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La paradoja de Doñana: el Gobierno pide protegerla, pero impide cazar los ciervos y jabalíes que acaban con sus árboles y aves

Pareja de ciervos en Doñana. © Shutterstock

El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) ha lanzado su primera campaña institucional dedicada a concienciar sobre la conservación de Doñana. La iniciativa llega mientras diferentes investigaciones y organizaciones conservacionistas alertan de que ciervos y jabalíes están provocando graves daños sobre la vegetación y las aves protegidas del espacio natural.

Bajo el lema «Acción por Doñana. Protegiendo lo nuestro», la campaña permanecerá activa hasta el próximo 30 de octubre de 2026 en Huelva, Sevilla y Cádiz. El mensaje elegido por el Gobierno sostiene que «Doñana no tiene dueño. Por eso entre todos queremos recuperar sus ecosistemas y reforzar su protección».

La iniciativa forma parte del Marco de Actuaciones para Doñana, una estrategia en la que participan 13 ministerios y que contempla una inversión directa de 745,3 millones de euros hasta 2028. Sus actuaciones se centran en recuperar los recursos hídricos, restaurar los ecosistemas, conservar la biodiversidad y promover un desarrollo sostenible en los municipios del entorno.

Los jabalíes arrasaron alrededor de 1.000 huevos y pollos

La campaña institucional coincide con las continuas advertencias sobre el deterioro del espacio natural. Como ya contó Jara y Sedal, SEO/BirdLife y Ecologistas en Acción denunciaron en 2024 el fracaso reproductor del morito común y la garza imperial en el lucio de Cerrado Garrido, dentro del Parque Nacional.

En esta zona se habían asentado unos 300 nidos de morito común y 70 de garza imperial, que albergaban alrededor de 1.000 huevos y pollos. Según las organizaciones, los jabalíes accedieron a la colonia y depredaron prácticamente toda la nidada en apenas dos semanas. Solo lograron conservar sus nidos alrededor del 10 % de las parejas.

Un jabalí camina por el agua. © Shutterstock

Los daños no se limitaron a estas dos especies. Los jabalíes también depredaron huevos y pollos de fumarel cariblanco, canastera, gaviota picofina y cigüeñuela, aves protegidas que crían sobre el suelo o en zonas de la marisma fácilmente accesibles para estos animales.

La situación llevó a las propias organizaciones ecologistas a reclamar un plan de gestión activa que prestase una atención especial al impacto de los jabalíes. El episodio volvió a abrir el debate sobre la necesidad de controlar las poblaciones de determinadas especies en los espacios protegidos.

Ciervos y jabalíes también amenazan al piruétano

El problema también alcanza a la vegetación. Una investigación liderada por la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) ha advertido del declive del piruétano (Pyrus bourgaeana), un pequeño árbol autóctono de la península ibérica y el norte de África que podría sufrir una extinción local en Doñana.

Los investigadores estudiaron durante dos décadas cinco poblaciones de esta especie y localizaron más de 350 plántulas y cerca de 2.540 brinzales. Dentro del Parque Nacional, la herbivoría fue el principal factor de mortalidad de los ejemplares jóvenes, que sufren el ramoneo y el pisoteo de los ungulados.

Ciervos y jabalíes, además, consumen o destruyen buena parte de los frutos, reduciendo el número de semillas disponibles para que nazcan nuevos árboles. El estudio señala que las densidades de estos animales han aumentado durante las últimas décadas y reclama controlar las poblaciones de ungulados o recuperar el equilibrio entre depredadores y presas.

La presión de los animales no es la única causa del declive. La sobreexplotación del acuífero, las sequías prolongadas y el calentamiento global también están afectando a la especie. En Matasgordas, la mortalidad de los piruétanos reproductores superó el 60 % durante las últimas dos décadas.

Mientras el Gobierno difunde una campaña para implicar a la sociedad en la recuperación de Doñana, estos casos muestran que proteger legalmente un espacio no basta para conservarlo. La supervivencia de sus aves, árboles y hábitats también exige una gestión activa y basada en criterios técnicos de las poblaciones animales que provocan desequilibrios.

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