El brote de peste porcina africana (PPA) detectado a finales de noviembre en el entorno de Collserola continúa envuelto en incógnitas. Han pasado más de dos meses, el número de jabalíes positivos supera ya el centenar y, sin embargo, el Ejecutivo no ha hecho público el origen del virus, una circunstancia que mantiene la tensión política y la inquietud en el sector porcino.
Desde el primer momento, la gestión de la crisis sanitaria trascendió el ámbito técnico para instalarse en el debate parlamentario. España, especialmente sensible tras años marcados por alertas como la gripe aviar o la lengua azul, afronta un episodio que afecta de lleno a una de sus principales potencias ganaderas y a un mercado exterior clave.
La ausencia de una explicación oficial ha reavivado las sospechas y las críticas por falta de transparencia. Mientras avanzan las investigaciones científicas, el Gobierno ha optado por la prudencia, evitando confirmar o descartar públicamente ninguna hipótesis, una estrategia que no ha logrado apaciguar las dudas.
La sombra del laboratorio y el debate político
La polémica estalló en diciembre cuando en el Congreso se planteó la posibilidad de que el brote pudiera haberse originado en un laboratorio público. Diputados del PP y de Junts pusieron sobre la mesa la hipótesis de una posible fuga del virus desde el centro IRTA-CReSA, situado en Bellaterra, muy cerca del lugar donde aparecieron los primeros jabalíes infectados.
En aquel debate, el ministro de Agricultura, Luis Planas, defendió la gestión del Ejecutivo y la coordinación con la Generalitat, y evitó pronunciarse sobre el origen concreto del patógeno. El asunto, lejos de cerrarse, ganó recorrido político tras afirmaciones como la del diputado de Junts Isidre Gavín: «Si el virus ha surgido de un centro de investigación, esperamos que rueden cabezas».
El propio IRTA-CReSA negó entonces disponer de «ninguna evidencia» que apuntara a una fuga, mientras el Ministerio anunciaba la creación de un comité científico para analizar el brote con vistas al futuro.
Informes preliminares y conclusiones aún pendientes
Semanas después, la Generalitat aseguró no ver indicios de que el virus saliera del laboratorio de Bellaterra. Los primeros resultados de una auditoría externa encargada por el Ministerio apuntaron a que «nada parece indicar que hubiese una fuga del virus» y avalaron la seguridad de las instalaciones y los protocolos del centro.
Pese a ello, los investigadores subrayaron que solo una comparación exhaustiva del ADN de las muestras del laboratorio y de los jabalíes permitiría aclarar definitivamente el origen del brote. Ese proceso de secuenciación, en manos del Laboratorio Central de Veterinaria de Algete y otros centros, sigue siendo clave y aún no se ha cerrado públicamente.
Mientras tanto, Mossos d’Esquadra y Guardia Civil registraron el centro y recogieron muestras por orden judicial, un paso que evidenció la gravedad del escenario y la necesidad de despejar cualquier duda.
Opacidad, más de 100 positivos y presión al Ejecutivo
La falta de una explicación oficial definitiva es ahora el principal frente de crítica. El PP ha denunciado la «opacidad y la falta de transparencia del Gobierno» tras dos meses sin aclarar el origen del brote y con más de un centenar de jabalíes positivos confirmados.
Desde el Senado, los populares han reclamado medidas urgentes para proteger al sector productivo, reforzar la vigilancia en explotaciones y extremar los controles en frontera, advirtiendo del riesgo sanitario que supone la superpoblación de jabalíes y del impacto económico que la PPA ya está teniendo en los mercados exteriores.
Un informe con varias hipótesis, pero sin una conclusión clara
El último elemento incorporado al caso llegó el 9 de febrero con la publicación del informe técnico elaborado para esclarecer el origen del brote de peste porcina africana. El documento, largamente esperado, analiza distintos escenarios posibles, pero evita señalar de forma concluyente cuál fue el punto de entrada del virus en el entorno de Collserola.
Entre las hipótesis que recoge el informe figuran la introducción del patógeno a través de movimientos indirectos de personas o vehículos, la posible transmisión por materiales contaminados y la vía ambiental ligada a la elevada densidad de jabalíes en la zona. También se menciona la coincidencia temporal y geográfica con instalaciones científicas cercanas, aunque sin atribuir responsabilidades ni establecer una relación causal directa.
Pese a ese abanico de escenarios, el informe no se pronuncia de manera explícita sobre cuál es el origen real del brote. Los autores subrayan las limitaciones actuales para cerrar la investigación y remiten a futuros análisis genéticos y epidemiológicos para poder descartar o confirmar definitivamente cada posibilidad.
De este modo, el documento aporta contexto técnico y ordena las líneas de investigación, pero deja intacta la principal incógnita. Dos meses después de detectarse los primeros positivos, el origen de la PPA en Cataluña sigue sin una respuesta oficial clara, alimentando la percepción de que, por ahora, la crisis sanitaria avanza con más preguntas que certezas.
