Pocas obras resumen mejor la vida convulsa del arte europeo que La caza del jabalí, el cuadro que Pedro Pablo Rubens no concibió como encargo, sino como una pieza íntima. Tras atravesar cortes, guerras y un largo exilio forzoso en Moscú, la pintura afronta ahora una restauración clave que permitirá redescubrirla en todo su esplendor original.
La intervención será posible gracias al impulso del Fondo de Restauración de Museos de la TEFAF y estará a cargo de la Gemäldegalerie Alte Meister de Dresde, institución que custodia la obra desde el siglo XVIII. El objetivo es retirar capas de barniz envejecido que han ido apagando la fuerza cromática y el dinamismo característico del maestro flamenco.
Antes de entrar de lleno en el proceso técnico, conviene recordar que no se trata de un Rubens cualquiera. Es una pintura pensada desde la libertad creativa, una escena intensa de lucha y movimiento que revela el pulso más personal del artista.
Un lienzo con una biografía excepcional
«La especial importancia de ‘La caza del jabalí’ de Dresde se desprende de los anteriores propietarios del cuadro», advierte Bernd Ebert, director general de las Colecciones Estatales de Arte de Dresde. La obra fue adquirida en 1627 por George Villiers, I duque de Buckingham, pasó después a la colección imperial de Praga y acabó en Dresde tras ser comprada por Augusto III.
Ese recorrido ilustra el prestigio que siempre acompañó al lienzo. Según detalla Ebert, se trata de una de las obras más personales de Rubens, algo poco habitual en un pintor tan solicitado por monarcas y aristócratas europeos. La escena combina violencia, naturaleza y una composición típicamente barroca, cargada de tensión.
A lo largo de los siglos, sin embargo, esa fuerza fue quedando oculta. Las gruesas capas de barniz aplicadas, probablemente en el siglo XIX, alteraron la lectura del cuadro y apagaron la paleta original del pintor.
El misterio bajo la pintura
Los estudios técnicos han revelado además un detalle intrigante. Bajo una ampliación añadida posteriormente no continúa el dibujo original, lo que abre interrogantes sobre cuándo se realizó y quién fue su autor. Las primeras pruebas sugieren que pudo ejecutarse «bajo la dirección de Rubens».
La investigación sigue en marcha y explora la posible intervención de artistas de su círculo, como Jan Wildens, Lucas van Uden o el joven Anthony van Dyck. Todo ello forma parte de un ambicioso programa de cuatro años dedicado al llamado Grupo de Rubens de Dresde, que reúne casi 40 obras.
«Esta importante obra de la Galería de Pinturas de los Antiguos Maestros necesita ser restaurada para que su gran calidad pueda volver a apreciarse», señaló el director general de las Colecciones Estatales de Arte de Dresde, agradeciendo el apoyo de la TEFAF.
De Dresde a Moscú y regreso
La historia del cuadro no se entiende sin la Segunda Guerra Mundial. La caza del jabalí fue una de las muchas obras que el Ejército Rojo trasladó a la Unión Soviética tras el bombardeo aliado de Dresde en febrero de 1945, como botín o compensación de guerra.
El lienzo permaneció en Moscú durante una década, lejos de su emplazamiento habitual, hasta que regresó a Dresde en la segunda mitad de los años cincuenta. Desde entonces ha sobrevivido como testigo silencioso de uno de los periodos más oscuros del patrimonio europeo.
Tras su restauración, la obra volverá a ocupar un lugar destacado en la exposición permanente de la Gemäldegalerie Alte Meister. Como resume Holger Jacob-Friesen, su director, se trata de una escena «de vida y muerte» que, una vez recuperada, volverá a golpear al espectador con toda la energía de Rubens.
