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Un agricultor intenta construir una casa para su hijo en su finca pero la Justicia se lo prohíbe: el tribunal explica el motivo

Casa de campo. © Archivo

Un agricultor alemán no podrá construir una nueva vivienda para su hijo mayor en los terrenos de la explotación familiar. La Justicia ha rechazado su solicitud al considerar que la finca ya cuenta con espacio habitable suficiente y que fue el propio propietario quien generó la necesidad de levantar otra casa al permitir que distintos familiares ocuparan las viviendas disponibles.

Según la información publicada por el medio especializado Agrarheute, la explotación dispone actualmente de cuatro viviendas. El agricultor y su esposa residen en una de ellas y conservan un derecho de usufructo vitalicio. Otra está ocupada por una hermana del propietario, que se trasladó allí para cuidar de su madre, mientras que los suegros viven en una tercera.

En la cuarta casa reside el hijo mayor, actual propietario y futuro responsable de la explotación, junto con su hermano menor. Pese a ello, el agricultor solicitó autorización para levantar una nueva vivienda en otra parcela de su propiedad situada al sur del conjunto residencial.

La Administración rechazó inicialmente la licencia de obras y el afectado acudió a los tribunales para tratar de obtenerla.

Alegó que su hijo necesitaba vivir junto a la explotación

El agricultor defendió que la nueva vivienda estaba vinculada directamente a la continuidad de la actividad agraria. Según su argumento, su hijo, como sucesor y nuevo gerente de la finca, debía permanecer de manera estable en la explotación para atenderla y vigilar la maquinaria ante posibles robos o incendios.

La normativa urbanística alemana permite determinadas construcciones en suelo exterior cuando resultan necesarias para el funcionamiento de una explotación agrícola. Sin embargo, el tribunal que estudió el caso concluyó que esa necesidad no había quedado acreditada.

La resolución señaló que las cuatro viviendas existentes ofrecían espacio suficiente para garantizar la continuidad de la finca durante varias generaciones. Por este motivo, consideró que la nueva casa no podía justificarse como una construcción imprescindible para la actividad agraria.

La cesión de las viviendas resultó decisiva

Uno de los principales argumentos de la sentencia fue que el propietario había entregado voluntariamente parte del espacio disponible a otros miembros de la familia.

El tribunal sostuvo que el agricultor había cedido la explotación a su hijo sabiendo que no habría una vivienda independiente disponible para él. También consideró que, al permitir que su hermana y sus suegros ocuparan dos de las casas, había reducido por decisión propia el espacio residencial destinado a la finca.

El afectado recurrió la decisión. En su apelación explicó que no había retirado esas viviendas de manera definitiva del uso agrario, sino que las había cedido temporalmente a familiares que las necesitaban. También defendió que este tipo de ayuda constituye una forma habitual de solidaridad dentro de las familias dedicadas al campo.

El tribunal de apelación, sin embargo, confirmó el criterio de la primera resolución. Según el fallo, la explotación seguía contando con suficiente espacio habitable y la necesidad de construir una quinta casa solo había aparecido como consecuencia de las cesiones realizadas por el propietario.

La Justicia concluyó así que el agricultor no podía utilizar una necesidad creada por sus propias decisiones familiares para justificar una nueva edificación en los terrenos de la explotación. La licencia de obras quedó, por tanto, definitivamente rechazada dentro del procedimiento descrito por el citado medio.

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