La expansión de la peste porcina africana (PPA) en Cataluña ha llevado a la Generalitat a endurecer su estrategia de control sobre el jabalí, una especie clave en la propagación del virus. En un contexto de nuevos positivos y con el sector porcino aún recuperándose, el Govern apuesta por aumentar la presión poblacional con medidas excepcionales que afectan directamente a la actividad cinegética.
El conseller de Agricultura, Òscar Ordeig, ha defendido en el Parlament que el objetivo sigue siendo claro: «El objetivo continúa siendo el de la contención de la PPA, en estos momentos a través de este proceso de vaciado sanitario en la zona alto y bajo riesgo». Una estrategia que pasa por reducir drásticamente la presencia de jabalíes en áreas críticas.
En paralelo, el precio del cerdo comienza a dar señales de recuperación tras el impacto del brote, situándose en 1,27 euros el kilo tras varias semanas al alza, aunque aún lejos de los niveles habituales del pasado año. El escenario, sin embargo, sigue siendo delicado. La detección de seis nuevos casos en jabalíes dentro de la zona de alto riesgo confirma que el virus continúa activo y obliga a mantener —e incluso intensificar— las medidas de control.
Más presión sobre el jabalí
Una de las principales líneas de actuación pasa por incrementar la presión cinegética. La Generalitat trabaja ya en la ampliación del periodo hábil de caza del jabalí, permitiendo que las capturas se extiendan durante más meses al año. Además, el Ejecutivo catalán estudia facilitar esta labor mediante ayudas directas a los cazadores, incluyendo formación específica y subvenciones para la compra de munición. El objetivo es claro: aumentar el número de animales abatidos para frenar la expansión de la enfermedad.
Esta medida responde a criterios técnicos y sanitarios, en línea con lo que Ordeig ha calificado como un necesario «vaciado sanitario» en las zonas afectadas. No es la única actuación en marcha. También se han reforzado infraestructuras físicas como vallados y cierres en puntos estratégicos, con especial atención a corredores naturales y zonas de tránsito del jabalí.
Blindaje del territorio y control del virus
El Govern ha desplegado un sistema de coronas perimetrales para contener el avance del virus, incluyendo una tercera zona más allá del área de bajo riesgo. En paralelo, se han reforzado más de 200 cierres en infraestructuras viarias y pasos de fauna.
Ordeig ha advertido que la expansión hacia zonas como Collserola era «previsible» debido a la continuidad del hábitat forestal. En este sentido, ha destacado que se ha logrado «blindar esta zona, tanto en la zona de Collserola-Besòs y Collserola-Llobregat».
Las autoridades también han puesto el foco en el cumplimiento de las restricciones de movilidad y en la colaboración ciudadana. «Cuanto mejor se haga y mejores condiciones podamos trabajar, se podrá ir más rápido y podremos levantar antes las restricciones», ha señalado el conseller. Al mismo tiempo, se investigan manipulaciones en los cierres instalados, que podrían derivar en sanciones si se confirman.
Impacto en granjas y bioseguridad
La situación también afecta directamente a las explotaciones porcinas, donde se han establecido tres niveles de bioseguridad según el riesgo. En las granjas situadas en la zona más crítica se ha ordenado el vaciado sanitario, acompañado de compensaciones económicas. En el resto, se han reforzado controles, inspecciones y posibles limitaciones de movimiento para evitar la propagación del virus.
El conjunto de medidas refleja la gravedad del momento. Cataluña se enfrenta a un brote que no solo pone en jaque al sector porcino, sino que obliga a replantear la gestión del jabalí como pieza clave en la contención sanitaria.
