La expansión de la peste porcina africana (PPA) en Cataluña sigue preocupando a los expertos. Seis meses después de que se detectara el primer foco en España, a finales de noviembre de 2025, el Comité Científico para el Asesoramiento en relación con el brote ha hecho balance de la situación y ha lanzado un mensaje claro: las medidas desplegadas hasta ahora no han alcanzado el nivel de intensidad que consideran necesario para controlar la enfermedad. Aunque el virus continúa limitado a las poblaciones de jabalí y no ha afectado a ninguna explotación comercial de porcino, los científicos creen que es necesario redoblar esfuerzos.
Desde la aparición del brote hasta mayo de 2026 se han confirmado 325 jabalíes positivos repartidos en 13 municipios de las comarcas del Barcelonés, Baix Llobregat y Vallès Occidental. La superficie afectada alcanza ya los 160 kilómetros cuadrados, una cifra que refleja la capacidad de dispersión de una enfermedad considerada una de las mayores amenazas sanitarias para el sector porcino europeo.
El nuevo informe de seguimiento analiza las actuaciones desarrolladas durante estos meses y actualiza las recomendaciones dirigidas a las administraciones responsables de la gestión de la crisis sanitaria.
Las medidas aplicadas no han alcanzado el nivel esperado
La principal conclusión del comité es especialmente significativa. Los expertos afirman que «ninguna de las principales medidas de control (barreras, vigilancia epidemiológica, eliminación de cadáveres y reducción de población de jabalíes) ha logrado aplicarse hasta el momento con toda la intensidad deseable». Por ese motivo, consideran necesario reforzar todas las actuaciones recomendadas en su primer informe y aumentar especialmente la búsqueda de animales enfermos y cadáveres, una de las herramientas más importantes para frenar la circulación del virus en el medio natural.
El documento recuerda que el control de un brote de PPA en fauna silvestre depende de una combinación de medidas complementarias. Ninguna de ellas es eficaz por sí sola, por lo que el éxito pasa por aplicar simultáneamente actuaciones de contención, vigilancia y reducción poblacional.
En el caso de las barreras físicas, las primeras actuaciones aprovecharon infraestructuras ya existentes, como autovías o líneas ferroviarias, para limitar los desplazamientos de los jabalíes. Posteriormente se fueron ampliando los cerramientos conforme avanzaba la enfermedad. A fecha de mayo de 2026 existían 331 puntos de cierre, cuya eficacia depende en gran medida de un mantenimiento constante.
La retirada de cadáveres sigue siendo una prioridad
Los científicos insisten en que los cadáveres de jabalí infectados constituyen uno de los principales focos de transmisión del virus. Por ello, consideran imprescindible mantener una retirada sistemática y rápida de estos restos para reducir la persistencia ambiental de la enfermedad.
La complejidad del entorno periurbano de Barcelona ha llevado a priorizar las búsquedas mediante perros especializados. Actualmente trabajan sobre el terreno diez perros adiestrados junto a sus respectivos guías, con capacidad para prospectar alrededor de diez kilómetros cuadrados por semana. El comité considera que esta labor debe intensificarse, especialmente en aquellas áreas periféricas donde exista riesgo de expansión de la enfermedad más allá de los municipios ya afectados.
Los cazadores no alcanzan todavía los objetivos de extracción
Uno de los aspectos que más atención recibe en el informe es la reducción de la población de jabalíes. Los esfuerzos conjuntos del Cos d’Agents Rurals y de los cazadores autorizados han permitido abatir hasta 363 ejemplares semanales, una cifra que queda lejos del objetivo inicial fijado sobre el terreno por la autoridad competente, que estimaba necesarias unas 800 capturas por semana.
Para lograr esa reducción se están utilizando diferentes herramientas de control, entre ellas trampas tipo pigbrig, cajas trampa, recorridos de disparo sanitario, batidas y esperas nocturnas. Los expertos destacan que las trampas pigbrig están contribuyendo de forma importante a disminuir las densidades de jabalí, aunque recuerdan que su capacidad para detectar animales infectados es limitada. La razón es que los ejemplares afectados suelen presentar fiebre, apatía y una reducción notable de sus movimientos, lo que disminuye las probabilidades de captura mediante este sistema.
Más presión sobre el jabalí y preparación para toda España
Entre las recomendaciones formuladas por el comité destaca la necesidad de avanzar en la creación de una zona blanca, concentrando allí buena parte de los esfuerzos de control. También propone establecer objetivos semanales de extracción diferenciados según las distintas áreas afectadas y reforzar el seguimiento sanitario de todos los animales eliminados.
Los científicos reclaman además ampliar las búsquedas hacia las zonas de riesgo situadas en el perímetro del brote, mantener los máximos niveles de bioseguridad en la gestión de materiales y cadáveres procedentes de las áreas afectadas y limitar, en la medida de lo posible, los movimientos de personas y ganado porcino dentro de la denominada zona II.
Por último, el comité considera «oportuno reforzar la preparación del resto de comunidades autónomas frente a la PPA», especialmente mediante medidas relacionadas con la caza y gestión del jabalí, la vigilancia epidemiológica y el fortalecimiento de la sanidad animal, con el objetivo de evitar que la enfermedad se extienda más allá de Cataluña.
El peligro de saltarse un cierre sanitario en plena zona infectada
El informe del comité científico da aún más gravedad a episodios como la caminata promovida en Collserola por perfiles animalistas, en la que unas 200 personas accedieron a una zona cerrada por la peste porcina africana y terminaron concentrándose en el área de Can Coll. No se trata solo de una protesta contra una restricción administrativa: en un brote de estas características, cada entrada no autorizada en el monte puede convertirse en un riesgo añadido para la fauna silvestre y para la sanidad animal.
La PPA no afecta a las personas, pero el virus puede moverse de forma indirecta adherido a la ropa, al calzado, a las ruedas de bicicletas, a vehículos o a cualquier material que haya estado en contacto con zonas contaminadas. Por eso las autoridades restringen el acceso a determinados espacios y por eso los expertos recomiendan reducir la actividad humana en las áreas afectadas. Una caminata multitudinaria, con personas entrando a pie y en bicicleta en un parque cerrado, va justo en la dirección contraria a esas medidas de contención.
La paradoja resulta difícil de ignorar. Una movilización difundida desde perfiles animalistas, supuestamente planteada en defensa del espacio natural, puede terminar aumentando el riesgo para los propios animales que dice proteger. En una enfermedad capaz de diezmar poblaciones de jabalíes y de poner contra las cuerdas al sector porcino si llega a una explotación, saltarse un cierre sanitario no es un gesto simbólico: es una irresponsabilidad con consecuencias potencialmente muy serias.
