Los perros forman parte de la vida diaria de miles de personas y, para muchos, una escapada al campo con ellos es casi un ritual. Pero lo que a ojos humanos puede parecer una escena inofensiva, puede tener consecuencias serias para la fauna. Un nuevo estudio, publicado en el European Journal of Wildlife Research, pone cifras y mapas a un problema del que se habla mucho, pero del que a menudo se sabe poco con datos.
La investigación analiza la distribución espacial y los factores ambientales que influyen en las interacciones entre perros sin correa (Canis familiaris) y animales silvestres en España. Y lo hace con una combinación curiosa: una encuesta de ciencia ciudadana, apoyada en análisis de redes sociales y reforzada con observaciones de expertos.
Entre 2007 y 2022, los autores recopilaron 130 registros verificados de encuentros entre perros y fauna, que afectaron a 57 especies de vertebrados. No hablamos solo de ataques: también se estudiaron situaciones de acoso y perturbación, dos formas de impacto más silenciosas, pero que pueden acabar pasando factura.
Aves, mamíferos y reptiles: los más afectados por los encuentros con perros
El grupo más documentado fueron las aves, que concentraron el 68,99% de los casos registrados. Les siguieron los mamíferos (28,68%) y, a mucha distancia, los reptiles (2,33%). Es una radiografía que encaja con lo que cualquiera puede ver en un paseo por un humedal o una ribera: aves a solo unos metros, a menudo en el suelo o a baja altura, y muchas veces en plena cría.
De esas 130 interacciones, solo el 18,46% tuvo un desenlace mortal. Puede parecer un porcentaje pequeño, pero los autores recuerdan que no todo se mide en muertes directas. Un animal perseguido, levantado del nido o forzado a huir puede perder energía, abandonar una puesta o exponerse a otros peligros.
Además, el estudio apunta a algo especialmente delicado: la posible concentración de estas interacciones en los alrededores de zonas urbanas y en ecosistemas acuáticos, lugares donde confluyen biodiversidad y presencia humana a diario.
No es casualidad. En muchos municipios, los humedales periurbanos se han convertido en “pulmones verdes” muy visitados, con caminos, pasarelas, carriles y senderos donde se cruzan deportistas, familias… y perros.
Los humedales periurbanos, un punto crítico para la biodiversidad
Uno de los datos más interesantes del trabajo es que no encontraron evidencia de que los desenlaces mortales estuvieran ligados al tamaño del perro o a su raza. Es decir: no sería solo cosa de perros grandes o cazadores. La clave parece estar en la situación y en el tipo de espacio.
También observaron que las muertes fueron más frecuentes en primavera y verano, un periodo en el que la fauna es más vulnerable y que coincide con su época de cría. Justo cuando, además, aumenta la actividad humana en el campo y aumentan los encuentros.
Con estos resultados, los investigadores subrayan la vulnerabilidad de los humedales periurbanos ricos en biodiversidad frente a la perturbación causada por perros sin correa. Y reclaman medidas que pasan por aplicar conservación específica, reforzar el cumplimiento de la normativa y apostar por la concienciación.
En un país donde el monte, las riberas y los espacios naturales son un tesoro compartido, el gesto de llevar al perro atado puede ser, en realidad, una de las formas más simples de proteger lo que no siempre se ve: nidos escondidos, pollos recién nacidos y una fauna que no tiene otra manera de defenderse.
La próxima vez que camines por el campo con el perro suelto si hay alguien que llama tu atención ten en cuenta que detrás de tu gesto, aparentemente inofensivo, hay mucho más impacto de lo que crees. Átalo. El medio natural te lo agradecerá.
Estudio
Lazzeri, L., Luna, Á., Mori, E. et al. Dog–wildlife interactions across Spain suggest vulnerability in periurban areas and aquatic ecosystems. Eur J Wildl Res 72, 14 (2026). https://doi.org/10.1007/s10344-025-02049-5
