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El gasóleo agrícola se dispara: arrancar el tractor para trabajar ya cuesta casi 190 euros al día

Agricultor repostando gasoil. © Shutterstock

El precio del gasóleo agrícola ha vuelto a convertirse en uno de los principales problemas para agricultores y ganaderos. El combustible empleado en tractores, cosechadoras y otra maquinaria del campo se sitúa ya en torno a los 1,55 euros por litro, un nivel que lo coloca a la altura de lo que habitualmente pagan los conductores por la gasolina de 95 octanos o el gasóleo A.

La comparación resulta especialmente llamativa porque el gasóleo B disfruta de una fiscalidad inferior a la del combustible utilizado por los turismos. A pesar de esa ventaja, la subida de la materia prima y de los costes energéticos ha llevado su precio hasta niveles que hace solo unos meses parecían reservados para los carburantes de automoción.

Sin embargo, el verdadero impacto sobre una explotación agraria no se comprende observando únicamente el precio de un litro. A diferencia de un automóvil, un tractor trabaja durante horas con motores de gran cilindrada, arrastrando aperos pesados y soportando cargas elevadas. Su consumo puede multiplicar varias veces el de un turismo y convertir una sola jornada de trabajo en una factura de varios cientos de euros.

Unos 15 litros de gasóleo por cada hora de trabajo

No existe un consumo único aplicable a todos los tractores. La cantidad de combustible utilizada depende de la potencia, el peso de la máquina, el apero, la profundidad de trabajo, el tipo de suelo, la pendiente, la velocidad, el régimen del motor y la experiencia del conductor. Para obtener una referencia razonable puede tomarse como ejemplo un tractor moderno de potencia media, situado aproximadamente entre los 110 y los 120 CV. Se trata de una categoría frecuente en explotaciones agrícolas y ganaderas y suficientemente potente para realizar labores de preparación del terreno, siembra, abonado, transporte o manejo de forraje.

Los métodos empleados para estimar los costes de la maquinaria agrícola sitúan el consumo medio anual de un tractor diésel de estas características alrededor de los 15 litros por hora. La cifra no representa su consumo máximo, sino una aproximación que combina trabajos con diferentes niveles de carga. Las estimaciones utilizadas por la Universidad Estatal de Iowa se apoyan en la potencia disponible y en los datos de los ensayos oficiales de tractores para calcular el gasto medio de combustible.

Tractor trabajando en el campo. © Shutterstock.

Con el gasóleo B a 1,55 euros por litro, el cálculo es sencillo: mantener el tractor trabajando durante una hora cuesta aproximadamente 23,25 euros únicamente en combustible. Una jornada de ocho horas supone el consumo de unos 120 litros y eleva el gasto hasta los 186 euros. De ahí que pueda afirmarse que arrancar un tractor moderno para completar una jornada de trabajo ya cuesta casi 190 euros, antes de añadir el salario del operario, los lubricantes, el mantenimiento, los neumáticos, la amortización de la máquina o el coste de los aperos.

Si el tractor trabajara 20 jornadas al mes con ese consumo, la factura alcanzaría los 3.720 euros. En las campañas de mayor actividad, cuando las máquinas permanecen operativas durante muchas horas y participan varios vehículos, el desembolso puede ascender rápidamente a decenas de miles de euros.

Las labores pesadas pueden disparar el consumo

Los 15 litros por hora son una estimación útil para calcular el coste medio de un tractor de potencia intermedia, pero el consumo real puede quedar por debajo o superar ampliamente esa cifra. Una labor ligera, como transportar un remolque vacío, aplicar determinados tratamientos o trabajar con un apero que apenas exige potencia, permite reducir el régimen del motor y gastar menos combustible. En cambio, arar a profundidad, subsolar un terreno duro, mover grandes cargas o trabajar en zonas con fuertes pendientes obliga al motor a entregar mucha más potencia.

En esos trabajos exigentes, un tractor moderno de 110 o 120 CV puede superar holgadamente los 15 litros por hora. Los modelos de gran potencia, las picadoras autopropulsadas y las cosechadoras pueden consumir varias decenas de litros cada hora, especialmente cuando funcionan cerca de su capacidad máxima.

También influye la profundidad de trabajo. Una revisión científica sobre eficiencia energética de maquinaria agrícola recoge que, en determinadas labores pesadas, aumentar la profundidad de laboreo en 25 milímetros puede elevar el consumo en unos dos litros por hectárea. El mismo trabajo señala que seleccionar correctamente la marcha y reducir el régimen del motor, sin perder velocidad ni capacidad de trabajo, puede conseguir ahorros cercanos al 20 % en algunas operaciones.

Por eso, dos tractores aparentemente iguales pueden terminar una jornada con consumos muy diferentes. La regulación del apero, la presión de los neumáticos, el patinamiento, la marcha seleccionada y la forma de conducir influyen directamente en la cantidad de gasóleo necesaria para completar una misma tarea.

Los tractores modernos gastan menos, pero no hacen milagros

Los tractores actuales son, en términos generales, más eficientes que las máquinas antiguas cuando se comparan modelos de potencia similar realizando el mismo trabajo. No significa que cualquier tractor nuevo consuma menos litros por hora que cualquier tractor viejo: una máquina moderna de 250 CV puede gastar mucho más que un modelo antiguo de 70 CV porque desarrolla más potencia y mueve aperos de mayor tamaño.

La ventaja aparece al medir cuánto combustible necesita cada máquina para realizar una determinada cantidad de trabajo. Los motores modernos incorporan sistemas de inyección de alta presión, gestión electrónica, transmisiones variables y dispositivos capaces de adaptar automáticamente el régimen del motor a la carga.

Los sistemas de gestión actuales hacen que el motor y la transmisión intercambien información constantemente. Cuando la tarea requiere poca potencia, el tractor puede reducir las revoluciones y mantener la velocidad con un consumo menor. Cuando encuentra una zona de terreno más dura, modifica la relación de transmisión para conservar el rendimiento sin obligar al conductor a realizar continuamente esos ajustes.

La investigación disponible concluye que la mejora de la eficiencia en las generaciones recientes se debe, entre otros factores, al ajuste automático entre potencia y carga, a las transmisiones de variación continua y a la gestión electrónica del motor. También permite controlar en tiempo real el consumo, la velocidad, el patinamiento y otros parámetros que antes dependían casi exclusivamente de la experiencia del tractorista.

Los tractores antiguos suelen carecer de estas posibilidades. Sus motores y transmisiones pueden ser muy robustos, pero normalmente ofrecen menos capacidad para adaptar de manera precisa las revoluciones y la entrega de potencia a cada tarea. El desgaste acumulado, una inyección mal regulada, unos filtros deficientes o una transmisión menos evolucionada pueden aumentar todavía más el gasto.

Aun así, la modernización no elimina el problema del combustible. Una mejora de la eficiencia del 10 % o del 15 % puede ahorrar muchos litros durante una campaña, pero sigue dejando a las explotaciones expuestas cuando el gasóleo agrícola se encarece más de 50 céntimos por litro en pocos meses.

Casi el 19 % del precio corresponde a impuestos

El gasóleo B tiene un tratamiento fiscal reducido porque está destinado a actividades agrícolas, ganaderas, forestales y a otros usos autorizados. En agosto de 2026, el Impuesto sobre Hidrocarburos aplicable a este combustible se sitúa en 21 euros por cada 1.000 litros, equivalentes a 2,1 céntimos por litro. La Agencia Tributaria confirma que durante este mes la devolución parcial del impuesto para el gasóleo agrícola es de cero euros cuando se aplica ese gravamen reducido.

A este impuesto se suma el IVA del 21 %, que se calcula sobre el precio del producto incluyendo el propio Impuesto sobre Hidrocarburos. Con un precio final de 1,55 euros por litro, el IVA incluido asciende aproximadamente a 26,9 céntimos. Si se añaden los 2,1 céntimos del Impuesto sobre Hidrocarburos, la carga tributaria total ronda los 29 céntimos por litro.

Esto significa que cerca del 18,7 % del precio pagado en el surtidor corresponde directamente a impuestos. En una jornada en la que el tractor consuma 120 litros, alrededor de 34,80 euros de los 186 euros desembolsados estarían vinculados al IVA y al Impuesto sobre Hidrocarburos. La proporción es inferior a la que soportan la gasolina o el gasóleo A, pero el enorme volumen consumido por la maquinaria agrícola multiplica el resultado final.

Las ayudas no eliminan el golpe para las explotaciones

El Gobierno ha aprobado diferentes medidas para contener el encarecimiento de la energía y aliviar los costes soportados por agricultores, ganaderos, pescadores y transportistas. El Real Decreto-ley 18/2026 prorrogó parte de las actuaciones adoptadas tras el comienzo del conflicto en Irán y mantuvo reducciones temporales en la fiscalidad de los carburantes.

Estas medidas permiten contener una parte de la subida, pero no evitan que el precio final continúe siendo muy superior al de comienzos de año. El problema se agrava porque el encarecimiento del combustible coincide con la subida de otros gastos fundamentales, como los fertilizantes, los piensos, los transportes, los lubricantes, los neumáticos y la energía eléctrica.

Además, agricultores y ganaderos no siempre pueden trasladar este incremento a los productos que venden. El precio de la carne, los cereales, la leche, la fruta o las hortalizas depende de mercados en los que el productor tiene una capacidad limitada para repercutir sus costes.

Así, incluso con máquinas más modernas y eficientes, la factura energética vuelve a comerse una parte creciente del margen de las explotaciones. Los casi 190 euros calculados para una jornada de tractor son solo una referencia, pero permiten visualizar la dimensión del problema: cada día de laboreo, siembra o preparación del terreno comienza ahora con más de un centenar de litros de combustible pasando por el depósito.

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