En los últimos días ha comenzado a circular en redes sociales una imagen publicada desde Horcajo de Santiago (Cuenca) que ha vuelto a encender las alarmas en el medio rural. En él se muestra un artefacto diseñado para pinchar ruedas, localizado en un camino, y se advierte del riesgo que supone tanto para vehículos particulares como para los de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.
El autor de la publicación explica que no es la primera vez que aparecen este tipo de trampas en zonas donde se realizan controles y señala que se utilizan «para pinchar los neumáticos de los vehículos policiales…y de cualquier vehículo que pase por allí».
El objeto mostrado es una pieza alargada con múltiples clavos atornillados en vertical, preparada para quedar oculta o semiescondida y provocar reventones en cuanto un coche o moto pase por encima.
Además del daño económico, el riesgo va mucho más allá: una rueda reventada en un camino puede acabar en accidente, especialmente si ocurre a cierta velocidad o en condiciones de baja visibilidad.
Un peligro real que no es nuevo en el medio rural
En el propio texto del vídeo se recalca que este tipo de prácticas no solo causan pérdidas materiales, sino que «además no sirve para absolutamente nada más que hacer perder dinero de todos los españoles en ruedas nuevas».
La publicación también insiste en que los agentes ya han tomado cartas en el asunto y que «se está investigando», recordando que no solo se perjudica al vehículo afectado, sino también a cualquier otro que circule después por la zona.
Lo más llamativo es que el autor advierte de un detalle clave: si se detecta a tiempo, el coche puede esquivarlo, pero si no, el resultado es el mismo para cualquiera. «Si tenemos un aviso, sí es cuando puede causar muchos problemas, pero de nuevo, a la ciudadanía, no a nosotros…», añade.
Colocar clavos puede acabar en detención y proceso penal
El mensaje difundido no deja lugar a dudas sobre la gravedad de este tipo de sabotajes. «Poner clavos a un coche de la Guardia Civil tendría graves consecuencias legales», advierte literalmente, explicando que podría considerarse un delito de daños y un potencial atentado contra la autoridad y la seguridad pública.
En el mismo texto se recuerda que podría haber detención inmediata, acusación por delito de daños, un posible agravante por tratarse de un vehículo oficial y, además, responsabilidad civil por el coste de neumáticos y reparaciones.
La advertencia llega en un contexto en el que este tipo de actos no son aislados. Jara y Sedal ya informó en diciembre de la detención de dos individuos por colocar clavos artesanos para boicotear monterías y causar daños en vehículos en una finca de Monesterio (Badajoz), además de robar cámaras de fototrampeo.
También en Córdoba, en 2020, una montería acabó con más de treinta coches afectados por clavos arrojados en los caminos. Uno de los testigos lo resumió así: «No pudimos soltar los perros porque temíamos que algún clavo se hubiese quedado sin recoger».
Casos como estos demuestran que, más allá de la intención de causar un simple pinchazo, hablamos de un método peligroso que puede poner en jaque la seguridad de cualquiera que transite por el campo.
Cuando una “trampa” deja de ser una gamberrada y se convierte en una tragedia
Más allá del pinchazo y del susto, estos artefactos pueden acabar en algo mucho peor. Una tabla con clavos en un camino no solo revienta neumáticos: puede provocar una pérdida de control, una caída o un accidente en un punto donde no hay margen para reaccionar. Y ahí es donde la gravedad cambia de pantalla, porque el daño ya no es material, sino físico y, a veces, irreversible.
El ejemplo más duro lo recuerda el caso de Diego, un ciclista de Vigo que quedó parapléjico tras chocar contra una piedra de grandes dimensiones colocada en el monte de Alba. Según se recoge en la información judicial del caso, la Policía fue rotunda ante el juez al concluir que la roca «estaba colocada para provocar daño» y que estaba «a mala fe», situada de forma «estratégica en la trayectoria de los ciclistas». Diego no pudo evitarla y el impacto le cambió la vida para siempre.
