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Cómo elegir un buen nombre para tu perro de caza

La ilusión acaba de llegar a tu casa. Un nuevo perro de caza está a punto de llegar y buscas un nombre para él. Piénsalo bien: es una decisión con la que tendrás que vivir unos cuantos años. Te damos algunos consejos.

Carlos Vignau

La primera lección que todo cachorro debe aprender es reconocer su nombre. Pero, como sucede con la receta del conejo al ajillo, primero hay que cazar al conejo: tienes que encontrar el nombre perfecto. Es la parte difícil. Esa palabra será parte activa de tu vida por lo menos 13 o 14 años, y lo repetirás aproximadamente un millón de veces, así que es una decisión que debes meditar a conciencia.

No será sólo un nombre, sino una orden cuyo significado es: «¡Eh, tú, perro! ¡Sí, te digo a ti! ¡Te estoy hablando! ¡Presta atención!». Todas esas directrices concentradas en una simple palabra. Por eso debe ser corto, contundente y fácil de pronunciar. Lo ideal es que sean monosílabos o bisílabos, con vocales graves, que serán menos sonoras cuando tengas que nombrarlo en mitad de una cacería en la que la discrección y el silencio siempre son necesarios. Los fonemas ‘k’ y ‘t’ son contundentes y te ayudarán a atraer su atención: Taco, Kiko, Coco, Thor…

Evita aquellos que rimen o se parezcan a otros. El año pasado fui de cacería con un amigo y sus pointers, preciosos, bien educados y con una afición tremenda. Una solía cazar cerca de las escopetas, sin separarse mucho, la otra correteaba larga con la nariz a media altura… pero cuando mi amigo llamaba a una acudían las dos, estropeando la mano. Y es que Nala y Bala se parecen demasiado…

No permitas que tus hijos decidan el nombre

Otra cuestión importante es no permitir que sean tus hijos pequeños o tus familiares quienes decidan su nombre. Recuerdo a mi amigo Íñigo ponerse colorado como un tomate cuando en los amaneceres pateros más duros tenía que llamar a su labradora, Barbie. En casa tuvimos durante 13 años a una labradora chocolate llamada Nika en honor a una concursante de Operación Triunfo, muy del gusto de mi tío Carlos. Al menos, llevaba una  ‘k’.

Otra fuente de inspiración son los famosos a quienes admiras, pero piensa siempre a largo plazo. Que se lo digan si no a mi amigo Fernando, culé convencido, que bautizó a su springer como Figo. El perro era igual que el crack portugués: rápido, atrevido y con mucha calidad, pero tras su fichaje por el Real Madrid la relación entre perro y cazador nunca fue la misma.

Por último, están las marcas: más de una vez he escuchado en el campo a alguien llamar a gritos a su Mauser, Blaser o Sako. Al menos, le aportan un carácter cinegético.

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