Eric Domínguez Martínez, un joven cazador de 26 años, vivió el pasado viernes 28 de agosto una de esas jornadas que permanecen para siempre en la memoria. Durante un rececho en la provincia de Huesca abatió un extraordinario corzo peluca que jamás había visto, acompañado por su hermano de 11 años en su primera salida de caza.
El desenlace estuvo marcado por una decisión aparentemente insignificante. Los dos cotos entre los que podían elegir lindan entre sí y, al llegar al cruce, Eric dejó la elección en manos del pequeño: «¿Dónde quieres ir, izquierda o derecha?». Su hermano respondió «izquierda» y ambos tomaron el camino que acabaría conduciéndolos hasta el singular animal.
Su hermano comenzó a descubrir los primeros corzos
Tras aparcar en el lugar desde el que Eric suele comenzar aquel rececho, prepararon el rifle, la mochila y el resto del equipo para subir hasta un cerro con una amplia panorámica. El pequeño tardó poco en empezar a localizar animales. Primero señaló una corza acompañada por su cría y, algo más adelante, escuchó ladrar a un corzo y llegó a verlo correr.
Después de permanecer un tiempo apostados sin encontrar ningún macho, Eric decidió que continuaran andando despacio entre los campos. Al acercarse a una zona en la que había cazado un buen ejemplar dos años antes, pidió a su hermano que extremase el cuidado y evitara hacer ruido.
Fue entonces cuando se internaron en un campo cuya entrada queda oculta hasta situarse prácticamente frente a ella. Eric giró la cabeza hacia la derecha y descubrió un corzo comiendo a menos de 50 metros. «Cogí el rifle, me encaré, lo miré por el visor y ya vi que era un peluca, ya vi que era un corzaco grande. Quité el seguro y apreté el gatillo», relata el cazador a Jara y Sedal.
Un segundo gran corzo apareció tras el disparo
Nada más efectuar el lance, otro macho salió corriendo unos 50 metros más allá y terminó deteniéndose a unos 120. Eric lo observó a través del visor y comprobó que también era un corzo de gran tamaño y con una cuerna muy bonita. Sin embargo, decidió no disparar. «Ya tenía suficiente con ese. Era ya un espectáculo», explica. El cazador no ocultó su emoción cuando se acercó al ejemplar abatido y pudo contemplar con detalle su extraordinaria cuerna cubierta de borra.
Su hermano, que estaba descubriendo por primera vez cómo se desarrolla un rececho, comenzó inmediatamente a hacer preguntas. «¿Y esto por qué es así?, ¿por qué tiene la peluca?», le preguntaba mientras tocaba al animal. Eric le explicó las alteraciones que pueden provocar este tipo de trofeos y el pequeño colaboró después en su preparación para el taxidermista y el aprovechamiento de su carne.
Los llamados corzos peluca presentan un crecimiento anómalo y permanente de la cuerna, generalmente relacionado con lesiones o alteraciones testiculares que reducen la producción de testosterona. Al no completarse con normalidad el ciclo anual, el tejido continúa creciendo y adquiere ese aspecto voluminoso y aterciopelado tan característico en su cuerna.
Un animal que jamás había visto
Lo sucedido resultó todavía más sorprendente porque Eric no tenía localizado al corzo ni conocía su presencia en el coto. «Este corzo no lo tenía controlado, o sea, no lo había visto nunca, fue de sorpresa y no me lo esperaba para nada», asegura. Para el rececho utilizó un Blaser R8 Ultimate HunTec, equipado con un visor Swarovski Z8i 3,5-28 con retícula balística y en calibre .270 Winchester Short Magnum.
La noticia causó una enorme impresión entre sus allegados. «Y lo mejor de todo fue la reacción de mi mejor amiga, que es como si fuese mi hermana, y su pareja, mi familia, todos cuando vieron el semejante corzo quedaron… quedaron alucinados», recuerda. La naturalización del ejemplar será realizada por Pedro Segura, el mismo profesional que preparó otro gran corzo abatido por Eric en 2019 y que, según recuerda el joven, alcanzó alrededor de 197 puntos. El cazador destaca de él que es «un taxidermista excepcional, o sea, tanto al trato al cliente como a la forma de trabajar».
Sin embargo, por encima de la excepcionalidad del trofeo, Eric se queda con haber compartido el lance con su hermano de 11 años. La primera vez que el pequeño salía al campo terminó convirtiéndose en una experiencia irrepetible: eligió el camino, descubrió sus primeros corzos y ayudó a cobrar y aprovechar la carne de uno de los ejemplares más insólitos que ambos verán probablemente en toda su vida.
