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Álvaro Olivares Moreno, veterinario y profesor de etología: «Cuando estamos contentos, nuestro perro aprende mejor»

© Shutterstock

Hay días en los que un perro parece responder a la primera llamada y otros en los que se muestra distraído o menos dispuesto a colaborar. Aunque muchos propietarios atribuyen ese comportamiento al carácter del animal o a un simple mal día, la ciencia apunta en otra dirección. Un estudio reciente realizado por investigadores del Instituto Max Planck concluye que el estado emocional de las personas puede influir directamente en la forma en que sus perros aprenden y obedecen.

Las conclusiones del trabajo han sido explicadas por Álvaro Olivares Moreno, profesor titular de Etología, Bienestar y Producción Animal en la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, en un artículo publicado por The Conversation. Según expone el experto, cuando los propietarios se encuentran alegres, los perros completan con mayor éxito las tareas que se les plantean. Por el contrario, cuando atraviesan un estado de tristeza, los animales prestan menos atención y responden peor a determinadas órdenes. Un hallazgo que refuerza la estrecha conexión emocional que existe entre ambos.

Un experimento con emociones reales

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores trabajaron con 77 perros y sus propietarios. Primero enseñaron a los animales una tarea sencilla consistente en rodear un cono y regresar junto a su dueño. Después, los propietarios visualizaron vídeos preparados para provocar sentimientos de felicidad, tristeza o un estado emocional neutro antes de repetir el ejercicio con sus mascotas.

A diferencia de otras investigaciones anteriores, en esta ocasión las emociones no eran fingidas por actores, sino que eran experimentadas realmente por los participantes. Eso permitió obtener unos resultados mucho más cercanos a las situaciones que se producen en la vida cotidiana. Los datos fueron claros. Cuando los propietarios estaban contentos, los perros realizaban mejor la tarea. Sin embargo, tras inducir un estado de tristeza, los animales miraban menos a sus dueños y obedecían con menor eficacia algunas de las indicaciones recibidas.

Los perros interpretan constantemente nuestras señales

En su artículo, Olivares Moreno recuerda que los perros llevan miles de años conviviendo con el ser humano y que, durante ese proceso de domesticación, han desarrollado una capacidad extraordinaria para interpretar nuestras señales sociales. Son capaces de detectar cambios en la mirada, el tono de voz, la postura corporal e incluso anticipar algunas de nuestras intenciones antes de que pronunciemos una palabra.

El profesor explica que esto no significa necesariamente que comprendan nuestras emociones igual que lo hace otra persona. De hecho, la investigación no encontró evidencias de que los perros intentaran consolar más a los propietarios que estaban tristes ni de que mostraran una mayor conducta de ayuda. Lo que sí demuestra el estudio es que perciben perfectamente que algo ha cambiado y adaptan su comportamiento a esas variaciones.

Un mensaje útil para cualquier propietario

La explicación puede encontrarse en pequeños detalles que muchas veces pasan desapercibidos. Cuando una persona está contenta suele hablar con un tono más agradable, sonreír con mayor frecuencia, moverse con más energía y prestar más atención a su entorno. En cambio, cuando está preocupada o triste, esos patrones cambian de forma inconsciente.

Los perros no necesitan comprender conceptos complejos como la tristeza o la felicidad para responder de forma diferente. Les basta con detectar esos cambios en nuestro comportamiento, algo para lo que están especialmente preparados tras miles de años de convivencia con las personas.

La principal enseñanza de este trabajo es que la educación y el adiestramiento de un perro no dependen únicamente de las órdenes que recibe, sino también del estado emocional de quien las transmite. Una conclusión que puede resultar especialmente útil tanto para propietarios como para educadores caninos y profesionales que trabajan con perros de asistencia, ya que pone de manifiesto que la comunicación entre ambos funciona siempre en los dos sentidos. Como resume Álvaro Olivares Moreno en el título de su análisis publicado en The Conversation, «cuando estamos contentos, nuestro perro aprende mejor».

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