El estallido del conflicto en Oriente Medio y el bloqueo del estrecho de Ormuz han sacudido los cimientos del sector primario europeo. Lo que hasta hace apenas semanas era una amenaza directa para la rentabilidad de explotaciones agrícolas y ganaderas empieza a percibirse ahora como una oportunidad inesperada para el campo español.
Desde el pasado 28 de febrero, los costes de producción se han disparado, especialmente por el encarecimiento de insumos clave como los fertilizantes químicos. La urea, uno de los más utilizados, ha pasado de 430 a 750 dólares por tonelada, un incremento cercano al 75% que ha puesto contra las cuerdas a muchas explotaciones familiares.
En España, donde alrededor del 60% de los fertilizantes son importados, el impacto económico se traduce en un sobrecoste que ronda los 1.000 millones de euros anuales. Una situación que, lejos de hundir al sector, está impulsando nuevas vías de negocio. El cambio de escenario ha hecho que muchos ganaderos empiecen a mirar de otra forma a un subproducto tradicionalmente problemático: el estiércol.
De residuo a recurso estratégico
Lo que hasta ahora se consideraba un residuo con coste de gestión se ha convertido en un activo con valor económico. Los purines de porcino y los estiércoles de otras especies contienen nutrientes esenciales como nitrógeno, fósforo y potasio, capaces de sustituir parcialmente a los fertilizantes químicos.
El purín porcino, por ejemplo, puede alcanzar precios de entre 5 y 7 euros por metro cúbico, frente a un coste de gestión cercano a los 2,5 euros. En una explotación media de 4.000 cerdos, esto se traduce en ingresos brutos de más de 49.000 euros anuales y un beneficio neto cercano a los 31.500 euros.
Cataluña, con más de ocho millones de cabezas de porcino, se sitúa a la cabeza de este mercado emergente, generando más de 1,4 millones de toneladas de purines excedentarios cada año. En palabras de Jaume Bernis, responsable de los sectores ganaderos de COAG: «El ganadero español está siendo reconocido por lo que siempre ha sido: un productor de alimentos y, ahora también, un proveedor esencial de nutrientes para la agricultura. La crisis de los fertilizantes no es sólo un problema de costes, sino una oportunidad para que el campo español demuestre su valor estratégico».
Un mercado que empieza a organizarse
Las regiones con mayor peso ganadero —Cataluña, Aragón, Murcia o Castilla y León— ya están dando pasos para estructurar este nuevo mercado. Se están impulsando acuerdos directos entre agricultores y ganaderos, así como el transporte de purines hacia zonas deficitarias de nutrientes.
También comienzan a surgir plataformas digitales que facilitan el intercambio de estos recursos, aunque el sector reclama más apoyo institucional para consolidar este modelo.
Desde COAG insisten en la necesidad de que las administraciones acompañen este cambio con medidas concretas. Entre ellas, piden que el estiércol y el purín dejen de ser considerados residuos para ser reconocidos como recursos, lo que permitiría simplificar trámites y eliminar barreras a su comercialización. Además, proponen crear una plataforma nacional de intercambio de nutrientes orgánicos y revisar los límites actuales de aplicación de nitrógeno para adaptarlos a las necesidades reales de los cultivos.
El papel clave de España en Europa
En un contexto de dependencia exterior y volatilidad de precios, España podría convertirse en un actor clave dentro del sector primario europeo. La capacidad de sus explotaciones ganaderas para generar fertilizantes orgánicos a gran escala abre la puerta a reducir la dependencia de mercados internacionales.
La crisis geopolítica ha puesto en evidencia la fragilidad del modelo actual, pero también ha revelado el potencial de soluciones que llevaban décadas presentes en el campo. Ahora, el estiércol —tradicionalmente visto como un problema— podría convertirse en una de las grandes bazas del sector.
