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Descubren una luz que espanta a las aves sin dañarlas y que podría ser la solución a las palomas de tu balcón

Palomas en un balcón. © Shutterstock

En los últimos años, los conflictos entre aves y actividad humana se han multiplicado en entornos urbanos y rurales. Desde balcones invadidos por palomas hasta cultivos o instalaciones donde determinadas especies generan problemas, la búsqueda de métodos eficaces y no dañinos es constante. Ahora, un estudio científico apunta a una solución basada en algo tan sencillo como una luz roja parpadeante.

El trabajo, publicado en la revista European Journal of Wildlife Research, analiza los efectos de una luz roja que parpadea a una frecuencia concreta: 15 hercios. Esa frecuencia no es casual. Según los investigadores, puede provocar una respuesta neurológica conocida como «photic driving», una especie de arrastre de ondas cerebrales que genera incomodidad en distintas especies de vertebrados.

No se trata de asustar por sorpresa ni de recurrir a estímulos agresivos. El mecanismo, explican los autores, no depende de la novedad, lo que podría mantener su eficacia con el paso del tiempo, algo que no siempre ocurre con otros sistemas disuasorios.

Un ensayo con cuatro especies diferentes

Para comprobar su eficacia, los científicos realizaron pruebas de campo con cuervos, patos, garzas y cormoranes en lugares que estas aves utilizaban de forma habitual. Se registró el número de ejemplares antes de encender la luz y se midió cuánto tardaban en reaccionar y abandonar la zona tras la exposición.

Los resultados fueron llamativos. Cuervos, patos y cormoranes dejaron de utilizar los enclaves iluminados en un plazo de 15 días, lo que indica un claro proceso de aprendizaje aversivo. Es decir, asociaron ese lugar con una experiencia incómoda y optaron por no regresar.

En el caso de las garzas, el comportamiento fue distinto. No abandonaron por completo el área, pero cada vez reaccionaban más rápido ante la activación de la luz, lo que apunta a un fenómeno de sensibilización conductual. En todos los casos, el efecto fue disuasorio y sin causar daños físicos a los animales.

© Shutterstock

¿Podría servir contra las palomas de las ciudades?

Aunque el estudio no se centró en palomas urbanas, el principio biológico es el mismo. Si una frecuencia concreta de luz roja genera una sensación desagradable pero no lesiona al ave, el concepto podría inspirar en el futuro dispositivos para uso doméstico o agrícola.

A diferencia de pinchos, redes o sistemas sonoros que terminan siendo ignorados, una tecnología basada en una frecuencia específica actuaría sobre la percepción sensorial del animal, y no solo sobre el susto inicial. Eso abre la puerta a soluciones más duraderas y respetuosas.

Por ahora, el sistema ha sido validado en condiciones experimentales y con determinadas especies. Faltaría comprobar su eficacia en entornos urbanos cerrados y evaluar posibles implicaciones para personas sensibles a luces intermitentes. Pero la idea está sobre la mesa: una luz roja de 15 Hz como herramienta práctica para reducir la presencia de aves sin recurrir a métodos dañinos.

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