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¿Por qué ladran los corzos?

Un corzo ladrando. © Shutterstock

El corzo (Capreolus capreolus) es uno de los ungulados más esquivos de la fauna europea, pero también uno de los más expresivos. Quienes frecuentan el campo lo saben bien: su característico ladrido rompe el silencio del monte y delata su presencia. Lejos de ser un simple sonido, esta vocalización encierra un complejo sistema de comunicación.

Ese sonido grave, conocido como ‘ladra‘, es uno de los comportamientos más singulares de la especie. No todos los animales lo emiten ni lo hacen del mismo modo, y su uso varía en función del contexto. Durante años, científicos y observadores han tratado de descifrar qué hay detrás de este peculiar aviso sonoro. Podemos decir, en términos generales, que los corzos ladran por dos grandes motivos: alertar de un peligro o marcar su territorio, especialmente en el caso de los machos.

Un aviso frente al peligro… pero con matices

Cuando un corzo detecta una amenaza —ya sea un depredador o la presencia humana— emite un ladrido seco que puede repetirse varias veces. A primera vista podría parecer una señal de alarma para advertir a otros ejemplares, pero la realidad es algo más compleja.

Los veteranos corzos suelen utilizarlo para advertir de sus dominios a otros competidores. © Shutterstock

Diversos estudios han demostrado que estos ladridos no siempre buscan avisar al grupo. De hecho, los individuos solitarios ladran con mayor frecuencia que aquellos que están acompañados. Esto sugiere que la función principal no es tanto alertar a otros corzos como hacer saber al posible depredador que ha sido detectado, reduciendo así las probabilidades de ataque.

Este comportamiento encaja con una estrategia común en la naturaleza: cuando una presa demuestra que ha identificado a su perseguidor, el factor sorpresa desaparece y el depredador puede desistir.

Territorialidad y jerarquía: el papel de los machos

Más allá del peligro, el ladrido juega un papel clave en la estructura social del corzo, especialmente entre los machos. Durante la época reproductiva, estas vocalizaciones sirven para defender el territorio y reafirmar la dominancia frente a otros competidores.

Un corzo emite un ladrido. © Shutterstock

Existe, además, una relación directa entre el tono del ladrido y la posición del animal. Los machos más adultos y dominantes emiten sonidos más graves, lo que podría actuar como una señal acústica de su fortaleza y experiencia. En este contexto, el ladrido también puede desencadenar respuestas inmediatas. Experimentos en los que se reproducían grabaciones de ladras dentro del territorio de un macho provocaban reacciones agresivas o contraladridos, en lugar de huida. Es decir, el sonido se interpreta como una invasión directa del espacio vital.

Un lenguaje aún por descubrir

Además de las ladras, el corzo emite otros sonidos mucho más sutiles. Se trata de pequeños silbidos agudos, prácticamente imperceptibles para el oído humano, que parecen formar parte de un sistema de comunicación más complejo de lo que se pensaba.

© Shutterstock

Este ‘lenguaje’ sonoro todavía no ha sido estudiado en profundidad, pero todo apunta a que permite a los corzos interactuar entre sí de forma más rica y variada de lo que aparenta su comportamiento discreto.

En cualquier caso, tanto las vocalizaciones como los marcajes tienen un objetivo claro: evitar el conflicto directo. Las peleas entre machos, armados con cuernas que pueden causar heridas graves, suponen un alto riesgo. Por eso, antes de llegar al enfrentamiento físico, los corzos despliegan todo un repertorio de señales, entre ellas el ladrido, para resolver sus disputas.

Fuente: Reby, D.; Cargnelutti, B.; Hewison, A.J.M. (1999). Contextos y posibles funciones de los ladridos en corzos (Capreolus capreolus).

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