A mediados de agosto, la entidad conservacionista WeWhale avistó a Toñi, la orca ibérica más longeva de la población del Estrecho de Gibraltar y el golfo de Cádiz, con varias perforaciones en la aleta dorsal compatibles, según ellos «con disparos de perdigones». Lo que empezó como una alerta de campo se ha convertido en una investigación penal: el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) ha remitido a la Fiscalía de Medio Ambiente un oficio de traslado de información por un posible delito contra fauna protegida, y ha solicitado a la Unidad Central Operativa de Medio Ambiente (UCOMA) de la Guardia Civil que identifique a los presuntos responsables, compruebe la situación administrativa relacionada con la tenencia y uso de armas y elabore un informe pericial balístico. Los indicios disponibles apuntan a una embarcación de bandera española que habría realizado los disparos en aguas portuguesas.
Toñi pertenece a una subpoblación catalogada en peligro crítico de extinción. Disparar contra un ejemplar de esta especie es un presunto delito contra la fauna protegida con consecuencias penales y administrativas graves. Mientras la pericia balística de la Guardia Civil determinará oficialmente el tipo exacto de munición, el número y la distribución de los impactos observados en la aleta dorsal y el lomo del animal apuntan, a juicio de lsrael Hernández, director de Jara y Sedal y experto en munición, a «un cartucho de postas disparado a muy corta distancia».
Qué son las postas y por qué están prohibidas para cazar
Quien no sea del mundo de la caza puede confundir postas con perdigones, pero son cosas distintas. Un perdigón es un proyectil esférico de pequeño diámetro, el que se usa habitualmente para cazar perdiz, codorniz o conejo. Una posta es otro animal: se considera posta todo proyectil esférico introducido en un cartucho de escopeta cuyo diámetro supera los 5 milímetros —o cuyo peso unitario es igual o superior a 2,5 gramos, según la definición que manejan varias normativas autonómicas—. En la práctica, un cartucho de postas del tipo más común lleva nueve proyectiles de gran calibre, cada uno con una energía de impacto muy superior a la de cualquier perdigón convencional. Ese número de proyectiles y esa distribución de heridas es precisamente lo que los especialistas consultados por este medio consideran compatible con lo observado en Toñi.
El uso de munición cargada con postas para la práctica de la caza está completamente prohibido en todas las comunidades autónomas españolas. La razón es doble: por un lado, la posta pierde energía muy rápidamente con la distancia y se dispersa de forma impredecible, lo que la convierte en un proyectil peligroso para otros cazadores y para el entorno; por otro, a distancias medias o largas deja a las piezas heridas sin posibilidad de cobrarlas, algo que contradice los principios básicos de la caza responsable. Su uso queda circunscrito al uso militar y a la defensa personal por su letalidad a corta distancia. En España, comprarlas en una armería es legal, pero usarlas en el campo para cazar es una infracción grave que puede acarrear multas de cientos a miles de euros según la comunidad autónoma.
Hay otro dato técnico que los expertos en balística cinegética del equipo de Jara y Sedal consideran revelador. Según su director, Israel Hernández: «las postas, al salir del cañón de una escopeta de ánima lisa, empiezan a dispersarse en el aire de forma progresiva. Cuanto más lejos viajan, más se abren. Eso significa que a distancias largas los proyectiles llegan tan separados que resultan ineficaces e impredecibles. Por eso, los orificios que se observan en la aleta de la orca proceden de un disparo producido, como máximo, a unos 20 metros. Eso quiere decir que quien apretó el gatillo estaba prácticamente al lado del animal».
La investigación oficial: Fiscalía, Guardia Civil y coordinación con Portugal
Las actuaciones del MITECO arrancaron el 13 de agosto, en cuanto los agentes medioambientales de la Subdirección General de Biodiversidad Terrestre y Marina recibieron la información de WeWhale sobre el avistamiento de Toñi con heridas en la aleta dorsal. Desde entonces, el ministerio ha desarrollado diligencias propias y ha mantenido contacto con las autoridades portuguesas, dado que los indicios sitúan el presunto disparo en aguas bajo jurisdicción de Portugal. La directora general de Biodiversidad, Bosques y Desertificación, María Jesús Rodríguez de Sancho, ha mantenido contacto con su homólogo portugués, Nuno Miguel Soares Banza, presidente del Consejo de Administración del Instituto para la Conservación de la Naturaleza y los Bosques de Portugal, para coordinar las pesquisas entre ambos países.
A la UCOMA se le ha pedido, además de la pericia balística, que identifique a los presuntos responsables, tome declaración si procede y compruebe la situación administrativa y documental relacionada con la tenencia y utilización de armas a bordo de la embarcación señalada. El informe pericial será la pieza clave: determinará el tipo exacto de munición, el calibre, el número de proyectiles y, en la medida en que sea posible, la distancia aproximada del disparo. Mientras ese dictamen no esté publicado, la identificación de las postas como munición empleada es una hipótesis técnica fundamentada, no una conclusión oficial. La ministra para la Transición Ecológica y vicepresidenta del Gobierno, Sara Aagesen, ha subrayado que el ministerio seguirá colaborando con Fiscalía, Guardia Civil y autoridades portuguesas para que los hechos no queden impunes. Toñi y su grupo han sido avistados estos días en aguas gallegas y las heridas, según los indicios disponibles, evolucionan favorablemente.
Las orcas y sus ataques a las embarcaciones
Para entender por qué alguien pudo llegar a disparar a una orca desde una embarcación, hay que conocer lo que lleva ocurriendo en las costas atlánticas desde 2020. Ese año, un grupo de orcas ibéricas comenzó a embestir embarcaciones de recreo, en particular veleros, atacando los timones con una sistematicidad que ha dejado decenas de barcos sin gobierno y ha hundido al menos varios de ellos. Solo en julio de 2026, un velero quedó sin timón frente a Estaca de Bares (A Coruña) tras ser golpeado repetidamente hasta sufrir una vía de agua que terminó con su hundimiento, y sus dos ocupantes tuvieron que ser rescatados por otra embarcación. El 31 de agosto, apenas dos días antes de que el MITECO hiciera pública la investigación sobre Toñi, Salvamento Marítimo tuvo que escoltar a otro velero con el timón destrozado en las proximidades de la Ría de Vigo tras una nueva acometida.
Desde 2020 se han documentado más de 500 interacciones entre orcas ibéricas y embarcaciones en aguas de la Península. Los investigadores debaten si se trata de un comportamiento lúdico que se ha extendido entre los grupos o de una respuesta aprendida frente al acoso histórico de la flota pesquera. Lo que no está en discusión es que los daños materiales son reales y que la alarma entre los navegantes es creciente. Eso podría explicar el clima de tensión en el que se produjo el presunto disparo.
