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Cuando los cobardes se ven acorralados, se revuelven con furia

Imagen de archivo de la manifestación de cazadores de 2019 en Valladolid. © Israel Hernández

Conociendo el Gobierno del talante lo que se le viene encima con el 20M, y los resultados de las elecciones en Castilla y León, donde el mundo rural mayoritariamente le ha puesto un correctivo, ahora pueden ocurrir dos cosas: que asistamos a una escalada de autoritarismo y demagogia cerrando filas con quienes les arrastran al precipicio electoral (Podemos) en una ida suicida hacia ninguna parte o bien el cierre de filas suicida del que se cree en posesión de la verdad absoluta.

A esto podemos asistir el viernes en el Consejo de Ministros donde parece ser que Ione Belarra quemará sus últimos barriles de pólvora para intentar iniciar los trámites de una la Ley de Bienestar animal que, si algo bueno tiene, es que ha conseguido que cerremos filas poniendo de acuerdo a todo el mundo rural. Pero que no nos líen: el Gobierno aprueba el proyecto de Ley, pero es solo un trámite más, puesto que quien aprueba las leyes es el legislativo, es decir, el Parlamento, donde ahora se producirá el debate. Dicho de otro modo: no vamos tarde y la manifestación del 20M llegará en el momento justo para mandar un mensaje alto y claro a todos los partidos. 

No vamos tarde y la manifestación del 20M llegará en el momento justo para mandar un mensaje alto y claro a todos los partidos.

Porque este proyecto no se basa en el cumplimiento de ninguna voluntad popular, es el deseo de la intolerancia negociada en chiringuitos políticos, ley por apoyos y algo más. Todo lo que esta ley contempla -y en esto coinciden todas las organizaciones representativas de la sociedad rural- es la antesala de un desastre en todos los sistemas de producción animal. No se trata de solucionar y proporcionar mejoras en la calidad de vida de los animales dependientes del hombre.

Todos, absolutamente todos, incluidos los animales salvajes, pasan a una figura de protección extrema, y cualquiera que interactúe con ellos puede ser reo de culpa y objeto de denuncia por bienaventurados ciudadanos que supongan que se les está maltratando. Esta suposición y el anuncio de un aumento de penas en el Código Penal solo conseguirán una cosa, la imposibilidad de dedicarse a la ganadería, a la caza, a la venta de animales y no digamos a utilizarlos en hípica, espectáculos y un largo etcétera. 

La humanidad ha utilizado los animales para su provecho y ahora lo pretendido es lo contrario, el empobrecimiento cultural de iluminados y la carga de buenismo religioso que carga Podemos y organizaciones intolerantes afines, es un disfraz para amedrentar a las personas. Las necesidades del ser humano en alimentación, ocio, espectáculos… están dentro de los genes de la libertad que todos atesoramos; primero el hombre, después el animal. Y que no vengan con milongas para que los animales rindan en sus diferentes cometidos y estén convenientemente tratados, porque ya tenemos suficientes normas y experiencia de siglos en su manejo. 

Curioso, por tanto, que quienes solo atienden a perros y gatos urbanos sean los artífices de una Ley que imposibilita tener animales y que vengan ahora a decirnos cómo manejar a los necesarios animales de producción y trabajo. La imposición a la sociedad del derecho animal sin tener estas obligaciones es como arreglar las diferencias raciales o la discriminación por sexo o raza capando a todos para arreglar el problema. El 20 de Marzo ya se lo dejaremos claro. 

       
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