La irrupción de los drones en conflictos y operaciones policiales está obligando a replantear estrategias y herramientas. Lo que hasta hace poco parecía terreno exclusivo de sistemas electrónicos o misiles, ahora encuentra una solución mucho más sencilla: escopetas derivadas del mundo cinegético adaptadas a la guerra moderna.
En este nuevo escenario, firmas históricas como Benelli o Fabarm han dado un paso adelante con modelos diseñados específicamente para derribar drones. Se trata de una evolución lógica si se tiene en cuenta que muchas de estas armas ya formaban parte del equipamiento de unidades militares y policiales, aunque nunca con este objetivo tan concreto.
El caso de España es especialmente ilustrativo. El Ministerio del Interior ha apostado por incorporar este tipo de herramientas para reforzar la capacidad de la Policía Nacional frente a amenazas aéreas de pequeño tamaño, cada vez más frecuentes en entornos como el narcotráfico o la vigilancia ilegal.
Benelli M4 A.I. Drone Guardian: del campo de caza al combate moderno
Uno de los modelos más representativos de esta nueva tendencia es la Benelli M4 A.I. Drone Guardian, una evolución directa de la conocida escopeta semiautomática M4. Tradicionalmente ligada al ámbito cinegético y a usos tácticos, ahora se presenta optimizada para hacer frente a drones en distancias cortas y medias.
Su funcionamiento semiautomático con sistema de gases autorregulado —la única Benelli que lo incorpora frente al tradicional sistema inercial de las de caza— permite utilizar todo tipo de cartuchería, algo clave en este contexto. En combinación con cartuchos cargados de perdigón —especialmente de materiales más densos como el tungsteno—, el arma genera un disparo en nube que aumenta significativamente la probabilidad de impacto sobre objetivos pequeños y en movimiento.
Esta característica resulta fundamental frente a drones FPV, que pueden desplazarse a gran velocidad y realizar maniobras imprevisibles. A diferencia de un proyectil único, como podría suceder en el caso de una bala disparada con un rifle, la dispersión de múltiples perdigones crea un patrón que facilita el alcance del objetivo. Básicamente la misma razón por la que se utilizan las escopetas en la caza menor de aves.
Otro de los puntos fuertes de este modelo es su alcance efectivo. Aunque el rango óptimo se sitúa en torno a los 50 metros, en condiciones favorables puede extenderse hasta los 100. A esto se suma un diseño específico del cañón y del choke que incrementa la velocidad y densidad del disparo, mejorando la energía de impacto.
Además, la Benelli incorpora elementos pensados para el uso táctico, como raíles Picatinny, miras tipo Ghost Ring y culata ajustable, lo que facilita su adaptación a distintos escenarios operativos.
Fabarm STF/12: modularidad y alcance para amenazas aéreas
Otra de las marcas que ha decidido entrar con fuerza en este segmento es Fabarm, con variantes antidrones de sus conocidas plataformas STF/12 y P.S.S. 10. En este caso, la apuesta se centra en la modularidad y en la mejora del alcance efectivo.
Uno de los elementos más destacados es el desarrollo del choke XL Range, diseñado específicamente para mantener la energía del disparo a mayores distancias. Esta solución responde a una necesidad detectada en conflictos recientes: incluso un dron dañado puede seguir siendo peligroso debido a su inercia.
Las versiones más avanzadas, como la STF/12 Compact XL Range, incorporan cañones con diseño interno optimizado —incluyendo perfiles tipo Venturi— que aumentan la velocidad de los perdigones. Esto se traduce en una mayor capacidad de penetración y precisión, incluso a distancias cercanas a los 100 metros.
En pruebas realizadas con este tipo de armas, se han conseguido impactos consistentes sobre blancos aéreos entre 80 y 100 metros, lo que supone un salto significativo para una escopeta de calibre 12. Además, su capacidad de carga —hasta siete cartuchos más uno en recámara— y su peso contenido, en torno a los 3,7 kilos, la convierten en una herramienta manejable para operadores en movimiento.
Fabarm también ha puesto el foco en la ergonomía. Culatas telescópicas, sistemas de puntería rápida y controles sobredimensionados facilitan su uso en situaciones dinámicas, donde cada segundo cuenta.
Una solución simple frente a una amenaza compleja
El auge de las escopetas antidrones no es casual. Frente a sistemas más sofisticados como inhibidores de señal o misiles, estas armas ofrecen una solución más económica, inmediata y con menor riesgo colateral. Los perdigones pierden energía rápidamente tras el disparo, lo que reduce el peligro para terceros o infraestructuras cercanas. Esto las hace especialmente útiles en entornos urbanos o instalaciones sensibles, donde otras opciones resultarían demasiado arriesgadas.
Además, su sencillez de uso permite que cualquier agente con formación básica pueda emplearlas con eficacia, sin necesidad de complejos sistemas de guiado o electrónica avanzada. El contexto internacional, marcado por el uso masivo de drones en conflictos recientes, ha acelerado este desarrollo. Lo que comenzó como una adaptación improvisada de escopetas de caza tradicionales se está convirtiendo en una categoría propia dentro del armamento moderno.
Y es aquí donde se cierra el círculo: las escopetas nacidas para la caza encuentran ahora un nuevo papel en la defensa, demostrando una vez más su versatilidad y capacidad de adaptación a los tiempos.
