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Los cazadores silenciosos capturan más de 1.000 jabalíes en zonas urbanas de Madrid sin que los ciudadanos se percaten

Cazador con arco. © Ángel Vidal

La gestión del jabalí se ha convertido en uno de los principales desafíos para las administraciones españolas. El crecimiento sostenido de sus poblaciones durante las últimas décadas y su capacidad para adaptarse a entornos urbanos y periurbanos han multiplicado los problemas asociados a esta especie, desde accidentes de tráfico y daños agrícolas hasta riesgos sanitarios relacionados con enfermedades que afectan a la ganadería.

Estas cuestiones centraron buena parte del debate en la mesa redonda que puso el broche final a la Jornada Técnica Nacional sobre Jabalí: situación, riesgos sanitarios y gestión, celebrada este martes en Madrid y organizada por la Fundación Artemisan y la Fundación Bergara. El encuentro reunió a representantes de distintas comunidades autónomas para analizar las medidas que actualmente se están aplicando en España para controlar una especie cuya expansión parece no encontrar límites.

Según se puso de manifiesto durante la jornada, el jabalí ya ocupa alrededor del 95 % del territorio nacional, una realidad que obliga a las administraciones a diseñar estrategias específicas adaptadas a las características de cada región.

El jabalí se instala en las ciudades

Uno de los asuntos que más interés despertó entre los asistentes fue la creciente presencia de jabalíes en áreas urbanas. Josep María López Martín, subdirector general de Fauna Cinegética, Caza y Pesca Continental de la Generalitat de Cataluña, explicó cómo la especie ha encontrado en las ciudades un entorno especialmente favorable. «El jabalí se ha adaptado como ninguno a las zonas urbanas. Están llenas de zonas verdes y lo han sabido aprovechar», señaló durante su intervención.

© Shutterstock

El representante catalán puso como ejemplo la situación que desde hace años se vive en el entorno de la sierra de Collserola, junto a Barcelona, donde numerosos animales han perdido progresivamente el temor a las personas. «Se han acostumbrado en Collserola, están entre nosotros y atacan, abren piernas», advirtió.

La situación ha obligado a reforzar los programas de control en determinadas zonas donde la convivencia entre fauna silvestre y población resulta cada vez más complicada. López también destacó el papel que juega el aprovechamiento de la carne de caza como herramienta complementaria de gestión. «La mitad de los animales cazados en Cataluña van para comercio», explicó.

Madrid apuesta por la caza con arco

La Comunidad de Madrid presentó una de las experiencias más llamativas de la jornada. Pepe Lara Zafra, jefe del Área de Caza y Pesca de la administración regional, defendió la eficacia de la caza con arco para controlar poblaciones en zonas urbanas y periurbanas, donde el uso de armas de fuego puede resultar incompatible con las condiciones de seguridad. «La caza con arco es fundamental para las zonas urbanas y periurbanas. Hay que tener en cuenta que el tiro con arco es de arriba a abajo en la mayoría de situaciones», afirmó.

Un arquero practicando. © FAC

Los resultados obtenidos en los últimos años muestran el peso que ha adquirido esta modalidad dentro de los programas de gestión de la comunidad. «Ya se han capturado más de 1.000 ejemplares entre la A-1 y la A-6 en la Comunidad de Madrid», destacó.

Lara también reivindicó el papel de los cazadores en la gestión de la fauna silvestre. «Parece que los cazadores son el problema y no estoy de acuerdo. Si hay que bajar poblaciones deberíamos ser el primer recurso», aseguró. Como muestra de esa capacidad de actuación, recordó las intervenciones realizadas durante la pandemia. «En 2020, en un mes y en pleno COVID, quitamos más de 220 jabalíes muy cerca de la ciudad», señaló. Además, quiso responder a algunas de las críticas que habitualmente recibe la caza con arco. «El tiempo de muerte que hemos podido medir es de minuto y medio con arco y flecha. Tan letal como el plomo», afirmó.

Andalucía refuerza la vigilancia sanitaria

La dimensión sanitaria del problema fue abordada por Juan Ortegón, director del Instituto Andaluz de Caza y Pesca Continental, quien repasó las medidas preventivas desarrolladas por la Junta de Andalucía frente a enfermedades como la peste porcina africana (PPA). «En Andalucía se erradicó la PPA en 1995, pero desde entonces no hemos dejado de trabajar para controlar la enfermedad», explicó.

Ortegón defendió la importancia de mantener actuaciones permanentes y no limitar la vigilancia a momentos de emergencia. «La sensación es de continuidad de actuaciones», afirmó. Entre las medidas desarrolladas por la administración andaluza destacó los trabajos para eliminar poblaciones de cerdos asilvestrados presentes en determinadas zonas de Cádiz y Málaga. «Llevamos muchos años intentando erradicar poblaciones de cerdo salvaje en los montes de Cádiz y Málaga», señaló.

También recordó la rápida reacción de la Junta tras detectarse los primeros casos positivos en Cataluña. «En noviembre de 2025, cuando se dio el primer positivo en Cataluña, sacamos una nueva resolución de emergencia», explicó.

Un desafío que seguirá creciendo

Las intervenciones de los responsables autonómicos pusieron de manifiesto que no existe una solución única para gestionar las poblaciones de jabalí. Cada territorio requiere medidas adaptadas a sus circunstancias, aunque todos coinciden en la necesidad de actuar de forma continuada y coordinada.

La expansión de la especie, su adaptación a entornos urbanos, los daños que provoca en la agricultura y los riesgos asociados a enfermedades como la peste porcina africana seguirán condicionando buena parte de las políticas de gestión cinegética y sanitaria en los próximos años.

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