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Un experto alerta del efecto de las colonias felinas en Málaga: su comida atrae avispas asiáticas, ratas y cucarachas

Imagen de una calle de Málaga en la que las avispas asiáticas comen el alimento para gatos. © Víctor Villalobos

La comida que se deja para alimentar a las colonias de gatos callejeros está atrayendo avispas asiáticas (Vespa velutina) en la ciudad de Málaga. Así lo muestran unas imágenes a las que ha tenido acceso Jara y Sedal, en las que pueden verse varios ejemplares acudiendo directamente al alimento colocado para los felinos en una zona habitada.

La escena añade otro elemento preocupante al debate sobre la gestión de las colonias felinas urbanas. El alimento que permanece disponible en la calle no solo puede ser aprovechado por los gatos, sino también por otros animales oportunistas. Víctor Villalobos, guarda rural, técnico de Medio Ambiente y director de Seguridad, considera que casos como el detectado en Málaga demuestran la necesidad de controlar dónde, cómo y en qué condiciones se alimenta a estas poblaciones.

«Una colonia de gatos no debería consistir simplemente en colocar comida en cualquier esquina y olvidarse del resto, afirma el experto. Cuando se dejan restos de alimento en la vía pública, además de atraer a los propios gatos, se puede favorecer la presencia de ratas, cucarachas, insectos y otros animales oportunistas. También pueden aparecer malos olores, suciedad, restos de comida, deposiciones y conflictos con los vecinos», explica a Jara y Sedal.

Avispas asiáticas acudiendo al alimento de los gatos

La presencia de Vespa velutina en este tipo de puntos cobra especial importancia por tratarse de una especie exótica invasora cuya expansión ha obligado a desarrollar diferentes programas de vigilancia y control. Su capacidad para aprovechar distintas fuentes de alimento hace que los recursos dejados de manera permanente en espacios urbanos puedan convertirse también en un foco de atracción para estos insectos.

Villalobos considera que situaciones como esta deben tenerse en cuenta a la hora de decidir dónde instalar los puntos de alimentación y cómo mantenerlos. «No podemos esperar a que aparezcan plagas, malos olores o problemas de convivencia para empezar a actuar», sostiene. «La prevención siempre será más eficaz que tener que solucionar después un problema que se ha dejado crecer durante meses o incluso años». El experto insiste en que alimentar a los animales sin un seguimiento posterior no puede considerarse por sí solo una gestión adecuada de una colonia.

«Proteger a un animal no significa que tengamos que ignorar al resto»

Villalobos deja claro que su planteamiento no pretende enfrentar la protección animal con la conservación de la naturaleza ni cuestionar el bienestar de los propios gatos. «Aquí no se trata de estar a favor o en contra de los gatos. Se trata de hacer las cosas bien», afirma. Y añade: «Proteger a un animal no significa que tengamos que ignorar al resto de animales ni el entorno en el que vivimos».

Uno de los aspectos sobre los que pone especialmente el foco es el impacto que pueden producir los gatos que viven libremente sobre otras especies. «Los gatos asilvestrados pueden depredar aves, pequeños mamíferos, reptiles y otras especies. En determinados lugares, especialmente cerca de zonas naturales, parques, jardines, humedales o espacios con presencia de fauna, este impacto no debería ignorarse».

Por ello, defiende que las colonias estén sometidas a una gestión continuada y no únicamente a la aportación de alimento. «Una gestión responsable debería incluir el control de las colonias, esterilización, seguimiento, alimentación en lugares adecuados, limpieza, control sanitario y de parásitos y, sobre todo, una vigilancia que permita detectar rápidamente cualquier problema».

La cuestión adquiere todavía mayor importancia cuando estas poblaciones se encuentran dentro de ciudades como Málaga y en lugares muy próximos a viviendas o espacios frecuentados por personas. «También hay que prestar especial atención cuando estas colonias se encuentran junto a colegios, parques infantiles, zonas residenciales, centros sanitarios o lugares de gran afluencia de personas», advierte.

Un gato callejero de Málaga. © Víctor Villalobos

Los gatos callejeros también pueden dispersar parásitos

La advertencia de Villalobos llega además después de que Jara y Sedal se hiciera eco recientemente de una investigación que vuelve a poner sobre la mesa otro de los problemas asociados a las poblaciones de gatos que viven libremente: su papel como reservorio y dispersor de determinados parásitos que afectan a los humanos.

El estudio, publicado el pasado 8 de julio en la revista científica PLOS One, analizó muestras de 87 gatos que deambulaban libremente por Nueva York y encontró que el 57,5 % estaba infectado por al menos una especie de endoparásito. La investigación fue realizada por científicos de la Shreiber School of Veterinary Medicine de la Universidad de Rowan y del Lewyt College of Veterinary Medicine de la Universidad de Long Island.

Los animales habían sido capturados entre mayo y julio de 2023 dentro de un programa de captura, esterilización y retorno. Los investigadores analizaron muestras de heces y sangre y comprobaron que el 54 % de los gatos presentaba huevos de Toxocara. También encontraron Ancylostoma en el 13,8 % de los ejemplares y coccidios en el 11,5 %. Además, el 21,8 % albergaba simultáneamente dos o más especies de parásitos.

El problema no termina en el propio animal. Los huevos de Toxocara pueden alcanzar el suelo a través de las heces y permanecer allí durante largos periodos, de manera que parques, jardines, solares y otros espacios urbanos pueden quedar contaminados. La toxocariasis humana se produce precisamente cuando una persona ingiere accidentalmente huevos infectivos presentes en suelo u otros materiales contaminados, un riesgo de especial interés en espacios utilizados por niños.

Del problema sanitario al impacto sobre la biodiversidad

La literatura científica ha documentado también numerosos efectos de los gatos domésticos y asilvestrados que viven en libertad sobre la fauna silvestre. Como ya informó este medio, diferentes investigaciones han analizado su impacto sobre aves, pequeños mamíferos, reptiles y otras especies. Un estudio desarrollado en Tenerife sobre más de 200 lagartos en el entorno de 22 colonias felinas concluyó que la presencia de estas poblaciones reducía la abundancia y el tamaño corporal del lagarto tizón.

Otros trabajos realizados en la Península Ibérica han encontrado además circulación de distintos virus entre gatos domésticos libres y gatos monteses, planteando la posible existencia de reservorios compartidos y la necesidad de reforzar la vigilancia sanitaria. Ese conjunto de evidencias es precisamente el que lleva a Villalobos a reclamar que el debate no se limite exclusivamente al bienestar de los gatos. «Desde el ámbito de la seguridad y del medio ambiente debemos defender una idea muy sencilla: protección animal sí, pero acompañada de responsabilidad, control y respeto por el medio ambiente y por los vecinos».

Para el guarda rural, una correcta política municipal debe ir mucho más allá de alimentar y esterilizar. «Porque una buena política de colonias felinas no consiste únicamente en alimentar y esterilizar. Consiste en gestionar, controlar, limpiar, prevenir y evaluar las consecuencias». «Y si algo no funciona, habrá que reconocerlo y corregirlo», añade.

Villalobos resume su posición con una última reflexión: «Ni abandono ni descontrol. Ni enfrentamiento entre vecinos y animalistas. Lo que hace falta es gestión, sentido común y responsabilidad».

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