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Cómo seguir correctamente un rastro de sangre en siete pasos

Foto: Jara y Sedal.

Todo el empeño puesto en abatir el animal puede irse al traste si se marcha herido y tú no estás preparado para pistearlo. Esta tarea a priori puede parecer sencilla, pero hay que ser cuidadoso. Te proponemos siete interesantes consejos para no perder tus piezas.
23/8/2018 | Redacción JyS

Realiza un buen disparo


Puede parecer obvio, pero muchas veces nos precipitamos y no valoramos bien el momento correcto para apretar el gatillo. Cuanto más certero sea el disparo menos distancia tendrás que pistear.
También entra en juego el arma con la que caces. Debes utilizar un calibre lo suficientemente potente para que la pieza objetivo sufra lo menos posible, adecuándose también a la modalidad que practiques. Para ello, debes conocer a la perfección la especie que persigas, y así también podrás saber dónde colocar el tiro para que sea más efectivo.
Por último, para ser mejor tirador no queda otra que practicar y practicar. Acércate a tu campo de tiro habitual y gasta unas cuantas balas. Si quieres ser más efectivo en tus disparos ¡es necesario!

Presta atención a todos los signos y escucha

Debes estar atento en los momentos posteriores al disparo, coge referencias de su lugar para ubicarlo. En la mayoría de las ocasiones se sabe si hemos realizado un disparo certero o si se ha desviado –y hacia dónde-.
También es importante visualizar la reacción del animal justo en el momento del tiro. Según los movimientos posteriores de la pieza podremos saber si hemos acertado, y aproximadamente dónde, cosa que nos ayudará a la hora de pistear. Aunque también es cierto que no todos los ejemplares reaccionan de una manera concreta ante un disparo colocado en el mismo sitio: unos echan a correr, otros saltan y se alejan, otros no dan signos de ir ‘pegados’…
Por último, debes visualizar el lugar de la huida del animal y poner oído, ya que dependiendo de los ruidos podrás identificar el camino que toma en su escape si conoces la vegetación del lugar.

Haz una foto del lugar del tiro y de la huida

Foto: Shutterstock.

Este factor puede ser determinante, ya que cuando abandones tu puesto y te adentres entre la vegetación será fácil que te despistes. Sin embargo, si miras la foto inicial y tomas referencias del lugar, tendrás más posibilidades de seguir el camino correcto. 

Espera

Es importante mantener la calma y no abandonar el puesto justo después del disparo. En muchas ocasiones, un pisteo precipitado puede dar al traste con la búsqueda, pues provocarás que la pieza que se había echado se levante y escape, lo que hará inútil su búsqueda.
Debes aguantar al menos un cuarto de hora o veinte minutos antes de salir en busca del animal, de esta forma le habrás dado tiempo a encamarse y expirar.
Si además has filmado el momento del disparo, será bueno que mientras esperas revises las imágenes en búsqueda de indicios que te permitan cerciorarte de que has acertado en el disparo.

Analiza el lugar del tiro

Si la sangre es brillante y abundante, has alcanzado su corazón. / Foto: Jara y Sedal.

Una vez que hayas esperado un rato, dirígete hacia el lugar del disparo y busca indicios que muestren que el animal está herido.
Por otro lado, debes saber identificar las partes afectadas según el color y la densidad de la sangre -o los huesos o partes de músculo que encuentres-. Si la sangre es de un color rojo brillante y abundante, es más que probable que el tiro sea fulminante y haya tocado el corazón. Si ésta tiene algo parecido a burbujas, entonces habrás tocado los pulmones. Si por el contrario la sangre es espesa y alberga suciedad, es un tiro de intestino, o bien, si presenta restos de comida habrás alcanzado el estómago.
Trozo de hueso encontrado tras un disparo. / Foto: Jara y Sedal.

Dependiendo de la información que consigas recoger deberás decidir si acudir en busca de alguien que pueda ayudarte llevando un perro, recoger a tu propio can, o bien continuar tú solo la búsqueda.

Comienza a seguir el rastro

Foto: Jara y Sedal.

Marca el comienzo del rastro de sangre con algo que sea visible de lejos, con un trozo de papel higiénico grande colocado en alto puede ser suficiente. Repite la operación cada vez que encuentres una nueva mancha de sangre. Esto te ofrecerá pistas acerca del posible camino que ha tomado el animal en su huida.
Una vez que el rastro sea evidente, camina despacio y en silencio. Si el animal está cerca podría levantarse y perderlo, o lo que es peor: revolverse contra ti.
Además, cuando sigas un rastro de sangre nunca camines por encima de él, procura ir siempre por un lado, de lo contrario podrías borrarlo y sería imposible volver sobre tus pasos en caso de equivocarte de trayectoria.
No debes fijarte sólo en el suelo, mira también las marcas de sangre que el animal deja en los arbustos, árboles o hierbas altas al rozarse. Viendo la altura de estas marcas puedes hacerte una idea de donde ha impactado la bala y del tamaño real del animal.
Agudiza tu vista periférica –mira por el rabillo del ojo- ya que podrías intuir alguna mancha entre la maleza que te advierta de la presencia del animal muerto. Debes mirar especialmente por las zonas bajas de las pendientes, en zonas de vegetación espesa o cerca de sitios con agua como charcas, arroyos o ríos, si los hubiera, ya que estos lugares son querenciosos para los animales heridos.

Alterna estrategias

Foto: Jara y Sedal.

¿Se ha acabado el rastro y sigues sin encontrar el animal? Marca el último punto donde haya sangre. Después vuelve sobre tus pasos y vuelve a inspeccionar todo. Si se hace tarde y la luz empieza a escasear, será mejor que vuelvas al día siguiente.
No te preocupes y no pierdas la esperanza, por este supuesto es por lo que has dejado las marcas en cada punto. Con la luz del día lo verás todo más claro. Cuando vuelvas sobre el rastro, llega hasta el último punto y busca por los laterales. Busca zonas húmedas, como ríos, charcas o arroyos; o simplemente una zarza más tupida que las demás.
Abre bien los ojos, y no desistas, ninguna pieza debe quedar en el campo. Si no ves nada, siempre puedes recurrir a un buen perro de rastro, sea tuyo o de un compañero.

       
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