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Europa estudia restringir la caza de la codorniz con un informe que admite que le faltan datos clave

Beatriz Arroyo, miembro del comité científico de SEO/BirdLife y autora del informe español que recomienda restricciones a la caza de la codorniz. © Creación propia

La Unión Europea podría imponer nuevas restricciones a la caza de la codorniz común (Coturnix coturnix) apoyándose en un informe científico que reconoce importantes carencias de información y que, aun así, formula recomendaciones de gestión. Así lo advierte Fundación Artemisan, quien ha reclamado hoy en nota de prensa que se tengan en cuenta todos los datos disponibles antes de adoptar decisiones que afectan a una especie clave para el medio rural.

El debate quedó patente durante el Foro Nacional de la Codorniz celebrado en Valladolid, donde científicos y gestores pusieron de manifiesto el choque entre los datos utilizados por el grupo de trabajo europeo —Task Force— y los obtenidos a través de investigaciones más recientes y específicas desarrolladas en España. En ese contexto, volvió a situarse en el centro de la polémica el informe coordinado por Beatriz Arroyo, directora del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC) y miembro del comité científico de SEO/BirdLife, organización ecologista históricamente contraria a la caza.

Un modelo que reconoce carencias… pero propone restricciones

El informe remitido a Europa desde España y firmado por Arroyo, titulado Population update and model for Common Quail introduce un modelo poblacional en el que la fecundidad y la supervivencia juvenil son variables clave para justificar restricciones. Sin embargo, el propio documento reconoce la necesidad de contar con estimaciones empíricas de fecundidad que, en la práctica, no incorpora.

Esta contradicción es uno de los puntos centrales de la crítica de Artemisan, cuyo departamento de investigación ha elaborado una respuesta al informe remitido a Europa por Arroyo. La fundación denuncia que se están proponiendo medidas a escala europea apoyadas en parámetros que no han sido medidos directamente y que, además, pueden estar sujetos a importantes sesgos. A ello se suma que el modelo deja fuera aspectos relevantes de la biología de la especie, como los movimientos, la dinámica de los machos o la contribución real de la reproducción juvenil.

Mario Gómez, el representante de SEO/BirdLife en el foro. © Israel Hernández

Se ignoran datos empíricos ya disponibles en España

Uno de los aspectos más controvertidos es que esos datos de fecundidad que el informe echa en falta sí existen, pero no han sido utilizados. Proceden del proyecto Coturnix, que realiza seguimientos durante la cosecha del cereal y analiza la estructura de edades a partir de muestras biológicas de alas de codorniz obtenidas en la caza a una escala nunca antes vista.

A través de esta iniciativa, en la que colaboran más de 5.000 cazadores coordinados por un equipo científico, se han recopilado más de 65.000 muestras en toda España. Su análisis permite evaluar directamente el éxito reproductor de la especie en el momento de su medición. Los resultados son claros: entre 2020 y 2024 se ha detectado una producción de excedentes en todas las biorregiones españolas, un dato que entra en contradicción con la visión de declive que transmite el informe europeo y que, sin embargo, no ha sido incorporado al modelo que guía las decisiones comunitarias.

Utilizan métodos que subestiman la especie

El informe del Task Force se apoya fundamentalmente en métodos pasivos y generalistas de monitorización, como los censos auditivos, que registran menos individuos, generan falsas ausencias e infravaloran las poblaciones reales de codorniz. Estas limitaciones fueron reconocidas incluso durante el propio foro por representantes de SEO/BirdLife, que admitieron que este tipo de sistemas no permiten conocer el tamaño real de la población.

Frente a ello, el proyecto Coturnix utiliza el método SEC, diseñado específicamente para la codorniz por la Universidad de Barcelona. Se trata de un sistema activo que tiene en cuenta las características ecoetológicas de la especie y cuya intensidad de muestreo permite obtener estimaciones mucho más fiables.

Actualmente, este método ya se aplica en 34 zonas de estudio en España y se prevé ampliarlo hasta 60, con el respaldo de distintas administraciones públicas que han confiado en su precisión. Su uso permite corregir los sesgos de los métodos tradicionales y comprender mejor la dinámica reproductora y espacial de la especie.

Compara la codorniz actual con un escenario de hace 25 años

Otro de los puntos más cuestionados es la referencia utilizada para evaluar el estado de conservación. El informe europeo toma como base la situación de hace 25 años, algo que, según Artemisan, resulta inadecuado en un contexto de profundos cambios en el medio agrícola. Los expertos insisten en que no se puede asumir que el hábitat actual tenga el mismo potencial de reproducción y crecimiento que entonces. Por ello, defienden que las decisiones deben basarse en tendencias a corto y medio plazo.

En este sentido, los datos disponibles indican que la tendencia de la codorniz en la ruta migratoria occidental durante la última década es estable, lo que contradice la imagen de declive moderado que se está trasladando a la Comisión Europea y a los Estados miembros.

El proyecto Coturnix aporta valiosos datos y miles de muestras biológicas que no han sido usados para elaborar el informe de Taske Force. © Israel Hernández

Datos de cazadores: usan unos pero ignoran otros

Durante el foro también se puso de relieve una contradicción difícil de explicar: los datos de cazadores sí se utilizan cuando se trata de la recuperación de anillas para construir modelos poblacionales, pero no cuando esos mismos cazadores, junto a un equipo científico, aportan información más precisa a través del proyecto Coturnix y del método SEC.

Esta utilización selectiva de la información fue uno de los aspectos más criticados por los participantes, especialmente porque son precisamente esos datos los que entran en conflicto con las conclusiones del informe del Task Force. En los próximos meses, la Comisión Europea deberá decidir si endurece las restricciones sobre la codorniz. Una decisión que podría adoptarse basándose en un modelo que reconoce sus propias limitaciones, que no incorpora los datos empíricos más completos disponibles y que utiliza metodologías cuestionadas por la propia comunidad científica.

Desde Artemisan insisten en una idea clave: no se pueden tomar decisiones a escala europea sin integrar toda la evidencia disponible. Y, a día de hoy, una parte fundamental de esa evidencia —la más amplia, reciente y específica sobre la codorniz— sigue fuera del debate.

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