Icono del sitio Revista Jara y Sedal

Ni ecologistas ni animalistas: los cazadores se movilizan para salvar a los animales afectados por los incendios

Cazadores andaluces llevando comida a los animales tras un incendio en Grazalema. © FAC

Cuando las llamas se extinguen y los grandes incendios dejan de ocupar titulares, comienza otra emergencia mucho menos visible. Los animales que han sobrevivido se encuentran de repente sin refugio, agua ni alimento. En la Sierra de Cádiz, los cazadores han vuelto a responder movilizando recursos propios para intentar reducir ese impacto mientras el monte inicia una recuperación que durará años.

Las sociedades de cazadores de la comarca han entregado 2.100 kilogramos de alimento a la Sociedad de Caza El Pinzapo, de Grazalema. La ayuda se distribuirá en los terrenos que gestiona esta entidad y que han quedado gravemente afectados por el incendio declarado el pasado 6 de julio en el Parque Natural Sierra de Grazalema.

No se trata de una intervención aislada. Tras algunos de los incendios más graves registrados durante los últimos años en España, como los de la Sierra de la Culebra o la Vall d’Ebo, las sociedades locales también se organizaron para llevar agua y comida a los animales supervivientes. Una labor que suele prolongarse mucho después de que las llamas hayan desaparecido.

Aportar alimento tras el paso de las llamas es fundamental, pero solo algunos se echan al monte para realizar esta ardua tarea. © FAC

Miles de kilos de comida para comenzar a alimentar a la fauna

La movilización comenzó con la compra de 400 kilogramos de maíz y 1.000 kilogramos de tacos de pienso para vacuno, además de varias piedras de sal. A aquella primera aportación se ha sumado ahora la Sociedad de Caza de Olvera, que ha donado otros 700 kilogramos de semilla multicereal.

En total, la ayuda entregada a El Pinzapo alcanza ya los 2.100 kilos. El alimento será repartido en aquellos puntos del acotado donde resulte más necesario para sostener temporalmente a las especies cinegéticas y no cinegéticas que permanecen en la superficie quemada.

Según explica Jesús Castro, presidente de la sociedad afectada, estos recursos permitirán «seguir suministrando alimento a la fauna afectada hasta que lleguen las lluvias y vuelvan a brotar los pastos y la vegetación tierna».

La pérdida de la cubierta vegetal provoca que los animales que han logrado escapar del fuego encuentren serias dificultades durante las semanas siguientes. Al desaparecer los pastos, los frutos, las semillas y buena parte del monte bajo, también se reducen de forma drástica sus fuentes naturales de alimento. A ello se suma la destrucción de zonas de refugio, descanso y reproducción.

Sociedades de toda la Sierra de Cádiz se unen

En esta actuación han colaborado la Sociedad de Caza y Pesca La Rehala, de Villaluenga del Rosario; la sociedad de Villamartín; El Meloncillo y La Perdiz, ambas de Puerto Serrano; San Blas, de Benaocaz; la sociedad de Ubrique; la Sociedad Deportiva de Caza de Prado del Rey y la Sociedad de Caza de Olvera.

La iniciativa ha partido de las propias entidades locales, que han adquirido y transportado el alimento para ponerlo a disposición de El Pinzapo. Desde la sociedad de Grazalema han destacado especialmente el papel de Adolfo Andrades, presidente de San Blas de Benaocaz, como principal impulsor de la movilización.

«Gracias a todos los que han aportado su ayuda, ya sea mediante alimentos, recursos o apoyo. Gestos como estos demuestran que, cuando trabajamos juntos, somos capaces de afrontar cualquier adversidad y de ofrecer una esperanza para la recuperación de nuestro monte y de las especies que lo habitan», ha señalado Castro.

Los cazadores se han volcado con la fauna de la zona. © FAC

La distribución sobre el terreno corresponderá ahora a los cazadores de El Pinzapo, que conocen los lugares donde se concentra la fauna y los puntos en los que la aportación puede resultar más eficaz. La actuación se mantendrá mientras persista la falta de recursos naturales y hasta que las lluvias permitan que comiencen a regenerarse los pastos.

Un incendio que ha arrasado unas 220 hectáreas

El fuego ha calcinado alrededor de 220 hectáreas del Parque Natural Sierra de Grazalema. De acuerdo con los datos facilitados por la Federación Andaluza de Caza, entre el 80 % y el 90 % de la superficie afectada corresponde a terrenos gestionados por la Sociedad de Caza El Pinzapo.

Las llamas han destruido arbolado de gran valor ecológico, con ejemplares de encina, quejigo y alcornoque, además de amplias zonas de monte bajo formadas por jaras, jaguarzos, aulagas y otras especies características de este espacio protegido. El daño, por tanto, va mucho más allá de la pérdida inmediata de vegetación.

La desaparición de esa cubierta altera las condiciones de vida de numerosas especies, que deberán desplazarse o sobrevivir durante meses en un entorno con muchos menos recursos. Aunque las primeras lluvias pueden favorecer la aparición de pastos, la recuperación del arbolado, el matorral y toda la complejidad ecológica del monte requerirá mucho más tiempo.

Un comedero para fauna instalado por cazadores, arrasado por el fuego. © FAC

«Aunque la naturaleza posee una enorme capacidad de regeneración, serán necesarios varios años para que muchas de las zonas afectadas recuperen el aspecto y la riqueza ecológica que tenían antes del incendio», reconoce el presidente de El Pinzapo.

La sociedad advierte de que esa recuperación será «lenta y requerirá tiempo, esfuerzo y el compromiso de todos». Mientras tanto, los cazadores seguirán trabajando para «minimizar las consecuencias sobre la fauna» y colaborarán en «todas aquellas iniciativas que contribuyan a la conservación y recuperación de nuestro entorno natural».

De Alicante a la Sierra de la Culebra

La respuesta ofrecida en Grazalema recuerda a otras movilizaciones protagonizadas por sociedades de cazadores después de grandes incendios. En el verano de 2022, tras el fuego de la Vall d’Ebo, que arrasó más de 12.000 hectáreas en Alicante, los cazadores de los municipios afectados comenzaron a recorrer el terreno quemado para llevar agua y alimento a los animales que habían sobrevivido.

Cazadores alicantinos se disponen a dar de beber y comer a la fauna tras un incendio. © FCCV

En aquellas primeras visitas encontraron, entre otras especies, muflones desplazándose por zonas completamente calcinadas. Las sociedades locales se organizaron entonces para instalar puntos de alimentación y bebida en un paisaje en el que habían desaparecido buena parte de los recursos disponibles.

Algo parecido ocurrió en la Sierra de la Culebra, en Zamora. Tras los devastadores incendios de 2022, los cazadores de Ferreras de Abajo aportaron agua y maíz a la fauna de su acotado, formado por unas 1.200 hectáreas. El incendio dejó además a sus socios sin posibilidad de practicar la actividad cinegética durante años.

Un cazador de Ferreras de Abajo cargando maíz para alimentar a los animales afectados por el incendio. © J. M. T.

Meses después, la Sociedad de Cazadores de Bretó de la Rivera acogió a varios de aquellos afectados y les ofreció tarjetas al mismo precio que a sus propios socios. Fue otra muestra de una solidaridad que no se limita a la respuesta inmediata ante las llamas, sino que continúa durante el largo periodo de recuperación posterior.

«En momentos tan difíciles como este, queda demostrado que la unión, la solidaridad y el compromiso de las sociedades de cazadores son fundamentales para proteger el patrimonio natural que compartimos», concluye Castro en referencia a la movilización de la Sierra de Cádiz.

Los cazadores invierten 54 millones al año en prevenir incendios

La intervención del sector cinegético no comienza únicamente después del paso del fuego. El Estudio Socioeconómico de la Caza en España, elaborado por Deloitte para Fundación Artemisan, cifra en 54 millones de euros anuales la inversión de los cazadores españoles en actuaciones relacionadas con la prevención de incendios forestales.

Esta cantidad se destina al mantenimiento y adecuación de caminos y accesos, construcción y conservación de balsas y puntos de agua, podas, desbroces, mejoras del monte, cortafuegos y cortaderos. Son trabajos que reducen la acumulación de combustible vegetal, facilitan el acceso de los medios de extinción y contribuyen a mantener el territorio gestionado durante todo el año.

Un cortacino limpiando el monte con su motosierra. © Israel Hernández

A estas inversiones se suma la vigilancia realizada por miles de guardas de coto. Su presencia permanente sobre el terreno permite detectar con rapidez conatos de incendio, avisar a los servicios de emergencia e incluso colaborar en las primeras labores de extinción cuando las circunstancias lo permiten.

El mismo estudio señala que el sector cinegético genera 6.475 millones de euros anuales, mantiene 187.000 empleos e invierte cerca de 300 millones de euros en conservación medioambiental. Una aportación que también incluye las medidas posteriores a los incendios: suministro de agua y alimento, recuperación de vegetación autóctona, repoblaciones forestales y proyectos de ordenación y mejora de montes.

En Grazalema, así como en otros muchos lugares de nuestra geografía que está siendo arrasados por los incendios, esa labor tiene ahora su expresión más inmediata en los sacos de maíz, pienso y semilla que los cazadores transportan hasta el monte quemado. La comida no devolverá por sí sola el paisaje perdido, pero ayudará a que parte de su fauna pueda resistir hasta que las lluvias vuelvan a dar vida al terreno.

Salir de la versión móvil