El vídeo fue grabado hace meses, después de que las llamas arrasaran los alrededores de Fasgar, una pequeña localidad de León, pero su mensaje ha recuperado ahora toda su vigencia. Mientras numerosos incendios vuelven a golpear el territorio español, las palabras de uno de sus vecinos más veteranos se han convertido en una dura advertencia sobre las consecuencias del abandono rural.
Ante las cámaras del programa Y ahora Sonsoles, de Antena 3, el anciano comparaba el paisaje que había conocido durante toda su vida con el escenario desolador dejado por el fuego. No hablaba desde un despacho ni manejaba estadísticas: relataba lo que había visto cambiar en el monte con el paso de los años. «Antes estaba muy hermoso, todo florido, un monte precioso, y ahora está negro con la piel del oso, un desastre como éste nunca», lamentaba mientras contemplaba el terreno calcinado.
@yahorasonsoles 🟠 Los vecinos de Fasgar, León, aseguran no haber visto un incendio así nunca. 📲 Al completo #atresplayer. \\\\\\\\\\ 📺 ‘YAS Verano’ todas las tardes con Pepa Romero en Antena 3 a partir de las 17:00h. 👉 WhatsApp del programa en la descripción del perfil. #YAS #Incendio #León #Fasgar #QueVer #TeleEnTikTok ♬ sonido original – Yahorasonsoles
Un testimonio que vuelve a estar de actualidad
La reflexión cobra especial relevancia en plena oleada de incendios forestales. El fuego de La Mierla, en la Sierra Norte de Guadalajara, ha superado las 35.000 hectáreas y se ha convertido en el mayor registrado en la historia de Castilla-La Mancha y en uno de los más extensos de España en lo que va de siglo. Las llamas obligaron a evacuar a unos 1.500 habitantes de decenas de pequeños pueblos y pedanías.
A este incendio se han sumado otros focos en Selas, Almorox, Villa del Prado, Huelva y distintos puntos de Castilla y León. Según las estimaciones del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales, España rondaba ya el 22 de julio las 120.000 hectáreas quemadas durante 2026.
Este escenario ha devuelto a las redes sociales el vídeo grabado en Fasgar. Aunque aquellas declaraciones se produjeron en septiembre de 2025, describen un debate que se repite cada verano: el papel de la gestión forestal, la ganadería extensiva, los aprovechamientos tradicionales y el abandono de los pueblos en la prevención de los grandes incendios.
«Antes estaban siempre los montes limpios»
El vecino recordaba que, años atrás, los habitantes participaban directamente en el cuidado del territorio y podían realizar quemas controladas bajo la supervisión de los guardas. Aquellos trabajos, según explica, permitían eliminar parte de la vegetación acumulada antes de la llegada del verano.
«Antes se quemaban cosas o así, venían los guardas, ayudaban a quemar un trozo o algo, y siempre los montes limpios», aseguraba. Con estas palabras no cuestionaba la necesidad de proteger la naturaleza, sino unas normas y una burocracia que, en su opinión, han terminado apartando de los montes a quienes vivían de ellos y los cuidaban durante todo el año.
Montes sin ganado y pueblos sin recursos
El anciano también hacía referencia a la desaparición de la ganadería extensiva. Las vacas, ovejas y cabras no solo proporcionaban sustento a las familias: al consumir pastos, matorral y vegetación baja contribuían a reducir parte del combustible disponible en el monte. «Y ahora no dejan hacer nada, es un desastre», lamentaba. Después explicaba que el municipio obtenía ingresos mediante el aprovechamiento de los terrenos comunales: «Teníamos los montes arrendados para que el pueblo sacara los beneficios para ayudas del pueblo, y ahora pues no pueden venir porque no hay donde echar hierba y arrime el morro la vaca».
Sus palabras reflejan una realidad repetida en numerosos territorios: menos ganadería, menos aprovechamientos forestales y una población rural cada vez más reducida. Cuando desaparecen quienes limpian, pastorean, cortan leña o mantienen caminos y puntos de agua, la vegetación continúa acumulándose y puede favorecer la propagación de las llamas cuando se produce un incendio.
Meses después de aquella entrevista, y con miles de hectáreas convertidas nuevamente en ceniza, el testimonio de este hombre de campo vuelve a escucharse como una advertencia. Su mensaje es sencillo: proteger el monte no consiste únicamente en impedir que se toque, sino también en mantenerlo vivo, trabajado y vinculado a los pueblos que lo han cuidado durante generaciones.
