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Los ecologistas que lograron prohibir cazar en parques nacionales se quejan ahora de que los jabalíes acaben con aves protegidas de Doñana

Un jabalí camina por el agua. © Shutterstock

La prohibición de la actividad cinegética en parques nacionales fue presentada hace años como un hito en la protección de la biodiversidad. Monfragüe o Cabañeros fueron algunos de los escenarios de esa victoria ambiental. Sin embargo, el paso del tiempo está revelando efectos no previstos que hoy se hacen especialmente visibles en el Parque Nacional de Doñana, donde el aumento de jabalíes está teniendo consecuencias directas sobre especies protegidas.

Durante los últimos años, distintas organizaciones ecologistas defendieron que la eliminación de la caza en estos espacios supondría un avance definitivo en conservación. La medida salió adelante y fue celebrada públicamente. Ahora, sin embargo, son esos mismos colectivos quienes advierten del impacto que determinadas especies están provocando en un entorno especialmente frágil.

En Doñana, el problema ya no es teórico. La presión del jabalí sobre zonas de cría ha disparado las alarmas.

El precio de eliminar el control poblacional

Desde este medio ya se analizó en su momento el papel que cumplía la gestión cinegética como herramienta de control poblacional en espacios naturales sensibles. Más allá del debate ideológico, la regulación de especies como el jabalí evitaba desequilibrios que hoy se están materializando.

Ecologistas en Acción y SEO/BirdLife han denunciado que el fracaso reproductor del morito común y de la garza imperial en Doñana está relacionado, entre otros factores, con la depredación de nidos por parte de jabalíes. La situación resulta llamativa: quienes promovieron la eliminación de la actividad cinegética en estos espacios se enfrentan ahora a las consecuencias derivadas de la superpoblación de una especie oportunista y adaptable.

El morito común, que estuvo al borde de la desaparición en los años noventa, vuelve a sufrir un duro revés en uno de sus principales enclaves de cría. Las colonias, ubicadas a escasa altura, han quedado especialmente expuestas.

Un jabalí camina junto a un ave acuática en una foto de archivo. © Shutterstock

Nidos arrasados en la marisma

Los jabalíes han accedido con facilidad a áreas de nidificación en la marisma natural del parque, destruyendo en pocos días buena parte de los huevos y pollos. No se trata de casos aislados. Otras especies protegidas como la gaviota picofina, la cigüeñuela, el fumarel cariblanco o la canastera también han sufrido daños significativos.

La imagen de colonias prácticamente arrasadas ha reabierto el debate sobre la gestión de fauna en parques nacionales. El jabalí, sin apenas depredadores naturales y con gran capacidad reproductiva, encuentra en estos espacios un entorno favorable si no existe control.

Desde el mundo cinegético no tardaron en reaccionar. La Federación Andaluza de Caza se pronunció en redes sociales con un mensaje directo: «Los mismos que lucharon para conseguir la prohibición de la caza en los parques nacionales, ahora sufren las consecuencias. Este es el resultado de poner ideología y dogmas de fe por encima de la conservación».

Más allá del cruce de reproches, el episodio vuelve a poner sobre la mesa una cuestión incómoda: la gestión de la fauna salvaje exige decisiones técnicas y equilibrio. Cuando desaparecen herramientas de regulación, la naturaleza no se detiene. Y en Doñana, uno de los santuarios ecológicos más emblemáticos de Europa, el debate ya no es ideológico, sino urgente.

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