El rececho del corzo siempre guarda historias difíciles de repetir, pero la que ha vivido recientemente Raúl Agraz, natural de Almaraz (Cáceres), es de esas que se quedan grabadas para siempre. Este joven cazador, socio en un coto de la provincia, ha logrado abatir un ejemplar absolutamente atípico, con una cuerna deformada y retorcida que rompe por completo con los cánones habituales de la especie.
Según ha contado a Jara y Sedal, todo comenzó como una jornada más dentro de los turnos por sorteo que rigen en su sociedad. «Tenemos solo tres días para poder ir y me tocó viernes, sábado y domingo», explica. Sin conocer bien la zona asignada, decidió dedicar la primera tarde a observar, pero no logró detectar nada más que una hembra al final del día.
Al día siguiente, el escenario cambió. Aunque por la mañana no pudo acudir, por la tarde regresó al monte con la intención de insistir. El tiempo no acompañaba: tormenta, truenos y un ambiente incómodo que invitaba a marcharse antes de tiempo.
Una aparición inesperada en el último momento
Raúl llevaba horas sin éxito cuando decidió sentarse sobre una piedra y esperar. «Estaba tronando toda la tarde y ya me iba a ir», recuerda. Fue entonces, justo cuando se levantó para marcharse, cuando todo ocurrió. «A unos cincuenta metros lo tenía comiendo», relata.
La sorpresa fue mayúscula, pero también la tensión. Se encontraba en un lugar muy expuesto, por lo que tuvo que reaccionar rápido. «Me tiré rápido al suelo porque estaba en un sitio muy visible», explica. A partir de ese momento, comenzó una larga espera en la que el cazador apenas se atrevía a moverse.
Durante más de veinte minutos observó al animal, intentando descifrar qué tenía delante. «No era capaz de verle bien los cuernos», reconoce. Hasta que finalmente logró identificar lo que lo hacía especial: una cuerna completamente anómala, retorcida y con múltiples puntas. «Parecía un vareto… hasta que pude ver que era defectuoso y me dije: «Esto es alucinante»».
Un corzo único con una cuerna fuera de lo común
El ejemplar abatido presenta una morfología muy poco frecuente. Su cuerna, lejos del típico patrón de seis puntas en machos adultos, muestra una estructura irregular, con ramificaciones y torsiones que recuerdan a los denominados tipo ‘sacacorchos’.
Este tipo de anomalías pueden deberse a múltiples factores, desde alteraciones genéticas hasta traumatismos durante el crecimiento. En cualquier caso, se trata de piezas muy valoradas por su rareza y singularidad.
El lance, según describe el propio protagonista, fue limpio y rápido. «Le tiré y cayó en el sitio», afirma. Sin embargo, la emoción llegó después, al acercarse al animal. «Cuando lo vi de cerca dije: «Uf, no vuelvo a matar uno así en mi vida”».
Fidelidad a su rifle y un rececho en solitario
Raúl destaca también el papel de su equipo en este lance. Utiliza un rifle Bergara B14, con el que asegura haber vivido ya numerosas jornadas memorables. «No lo cambio por nada en el mundo», afirma. «Cada vez que salgo con él es como un imán».
El rececho, además, tuvo un componente añadido de dificultad: lo realizó completamente solo, tal y como exige la normativa de su coto. «No nos dejan llevar acompañante, así que es difícil tenerle pisteado y cazarle», explica.
A pesar de no conocer el terreno y tener que orientarse incluso con ayuda de aplicaciones móviles, asegura que la suerte le ha acompañado en los últimos años. «Llevo tres años y los tres he tenido la suerte de cazar un corzo», concluye.
