Fernández ha denunciado públicamente el suceso y ha difundido imágenes de los tres ejemplares muertos, al considerar que se trata de una tragedia que podría haberse evitado.

Urze llegó a la zona equipada con un collar de seguimiento. Poco después perdió a Libre, el macho con el que se había establecido, que murió atropellado en una carretera cercana. Pese a ello, la hembra logró sacar adelante una camada y este año había vuelto a criar, por lo que su muerte y la de sus dos cachorros supone un duro golpe para la recuperación de la especie en los Campos de Hellín.

Los tres linces que han perdido la vida en la balsa de riego. © Julián Fernández

Una superficie de plástico de la que es casi imposible escapar

El peligro de muchas balsas de riego no se encuentra únicamente en su profundidad. Cuando están impermeabilizadas con láminas plásticas, sus paredes se convierten en superficies extremadamente resbaladizas que impiden trepar a cualquier animal que cae al interior. Aunque consiga mantenerse a flote durante un tiempo, termina muriendo por agotamiento o ahogamiento si no existe una salida accesible.

En este caso, tal y como han difundido diferentes medios locales, la instalación carecía de una rampa o de cualquier otro elemento que facilitara la huida. El problema afecta a numerosas especies. Linces, corzos, jabalíes, zorros, tejones, ginetas, erizos, reptiles, anfibios y aves pueden acercarse a estas reservas de agua para beber y acabar atrapados. Asociaciones locales de cazadores, Fundación Artemisan y federaciones de caza llevan años alertando de que miles de animales salvajes y domésticos caen anualmente en balsas de almacenamiento, tanto llenas como vacías, y reclaman la instalación de rampas de escape.

Una tragedia que ya ocurrió con otros tres linces en Jaén

No es la primera vez que una infraestructura de estas características acaba con toda una familia de linces. En octubre de 2017, una hembra radiomarcada y sus dos cachorros fueron encontrados ahogados en una balsa de riego de Vilches, en Jaén. La Fiscalía abrió entonces diligencias para esclarecer las circunstancias y comprobar si la instalación disponía de los permisos y medidas exigibles.

Los canales de riego presentan un riesgo similar. Sus paredes verticales o inclinadas, el revestimiento liso y la corriente impiden salir a la fauna que cae al agua. En algunos puntos ya se han instalado líneas de boyas, pasos y rampas que conducen a los animales hasta lugares seguros, demostrando que existen soluciones técnicas capaces de reducir estas muertes.

Fundación Artemisan y la Confederación Hidrográfica del Ebro han trabajado precisamente en un plan integral para evitar ahogamientos en los canales de Calanda-Alcañiz y La Estanca. Entre las medidas estudiadas figuran la localización de puntos de caída, la colocación de elementos de guiado y la construcción de salidas adaptadas para la fauna.

Un peligro que también ha costado vidas humanas

Estas infraestructuras tampoco son peligrosas únicamente para los animales. En los últimos años, varias personas han fallecido ahogadas al caer en balsas o al entrar en ellas para intentar rescatar a sus perros. El plástico resbaladizo que impide escapar a la fauna puede dejar igualmente atrapada a una persona, incluso aunque sepa nadar.

En diciembre de 2016, un cazador de 36 años murió en una balsa agrícola de Zaidín, en Huesca, cuando intentaba salvar a uno de sus perros. Años después, otro hombre de 69 años perdió la vida en La Vall d’Uixó, Castellón, al tratar de auxiliar a sus animales, que habían caído a la balsa de La Sequiota. También se produjo otro caso mortal en Binaced, donde un cazador de 64 años falleció al intentar rescatar a sus perros.

La muerte de Urze y sus dos cachorros vuelve a poner sobre la mesa una amenaza conocida y para la que existen soluciones relativamente sencillas. Rampas rugosas, escalas, vallados adecuados y sistemas de guiado pueden marcar la diferencia entre una caída accidental y una trampa mortal.

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