El amanecer en la Sierra de Alcaraz y Segura no entiende de prisas. Allí, entre barrancos y laderas duras, comienza una jornada que trasciende el propio lance. Padre e hijo avanzan juntos con un objetivo claro, pero también con una certeza aún mayor: seguir compartiendo monte mientras puedan hacerlo. Porque hay días en los que lo importante no es lo que se abate, sino con quién se camina.
El terreno pronto deja claro que no será fácil. Se enfrentan a un escenario completamente distinto a lo habitual, sin guía y con solo unas indicaciones previas de un amigo. La montaña obliga a leer cada paso, a improvisar, a adaptarse constantemente. A ello se suma un condicionante clave: Pedro, el padre de nuestro compañero Carlos Vignau y coprotagonista de este documental, arrastra problemas físicos. Pero lejos de frenar la jornada, su determinación marca el ritmo. Cada avance, cada parada para recuperar el aliento, refuerza un mensaje que atraviesa todo el rececho: esto va mucho más allá del disparo.
Un terreno que pone a prueba
La Sierra de Alcaraz y Segura se presenta como un desafío constante. Laderas abruptas, distancias engañosas y un terreno que no permite errores. Aquí, cualquier decisión cuenta. Los primeros avistamientos no tardan en llegar: una hembra y un macho joven aparecen en escena. La emoción es evidente, pero la decisión también es firme, pues ellos no son el objetivo.
El ritmo es lento, condicionado por el esfuerzo físico. Sin embargo, esa lentitud se convierte en aliada. Permite observar mejor, interpretar el terreno y compartir cada momento con una intensidad difícil de describir.
El disparo que culmina la jornada
La oportunidad llega tras horas de esfuerzo. A unos 300 metros, en el fondo de un valle, localizan un macho adulto. Es el ejemplar adecuado, un animal hecho, de unos siete años. La tensión se concentra en segundos. Rifle apoyado, respiración contenida y visor afinado. El disparo es limpio y el animal solo puede recorrer unos metros antes de caer abatido.
No hay celebración desmedida. Solo una satisfacción contenida, casi silenciosa. De esas que se entienden sin palabras.
Mucho más que un trofeo
El verdadero peso de la jornada no está en el animal, sino en todo lo vivido. En el esfuerzo compartido, en las miradas cómplices y en la capacidad de seguir adelante pese a las dificultades.
La figura del padre cobra en este documental de Cazaflix un protagonismo especial. No por el disparo, sino por lo que representa: experiencia, constancia y una pasión que no entiende de límites físicos.
