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Cazan un jabalí medalla de plata en un pueblo de Salamanca

Asier con el jabalí plata. © A. G.

Asier García Hernández vuelve a compartir con los lectores de Jara y Sedal una de sus noches de espera en Salamanca. El cazador, que comenzó el año abatiendo un extraordinario jabalí de 155 kilos y en abril protagonizó otra historia por los largos colmillos de un segundo ejemplar, ha conseguido hacerse ahora con un nuevo macareno tras varias horas sin observar movimiento.

El lance tuvo lugar el pasado 10 de octubre en una finca salmantina. Hacía frío y soplaba bastante aire, unas condiciones que no le hacían albergar demasiadas esperanzas. «De esas noches que sabes que la caza no se mueve», describe en el relato que ha enviado a esta revista. Aun así, decidió permanecer en el puesto.

Tres horas hasta ver al jabalí entre las encinas

Llevaba unas tres horas esperando cuando distinguió un jabalí entre las carrascas de encina. El animal estaba muy tapado por la vegetación y Asier descartó disparar en esas condiciones. «No quise tirarlo por la dificultad del lance», explica. Con la intención de encontrar una oportunidad, se aproximó a un pequeño claro por el que esperaba que pudiera aparecer. Allí permaneció alrededor de quince minutos, pero el cochino no salió. Finalmente, optó por regresar al lugar donde había estado sentado.

Fue durante ese regreso cuando cambió la situación. Antes de alcanzar de nuevo su sitio, volvió a mirar hacia el claro y descubrió que el jabalí ya estaba allí, inmóvil junto a una carrasca. Según recuerda, «parecía una estatua».

El jabalí recién cobrado. © A. G.

Una aproximación con el viento de cara

El aire, que había acompañado toda la espera, jugaba entonces a su favor: lo recibía de cara. Asier decidió acercarse y fue recortando la distancia hasta situarse a unos 60 metros, momento en el que se dispuso a resolver el lance. Según su testimonio, el primer disparo alcanzó al animal en la caja torácica, aunque este emprendió una rápida carrera. El cazador efectuó un segundo disparo que, de acuerdo con su relato, también impactó en la caja. El jabalí cayó a unos 30 metros.

Al observarlo a través del visor ya había advertido que se encontraba ante un gran macareno. Asier señala que su trofeo da plata, una valoración que comparte con esta revista, aunque no cuenta con una homologación oficial.

Los colmillos del jabalí listos para rellenarlos y montarlos en una tabla. © A. G.

Un año de grandes lances para el esperista salmantino

El nombre de Asier resultará familiar a quienes siguen las historias de caza de Jara y Sedal. El pasado 3 de enero abatió en una finca de Valverde, en Salamanca, un jabalí que alcanzó los 155 kilos en la báscula. Aquella captura protagonizó una noticia publicada pocos días después.

Asier con el enorme jabalí que cazó el 3 de enero. @ A. G.

En abril volvió a aparecer en estas páginas con otro ejemplar de largos colmillos, al que había seguido durante meses. En aquella ocasión relató cómo los recelos del animal le habían obligado a cambiar de estrategia después de varias jornadas sin conseguir culminar el lance.

Asier con el jabalí que cazó en abril. © A. G.

Esta vez, la oportunidad llegó después de tres horas de espera y cuando ya regresaba a su asiento tras intentar localizar al cochino en un claro. Su reflexión al recordar lo ocurrido resume la ilusión que mantiene por esta modalidad: «Llevo muchos años de esperista» y «estos bichos nunca me dejan de sorprender».

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