A simple vista, cualquiera podría confundirlo con un pepino o un calabacín. Su forma alargada, su piel verde y las pronunciadas estrías que recorren el fruto alimentan el equívoco. Sin embargo, el ejemplar mostrado por Raíces del Cerrato pertenece a una antigua variedad de melón que todavía sobrevive en algunas huertas tradicionales españolas: el alficoz.
«Esto no es un pepino gigante y probablemente nunca lo hayas visto», comienza explicando la protagonista del vídeo publicado por este proyecto rural de Castilla y León. En las imágenes sostiene un ejemplar de gran tamaño mientras descubre las características de una hortaliza desconocida para buena parte de la población.
Un melón que se come como un pepino
El alficoz (Cucumis melo var. flexuosus), también llamado cohombro, melón serpiente o pepino armenio, pertenece botánicamente a la misma especie que el melón, aunque se recolecta cuando todavía está inmaduro y se consume como una verdura.
Según una ficha del Ministerio de Agricultura, sus frutos pueden alcanzar un metro de longitud o incluso superarlo. Normalmente son curvados, presentan surcos longitudinales y esconden una carne blanca o verdosa, crujiente, acuosa y poco dulce. «Aunque parece y sabe a pepino, es en realidad una variedad de melón», señala la agricultora. También destaca que su sabor es «mucho más suave y dulce» que el del pepino y que, según explica, no amarga y resulta más fácil de digerir para muchas personas.
La recolección temprana es esencial. Si se deja madurar, su carne cambia de color y adquiere aroma, pero tradicionalmente se ha consumido inmaduro, cortado en rodajas y preparado de una forma muy similar al pepino.
Una superviviente de las huertas tradicionales
El alficoz se cultiva desde hace centenares de años en diferentes puntos de la cuenca mediterránea. En España ha estado especialmente vinculado a las huertas levantinas, aunque el conocimiento tradicional recogido por el Ministerio de Agricultura también documenta su presencia bajo diferentes nombres en otras regiones.
La variedad procede de los tipos de melón domesticados en Asia que posteriormente se extendieron por el Mediterráneo. Actualmente continúa cultivándose desde Marruecos hasta la India, pasando por Turquía, el norte de África y Oriente Próximo, aunque en España ha quedado relegada principalmente a huertas familiares, pequeñas explotaciones y proyectos de recuperación de semillas tradicionales.
Raíces del Cerrato, una iniciativa creada para revitalizar la vida rural de Castilla y León mediante la tradición, la sostenibilidad y la innovación, cultiva este tipo de productos en su propia huerta. «La verdad, no entendemos por qué dejó de cultivarse tanto», reconoce la protagonista.
Su textura crujiente y su abundante contenido en agua lo convierten en un alimento especialmente refrescante durante los meses de calor. «Nosotros lo tomamos sobre todo en ensalada», explica antes de anunciar que seguirán mostrando otras variedades tradicionales que todavía conservan en su huerta y que, como el alficoz, han ido desapareciendo silenciosamente del campo español.
