Icono del sitio Revista Jara y Sedal

Un nuevo estudio alerta sobre la transformación silenciosa que vive el medio rural y su impacto en el paisaje y la biodiversidad

© Shutterstock

La despoblación ya no es solo un problema de pueblos con menos vecinos: también está dejando una huella directa en el territorio. Un nuevo estudio liderado por investigadores de la Universidad de Salamanca (USAL) advierte de que el abandono rural está deteriorando el paisaje tradicional y amenazando la biodiversidad en el corredor ecológico del Duero-Douro.

La investigación se enmarca en el proyecto europeo OET Durius, centrado en una amplia franja que incluye zonas de Salamanca, Valladolid y Zamora, además de las regiones portuguesas de Douro y Terra de Trás-os-Montes. Un escenario enorme donde los cambios demográficos llevan décadas avanzando casi sin ruido, pero con consecuencias cada vez más visibles.

Los autores han revisado datos desde los años noventa hasta hoy, analizando variables como población total, densidad, edad media o reparto entre hombres y mujeres. Con esa base, han concluido que la Península Ibérica vive «una transformación silenciosa pero profunda», marcada por baja natalidad, envejecimiento y migración interna.

Una transformación silenciosa que se nota en el terreno

La dinámica es conocida: menos nacimientos, más población mayor y jóvenes que se marchan. Pero el estudio pone el foco en lo que ocurre después, cuando el mapa humano se contrae y la gestión del territorio cambia de forma radical.

En las zonas donde la población crece, se intensifica la urbanización y también la actividad agraria. En cambio, donde cae, se abandona el manejo tradicional. «Donde la población crece, se intensifica la urbanización y la actividad agraria; donde cae, se abandona el manejo tradicional», exponen los investigadores.

© USAL

A ambos lados del Duero, además, el proceso se retroalimenta. La reducción de habitantes suele ir acompañada de pérdida de servicios, lo que empuja todavía más la emigración, especialmente de jóvenes y mujeres. El resultado es un envejecimiento acelerado y, en algunos puntos, una tendencia a la “masculinización” del medio rural vinculada a una economía agraria cada vez más débil.

El trabajo también subraya que en España —y por tanto en Salamanca— el despoblamiento empezó antes que en Portugal, con señales claras desde los años 50, y con una etapa especialmente intensa durante los 60 y 70.

Menos agricultura y ganadería, más riesgo de incendios

El cambio demográfico no se queda en las cifras: transforma el paisaje. El estudio señala que el cese de las prácticas tradicionales tiene un impacto directo sobre los ecosistemas, porque desaparece el equilibrio de usos que mantenía vivo el campo.

«La despoblación rural provoca el cese de cultivos y la desaparición del mosaico agroforestal», recoge el informe. Y aunque en algunas áreas la vegetación recupera terreno, esa “renaturalización” no siempre es buena noticia: «Se pierden hábitats de alto valor ecológico».

© USAL

A medio plazo, los efectos se traducen en un cóctel que preocupa cada vez más en el oeste peninsular: pérdida de biodiversidad, erosión del suelo y un incremento notable del riesgo de incendios en zonas donde el monte avanza sin gestión.

El proyecto OET Durius cuenta con un presupuesto de 1.573.013 euros, financiado al 75% por el programa Interreg VI-A España-Portugal (POCTEP) 2021-2027, y pretende impulsar un Observatorio Ecológico en torno al Duero. En España participan, entre otras entidades, la Fundación Santa María la Real, la USAL, la AIMRD, AEICE y el Ayuntamiento de Zamora.

Salir de la versión móvil