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Superbocata de jabalí, el almuerzo perfecto para un día de caza

El superbocata de jabalí ideado por el chef David Montes. © David Montes

No hace mucho se me acusó de ser un «cocinero de bocadillos» en las redes sociales a raíz de una pequeña sección que tengo en un programa sobre el mundo rural de la televisión autonómica asturiana y en la que, en dos o tres episodios y en apenas cinco minutos, preparaba un pincho. Esto me hizo reflexionar. Mis haters hablaban de los bocadillos de manera despectiva, cuando desde el ‘maldito’ Netflix nos bombardean con infumables series de comida callejera vendiendo las bondades de ese tipo de cocina desde lo cool y el modernismo antropológico. Mientras, nuestros bocatas de toda la vida son denostados, aun siendo la auténtica identidad patria. De norte a sur y de este a oeste sabemos en qué punto de nuestro mapa estamos con un simple vistazo a los montaditos, tostas, pinchos, emparedados o bocadillos expuestos en las barras de los bares. 

Desde mi cocina en Asturias, este es mi homenaje al bocata de toda la vida, el del crío que se zampa media barra para merendar al salir de clase antes de ir a jugar al balón o coger la escopeta de balines, al pincho de media mañana del obrero sentado en una bovedilla en la obra y, sobre todo, a nuestro tentempié en el puesto de caza que comemos a cara de perro atentos a que en cualquier momento nos avisen por la emisora de que los guarros vienen hacia nosotros con los grifones pisándoles los talones.

Carne de jabalí. © Shutterstock.

Carne de jabalí, energía para el día

Para mí el bocadillo del día de caza es una liturgia obligada desde el día antes o la misma mañana, dependiendo del ingrediente principal.Y si es con carne de caza, mejor. Os traigo el que es para mí el bocata de bocatas en el monte. Lo llamo el superbocata: lomo de jabalí salpimentado y adobado con ajo y perejil pasado por la sartén en abundante aceite.

Una vez frito, colocamos las setas más potentes que tengamos. Yo uso de cardo por su textura más que por el sabor, pero si no dispongo de ellas recurro a boletus, níscalos o perrechicos. A continuación, y en la misma sartén, tuesto las rebanadas del pan para que empape bien.

Para montarlo preparo la base con los filetes sobre los que coloco primero el queso y después las setas, tapo con la otra rebanada y envuelvo en papel aluminio para que el queso se funda poco a poco. Según con qué pie me haya levantado puedo añadirle pimientos de piquillo, que aportan jugosidad, o alguna salsa como mayonesa, chimichurri o César, además de cebolla cruda, tomate o lechuga.

En resumen, un bocata hecho a gusto del cazador que vaya a devorarlo. Viva los bocadillos, el pringue en las manos, las barras de los bares y las tortillas metidas en bollos de pan a media mañana, ¡copón! Salud, compañeros. 

Ingredientes

       
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