¿Por qué tener linces en tu coto de caza es lo mejor que te puede pasar?

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Tener linces es lo mejor que le puede pasar a un coto para mantener a raya a otros depredadores. Lo dicen los estudios científicos y lo avala la experiencia de algunas fincas de caza en las que se han asentado. Jara y Sedal ha hablado con dos cazadores que gestionan cotos en los que los linces se han asentado para conocer su experiencia: «Es como tener un guarda gratis», aseguran.

4/4/2019 | Redacción JyS

Lince Ibérico. /Shutterstock
Lince Ibérico. /Shutterstock

Tener linces en tu coto es lo mejor que te puede pasar si quieres mantener a raya a otros predadores. Esta circunstancia era algo desconocido hasta hace poco, pero recientes investigaciones han corroborado que el lince ‘manda’ cuando coexiste en el mismo territorio con el zorro, por ejemplo. El estudio Influencia del lince (Lynx pardinus) en los patrones de actividad circadiana del zorro (Vulpes vulpes), de Antón Álvarez Bermúdez, Germán Garrote y Ramón Pérez de Ayala, presentado en 2017 precisamente analizaba esta cuestión. Para desarrollarlo, los autores analizaron el comportamiento de los zorros en dos parcelas similares en la Finca Peñalajo, en Sierra Morena Oriental. En una de ellas había linces –reintroducidos en 2016–y en la otra su presencia era anecdótica. 

Sus resultados confirmaron que, en la parcela en la que convivía con el lince, el zorro cambiaba sus horas de caza para evitar coincidir con el felino, aunque ello supusiera dejar de sincronizar su actividad con la del conejo, fuente de alimento para ambos. De esta manera, los raposos se veían obligados a aumentar sus horas de campeo por la noche y reducirla por el día, para evitar cruzarse con un lince.

Está claro que los zorros temen al felino. Y no es casualidad. Sirva como ejemplo este vídeo de 2016 publicado por Jara y Sedal muestra cómo un lince mata a un zorro en Doñana (Huelva).

Otros estudios que demuestran que el lince expulsa predadores

La investigación anteriormente mencionada no es la única que evidencia que el lince expulsa y condiciona a otros predadores. José María Fedriani Laffitte fue uno de los primeros en analizar esta cuestión en su trabajo Relaciones interespecíficas entre el lince ibérico, el zorro y el tejón en el Parque Nacional de Doñana, (1997). Este estudio, desarrollado en Doñana entre 1992 y 1995, se centraba en estudiar el comportamiento entre lince, zorro y tejón. Su conclusión era que «el lince condiciona localmente la abundancia y distribución del zorro, así como su horario de actividad». Laffite demostró que el felino se alimentaba casi exclusivamente de conejos y que su presencia obligaba a los zorros a volverse más oportunistas y omnívoros. O lo que es lo mismo: a los raposos les aterroriza cruzarse con un lince porque puede matarlos. Como ejemplo, este otro vídeo.

Hablamos con cazadores con linces en sus cotos

Los estudios son fundamentales, pero ¿en la práctica se percibe ese ‘control’ sobre los predadores? Jara y Sedal ha querido saberlo y para ello ha contactado con los gestores de dos fincas de caza con presencia de linces. Una de ellas se dedica a la organización de ojeos de perdiz. La otra es un coto ‘normal’ en el que se gestionan los recursos naturales sin repoblaciones.

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Imagen de un lince cerca de las instalaciones centrales de la finca. / Jara y Sedal

En la primera finca se suelta perdiz de granja para reforzar las poblaciones. «Somos una organización de caza de perdiz de refuerzo pero con una gestión muy tradicional. Mantenemos el campo todo el año, no recogemos perdiz una vez que termina la temporada y gestionamos el campo durante los doce meses», relata Antonio, su propietario, a Jara y Sedal.

Compró la finca en el año 2000 y asegura que había una población importante de caza mayor. Al llegar a la finca no había ni un conejo ni una perdiz… y los hemos devuelto», afirma Antonio. La finca está enclavada en Sierra Morena: «Llenamos el coto de comederos y bebederos –que mantenemos activos durante todo el año– para, después, soltar perdices». Además, arrendaron toda la zona de alrededor. «Hoy en día estamos en una superficie de unas 2.500 hectáreas», asegura. 

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Otra imagen de los linces en la finca. / Jara y Sedal

Antes, «veías un montón de zorros y era muy habitual ver 10 o 12 perdices sin cabeza cada vez que salías a pasear», recuerda el propietario. De repente, en una finca colindante con una gestión opuesta a la protagonista de este reportaje y en la que no hay ninguna intervención humana «el dueño la autodeclaró como refugio de fauna y la Junta, cada vez que soltaba linces, lo hacía allí», relata. Hace cinco años que apareció el primer lince en la finca de Antonio, que recuerda: «No notamos ningún impacto de éste sobre las poblaciones cinegéticas, solamente contra los zorros, a los que sí expulsó para bien, especialmente, de las perdices».

De hecho, al tiempo una hembra de lince sacó adelante cuatro cachorros, por lo que se encontraron hace dos años con siete linces, dejando de ver perdices sin cabeza. «El índice de recuperación de perdices ha subido debido a ello y, lo más sorprendente, es que las poblaciones de perdices que dejamos el 28 de febrero en la finca se mantienen en el principio de la próxima temporada», afirma.

Además de los ataques a los zorros, Antonio ha podido registrar uno a un meloncillo del que Jara y Sedal se ha hecho eco esta semana. Antonio encontró un ejemplar de esta especie predadora muerto después de haber recibido las colmilladas de uno de los nueve linces que ya viven en su coto. «La presencia de este animal, con el que no teníamos ninguna experiencia, es muy positiva», se reafirma el gestor. «Es como tener un guarda gratis».

Otro ejemplo del gran beneficio del lince para la caza menor

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Un lince en la finca de Javier. / Jara y Sedal

Por otro lado tenemos el caso de un coto privado normal que no suelta perdices de granja y que mima sus poblaciones salvajes para mantener una buena densidad. Javier detalla cómo en su finca, también de Castilla-La Mancha, «lince no hemos tenido nunca hasta ahora, que han empezado a repoblar las fincas colindantes ya que tenemos bastante caza menor». Asegura que se han establecido en ese lugar y, además, «ya se han visto hembras preñadas». Los zorros, que atacaban constantemente en la época de cría de conejo, ahora no hacen acto de presencia por el lugar y, además, «tampoco hay heces frescas», lo que evidencia que han desaparecido de la zona.

Javier ha presenciado escenas muy reveladoras: «El otro día vi cómo salió un lince persiguiendo a un zorro durante un kilómetro y medio…». Con este ejemplo defiende que «para nosotros es positiva la experiencia. Expulsan a las alimañas, a los zorros, a los meloncillos… e incluso a los gatos comunes». Como anécdota, también ha visto un lince en un comedero de jabalí: «Le proporcionamos maíz durante el año para evitar que coman conejos o perdices, por lo que el lince sigue sus mismos pasos hasta allí», relata.

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El lince, en el comedero de jabalíes. / Jara y Sedal

La realidad de la relación entre el lince y la caza

Lince ibérico fotografiado en Sierra Morena. /Shutterstock

Que un coto privado de caza albergue la mayor población de lince de España es uno de los mejores ejemplos de que la caza ayuda a la conservación de las especies amenazadas en nuestro país. Además del lince, la cigüeña negra, el buitre negro o el águila imperial también se benefician del trabajo de los cazadores. De hecho, hay numerosos ejemplos en los que los cazadores se han volcado en los proyectos de recuperación del lince ibérico, algo que queda claro en las 5 principales amenazas del lince en la actualidad –y no, ninguna de ellas es la caza–.

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