La temporada de siembra ha arrancado en el campo madrileño justo cuando los tribunales han decidido dejar sin caza a nueve especies de aves. La coincidencia no ha sentado nada bien entre los agricultores, que ven en la medida un riesgo añadido para un cultivo, el del cereal, que ya arrastra tensiones por el precio de los insumos y el combustible.
El cereal, bajo presión en el peor momento
ASAJA Madrid ha trasladado su preocupación por la suspensión cautelar que afecta a la caza de nueve especies de aves en la región, justo cuando buena parte de los agricultores ya ha sembrado o está a punto de hacerlo. La organización agraria recuerda que el cereal es el cultivo principal del territorio madrileño y que su viabilidad depende de un equilibrio frágil: a los costes de producción y a la climatología se suma ahora la acción de especies que, en los campos, se comportan como una plaga más.
Francisco José García, presidente de ASAJA Madrid, ha resumido el temor del sector con una idea sencilla: la presencia de determinadas aves «puede ocasionar daños importantes al alimentarse de las semillas recién sembradas, con las consiguientes pérdidas económicas para los agricultores». García añade que «no podemos ignorar una realidad que quienes trabajamos la tierra conocemos de primera mano», en referencia al daño que causan las aves granívoras justo después de la siembra.
La paloma bravía, el enemigo silencioso del cereal
Entre las nueve especies afectadas, la paloma bravía concentra buena parte de la inquietud agraria. Sus bandos se posan sobre las tierras recién sembradas y pueden hacer auténticos estragos que muchas veces pasan desapercibidos, ya que la semilla que se comen, obviamente, no llega ni a nacer.
Ese carácter invisible es precisamente lo que más preocupa a ASAJA Madrid. La organización reclama diálogo y criterios técnicos para gestionar especies que, según defiende, generan problemas concretos en determinados entornos agrícolas, y plantea una pregunta que de momento no tiene respuesta: quién asumirá el coste si la ausencia de control cinegético se traduce en pérdidas reales sobre el terreno.
Un auto que paralizó la caza de nueve aves en pleno inicio de temporada
El origen de la polémica está en el auto dictado el 6 de octubre por la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, que suspendió cautelarmente la caza de la perdiz roja, la becada, la codorniz común, el zorzal alirrojo, el zorzal real, la paloma zurita, la paloma bravía, la corneja negra y la urraca, tal y como adelantó entonces Jara y Sedal. La resolución responde a un recurso de SEO/BirdLife contra la Orden 2511/2026, de 25 de junio, de la Consejería de Medio Ambiente, Agricultura e Interior, que fijaba los periodos hábiles de caza para la temporada 2026-2027.
La medida se adoptó de forma urgente y sin dar audiencia previa a la Comunidad de Madrid, una circunstancia que ya generó dudas jurídicas sobre su alcance y que Jara y Sedal explicó con detalle a través de fuentes jurídicas consultadas por este medio. La suspensión afecta al periodo hábil comprendido entre el 8 de octubre de 2026 y el 31 de enero de 2027, así como a los pasos tradicionales previstos entre el 15 de octubre y el 15 de noviembre, con la única excepción de las cacerías de suelta autorizadas y de las que se celebren en cotos comerciales, donde solo pueden abatirse los ejemplares soltados.
El sector agrario, entre la biodiversidad y la viabilidad de las explotaciones
ASAJA Madrid insiste en que respeta la necesidad de proteger la biodiversidad, pero defiende que la gestión de la fauna no puede ignorar la realidad del sector agrario ni dejar al agricultor como único responsable de las consecuencias económicas de una decisión judicial que no ha tenido en cuenta su calendario de trabajo. La organización estudia ahora qué pasos dar para defender al colectivo sin cuestionar la protección de las especies, mientras la medida cautelar sigue en vigor a la espera de que la Comunidad de Madrid presente alegaciones y el procedimiento avance hacia una resolución sobre el fondo.
De momento, la incertidumbre convive con la campaña de siembra. Mientras unos litigan sobre el estado de conservación de nueve especies de aves, los agricultores madrileños miran sus parcelas recién sembradas sabiendo que, si los bandos de palomas hacen su trabajo, el daño no se verá hasta que sea demasiado tarde para remediarlo.
