Los incendios de este verano han vuelto a mostrar dos formas muy distintas de reaccionar ante la destrucción del monte. Mientras numerosas sociedades de cazadores recorren terrenos calcinados para instalar bebederos, repartir alimento y auxiliar a la fauna superviviente, varias organizaciones ecologistas continúan reclamando desde sus despachos nuevas prohibiciones que afectarían a miles de hectáreas no quemadas.
La última petición procede de la Plataforma Ecologista Madrileña, que considera insuficiente la limitación aprobada por la Comunidad de Madrid para la Sierra Oeste. El colectivo exige que la prohibición de la actividad cinegética se extienda también a una franja de 20 kilómetros alrededor del perímetro afectado, incluidos los corredores ecológicos que conectan con la Zona de Especial Conservación de la Cuenca del río Guadarrama.
La reclamación llega después de que, durante las últimas semanas, cazadores de distintos puntos de España hayan movilizado vehículos, remolques, depósitos y toneladas de alimento para atender a los animales que sobrevivieron a las llamas. En Ávila, Huelva, Cádiz, Valencia o Extremadura, las imágenes muestran a voluntarios entrando en el monte, muchas veces con sus propios medios, para llevar agua y comida allí donde el fuego ha eliminado buena parte de los recursos disponibles.
Madrid ya ha prohibido cazar en más de 22.800 hectáreas
La Comunidad de Madrid publicó el pasado 5 de agosto la Resolución 2091/2026, que limita la actividad cinegética durante toda la temporada 2026-2027 en las parcelas quemadas por el incendio de la Sierra Oeste. La prohibición afecta tanto a la media veda como a la temporada general.
Según el texto publicado en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid, el incendio afectó a unas 34.000 hectáreas distribuidas entre 12 municipios. Dentro de ese perímetro quedaron dañadas 19.512 hectáreas pertenecientes a 75 cotos y otras 3.300 hectáreas correspondientes a dos zonas de caza controlada del Ayuntamiento de San Martín de Valdeiglesias. En total, más de 22.800 hectáreas cinegéticas.
La resolución mantiene la actividad en las partes de esos cotos que no fueron alcanzadas por las llamas. También contempla la posibilidad de autorizar controles poblacionales si durante la temporada se constatan daños o incrementos notables de determinadas especies.
Además, el documento oficial recomienda adoptar precisamente varias de las medidas que los cazadores llevan semanas ejecutando sobre el terreno: instalar puntos de agua y bebederos, aportar alimentación y construir refugios o majanos para los animales. La Comunidad de Madrid también podrá prorrogar total o parcialmente la limitación durante otra temporada en función de la evolución del monte y de sus poblaciones.
Los ecologistas quieren añadir una franja de 20 kilómetros
Pese a la superficie ya vedada y a la posibilidad de ampliar la medida durante otra temporada, la Plataforma Ecologista Madrileña reclama que la prohibición alcance también los terrenos no quemados situados hasta 20 kilómetros del incendio.
La organización ha realizado esta petición antes del comienzo de la media veda madrileña, previsto para el 20 de agosto. De salir adelante, la ampliación afectaría a una enorme superficie alrededor de las 34.000 hectáreas dañadas y alcanzaría a terrenos que no han sufrido el paso de las llamas.
No es la primera reclamación de este tipo conocida durante los incendios de este verano. Otros colectivos animalistas y ecologistas han pedido prohibiciones semejantes en distintas comunidades autónomas. Mientras tanto, sobre las cenizas, los cazadores siguen desarrollando un trabajo que exige dinero, combustible, vehículos, alimento y muchas horas de esfuerzo.
De las peticiones a los hechos sobre el terreno
En Ávila, la movilización impulsada por los cazadores permitió conseguir un tráiler con 25.000 kilos de patatas para los animales afectados. En Huelva, la Federación Andaluza de Caza añadió tres toneladas de trigo y maíz a los recursos que ya estaban repartiendo las sociedades locales. También se han instalado bebederos y distribuido comida en Cádiz, Valencia y Extremadura.
Algunas de estas sociedades han anunciado voluntariamente que no desarrollarán actividad cinegética durante una larga temporada en las superficies dañadas. Sin embargo, esa renuncia no ha supuesto abandonar a los animales. Al contrario: sus integrantes continúan entrando en los terrenos afectados para mantener los puntos de agua y alimento.
La diferencia se aprecia en las imágenes que llegan desde los montes. Mientras unos colectivos presentan escritos para aprovecharse y pedir ampliar las prohibiciones desde los despachos, cientos de cazadores pisan la ceniza, cargan remolques y llenan bebederos.
