El Rallye Festival Hoznayo arrancó este jueves con más que motores y derrapes. En plena jornada de shakedown —la sesión de pruebas previa a la competición—, un incidente entre el dueño de un prado y decenas de aficionados obligó a detener temporalmente la actividad. El motivo: la presencia de público en una finca privada destinada a uso agrícola que su propietario necesitaba segar.
Según muestran las imágenes difundidas en redes sociales, decenas de personas se habían instalado en el terreno, algunos incluso con carpas, ocupando una zona de pasto aún sin segar. La situación derivó en un enfrentamiento tenso cuando el ganadero, que se disponía a trabajar su finca, exigió despejar el terreno.Lejos de tratarse de un simple desencuentro, el momento obligó a parar la actividad del rally hasta que se resolvió la situación. Finalmente, los asistentes accedieron a retirarse parcialmente y se colocaron detrás del propietario, permitiéndole continuar con la siega.
Antes de que se retomara la normalidad, la escena ya había corrido como la pólvora en redes sociales, donde muchos usuarios calificaron lo ocurrido como un episodio «surrealista».
Un prado no es un mirador
El fondo del conflicto no es nuevo, pero sí cada vez más frecuente. Eventos multitudinarios como los rallies atraen a miles de personas que buscan los mejores puntos de visión, muchas veces sin reparar en que los terrenos colindantes son fincas privadas con uso agrícola o ganadero.
En este caso concreto, varios testimonios coinciden en que el propietario únicamente pedía que no se pisara la hierba sin segar, fundamental para la alimentación de su ganado. «El chaval lo único que ha dicho es que no le pisaran lo que no estaba segado», aseguraba uno de los presentes.
No es una cuestión menor. En el campo, el pasto no es un elemento de decoración: es alimento, trabajo y dinero. Una pradera pisoteada pierde valor y puede quedar inutilizada para su aprovechamiento. De ahí que la reacción del propietario haya encontrado un amplio respaldo entre quienes conocen de cerca la realidad rural.
Falta de organización o de respeto
Más allá del incidente puntual, lo ocurrido pone sobre la mesa un debate incómodo: ¿quién debe gestionar el acceso del público a terrenos privados durante este tipo de eventos?. Algunos aficionados apuntan directamente a la organización, que debería haber previsto zonas habilitadas mediante acuerdos con los propietarios. Otros, sin embargo, señalan una cuestión más básica: la falta de respeto hacia la propiedad ajena.
«El terreno es de propiedad privada y está destinado a uso exclusivamente agrario, por lo que queda prohibido el acceso sin autorización», recordaba otro mensaje difundido tras lo ocurrido, en el que además se denunciaban daños y la presencia de residuos abandonados en la finca. En ese contexto, no son pocos los que consideran que el ganadero actuó con paciencia. De hecho, entre los comentarios predominaba el apoyo a su decisión de segar, incluso en pleno evento.
Un problema recurrente en el medio rural
No es la primera vez que un rally genera conflictos con propietarios de fincas. La combinación de masificación, falta de control y desconocimiento del entorno rural suele acabar, lamentablemente, en situaciones como esta.
Mientras el motor sigue siendo un atractivo indiscutible, cada vez son más las voces que reclaman una mejor convivencia entre aficionados y propietarios. Porque, como ha vuelto a quedar claro en Hoznayo, el campo no es un decorado ni un espacio público improvisado.
