La fiebre hemorrágica de Crimea-Congo vuelve a situarse en el foco tras un estudio que confirma la circulación activa del virus en el suroeste de España. Investigadores han detectado su presencia en garrapatas recogidas durante varios años en Cáceres, lo que refuerza la preocupación por una enfermedad con alta mortalidad y sin vacuna eficaz.
El trabajo, desarrollado por científicos del Instituto de Salud Carlos III, universidades y centros de investigación españoles, analiza miles de muestras recogidas en fauna silvestre y ganado. Sus resultados apuntan directamente a una especie concreta de garrapata como principal responsable de mantener el virus en el medio natural.
En total, los investigadores estudiaron 3.183 garrapatas recogidas en distintas campañas entre 2017 y 2024. La mayoría procedían de ungulados silvestres, especialmente ciervos, además de jabalíes y gamos, lo que sitúa de lleno a la actividad cinegética en el contexto del hallazgo.
Presencia confirmada en garrapatas de ciervo
El estudio detectó el virus exclusivamente en la especie Hyalomma lusitanicum, con una tasa de infección del 1,54 %. Aunque el porcentaje pueda parecer bajo, los expertos advierten de que confirma una circulación sostenida del virus en la zona.
La mayor parte de las muestras positivas procedían de ciervos, lo que refuerza el papel de estos animales como hospedadores habituales de las garrapatas infectadas. Aunque los ungulados no desarrollan la enfermedad, sí actúan como amplificadores del virus en el ecosistema.
España está considerada uno de los países europeos con mayor probabilidad de aparición de esta enfermedad. Entre 2013 y 2025 se han registrado 20 casos en humanos, algunos de ellos mortales, lo que mantiene en alerta a las autoridades sanitarias. Las garrapatas del género Hyalomma, adaptadas a ambientes cálidos y secos, presentan su mayor actividad entre mayo y octubre. No obstante, los científicos advierten de que el cambio climático podría alterar estos patrones, ampliando el periodo de riesgo.
Un riesgo real para el entorno rural
Los autores del estudio señalan que la detección continuada del virus «respalda la circulación sostenida del virus en el suroeste de Cáceres». Además, subrayan que «nuestros hallazgos también refuerzan el papel clave de H. lusitanicum como principal vector que mantiene el virus en ungulados silvestres».
La transmisión a humanos se produce principalmente por la picadura de garrapata, aunque también puede darse por contacto con tejidos o fluidos de animales infectados. Esto convierte en grupos de riesgo a cazadores, ganaderos y personal veterinario.
El estudio insiste en la necesidad de reforzar la vigilancia epidemiológica en zonas donde estas garrapatas están presentes. Según los investigadores, «los estudios de vigilancia son esenciales para anticipar y mitigar los riesgos de aparición del CCHFV». En este sentido, reclaman un enfoque de Una Salud, que tenga en cuenta la relación entre fauna silvestre, ganado y personas. La presencia del virus en el campo no es nueva, pero su persistencia en el tiempo confirma que el riesgo sigue muy vivo.
