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Guardas rurales de caza y cazadores: una alianza esencial para el equilibrio del medio rural

Guarda Rural participando en le proyecto Coturnix de Mutuasport y Fundación Artemisan. © Israel Hernández

En el imaginario colectivo del medio rural existe una figura discreta, a menudo invisible, pero absolutamente imprescindible para el buen funcionamiento de campos, montes y espacios cinegéticos: el guarda rural de caza. Su labor, estrechamente ligada a la de los cazadores responsables, constituye uno de los pilares fundamentales para la conservación, el control y el equilibrio ecológico de la fauna silvestre, tanto cinegética como no cinegética.

Lejos de ser antagonistas, guardas rurales de caza y cazadores forman un binomio inseparable, unido por un objetivo común: la protección del medio natural, el uso sostenible de los recursos y la pervivencia del mundo rural. Una relación basada en la confianza mutua, el conocimiento del territorio y la responsabilidad compartida.

En aquellos cotos donde existe una vigilancia profesional y continuada, la relación entre guardas y cazadores suele ser fluida, cercana y ejemplar. El guarda rural de caza no es únicamente un vigilante del cumplimiento de la normativa, sino un profundo conocedor del terreno, de la fauna, de los ciclos biológicos y de las necesidades reales del ecosistema.

Gracias a esta colaboración se mejora el cumplimiento de la legislación cinegética, se previenen conductas furtivas y prácticas ilegales, se optimiza el control poblacional de especies y se protege tanto la fauna no cinegética como los hábitats más sensibles. El resultado es evidente: cotos mejor gestionados, con mayor biodiversidad y un equilibrio natural más estable.

El autor junto a otros guardas rurales en una manifestación a favor de la caza.

Más fauna, más flora y menos incendios

La experiencia sobre el terreno y los datos empíricos lo confirman. En los espacios donde existe caza ordenada y vigilancia constante se observa una mayor presencia y recuperación de fauna silvestre, una mejor conservación de la flora autóctona y un mantenimiento continuado de caminos, cortafuegos y zonas forestales.

Además, la presencia humana regular actúa como un eficaz sistema de detección temprana de riesgos, lo que se traduce en una menor incidencia de incendios forestales. En este contexto, la caza bien gestionada, lejos de ser una amenaza, se consolida como una herramienta de conservación activa del territorio.

La caza como motor de recuperación del mundo rural

La actividad cinegética genera un impacto socioeconómico positivo que va mucho más allá del propio acto de cazar. Aporta empleo directo y estable a guardas rurales, personal de mantenimiento y gestores cinegéticos, y sostiene una amplia red de empleos indirectos vinculados a la hostelería, el comercio local, los talleres, los veterinarios, los taxidermistas, el transporte, la agricultura y la ganadería.

Allí donde existen cotos activos y bien gestionados hay movimiento económico, fijación de población y oportunidades de futuro en zonas especialmente castigadas por el abandono y el despoblamiento. La caza, en este sentido, actúa como un auténtico motor de dinamización rural.

Desde el sector cinegético y de la vigilancia rural se reclama que las administraciones públicas adopten medidas reales y efectivas. Entre ellas, ayudas económicas específicas destinadas a la vigilancia y protección del medio natural, al control y la seguridad en el campo y al mantenimiento de infraestructuras rurales.

Asimismo, se demanda un mayor reconocimiento del guarda rural de caza como figura clave en la conservación del territorio. Estas inversiones no deben entenderse como un gasto, sino como una apuesta rentable y recíproca, ya que el retorno ambiental, social y económico supera con creces la aportación inicial.

Guardas rurales y cazadores en una manifestación a favor de la caza.

El respaldo del sector agrario y ganadero

Cada vez más asociaciones de agricultores y ganaderos reclaman la recuperación y el refuerzo de la figura del guarda rural, consciente de su papel fundamental en la protección de cultivos y ganado, la reducción de robos y daños, y la mejora de la convivencia entre usos agrícolas, ganaderos y cinegéticos. La vigilancia profesional, la presencia constante y la capacidad disuasoria de estos profesionales contribuyen de manera decisiva a un campo más seguro, ordenado y productivo.

Guardas rurales de caza y cazadores comparten una misma visión: un campo vivo, protegido, productivo y sostenible. La unión de ambos colectivos no es solo deseable, sino imprescindible para afrontar los grandes retos actuales del medio rural, como la despoblación, los incendios, los desequilibrios poblacionales o el abandono del territorio.

Invertir en vigilancia rural y en caza responsable es, en definitiva, invertir en naturaleza, seguridad y futuro.

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