Bebederos para cotos de caza mayor y menor ¿Cómo y dónde los instalo?

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El agua es fuente de vida; su ausencia, no. Por eso es tan importante que durante el verano estés más pendiente que nunca de este recurso en tu coto y procures ayuda a los animales que lo pueblan. Hay muchas maneras de lograr un objetivo crucial para ellos: que dispongan de bebederos y que el agua se encuentre en perfectas condiciones.

9/7/2018 | Ciencia y Caza

bebederos de caza
Una liebre bebiendo en una charca. /JDG

Si hay un elemento clave para los seres vivos, ése es el agua. Y es que la mayor parte de procesos biológicos requieren de H2O para llevarse a cabo: respirar, digerir los alimentos, moverse, reproducirse… Es por esto que su ausencia compromete la supervivencia de cualquier especie, incluido el ser humano. La utilización de bebederos, charcas y otros aportes artificiales de agua ha sido una constante en la moderna gestión de caza y otra fauna silvestre, especialmente en países que sufren períodos secos como España.

¿Dónde es necesario instalar bebederos en España?

La investigación disponible apunta que el aporte de agua artificial es una herramienta de gestión muy frecuente tanto para caza menor como mayor en nuestro país, si bien el número de puntos de agua varía en función de la localización de los cotos y el tipo de gestión realizada. En líneas generales, en los cotos de la mitad sur peninsular e islas es frecuente un aporte artificial casi constante –a excepción de épocas más húmedas–, mientras que en el resto del territorio suele realizarse únicamente en verano. Por otro lado, aquellos cotos que cuentan con elevadas densidades de animales se ven en la necesidad de ofrecer agua artificial dado que la que existe de forma natural no es capaz de abrevar a todos.

Cómo saber si necesitas instalar bebederos en tu coto

Los animales se hidratan a partir de tres tipos de agua: la superficial –la que vemos en ríos, arroyos, charcas y lagos–, la que extraen de los alimentos –forraje húmedo, por ejemplo– y la metabólica –la que se genera en el organismo–. Por lo general, nuestras especies cinegéticas se hidratan gracias a la superficial y la que contiene los alimentos, siendo la metabólica es de menor importancia. De hecho, los animales de pequeño tamaño, como los de caza menor, no precisan beber si el alimento es lo suficientemente húmedo. No obstante, cuando la humedad de los alimentos no es suficiente para saciar a los animales la cantidad de agua superficial requerida se incrementa notablemente, como sucede en los períodos secos. Lo primero que debemos conocer para saber si necesitamos aportar agua a los animales de nuestro coto es la densidad de caza de que disponemos, el agua natural disponible –tanto superficial como de los alimentos– y el clima, con especial atención al período del año en el que se produce el ‘déficit hídrico’, o lo que es lo mismo, cuándo se evapora más agua natural que la que nos cae del cielo. Es importante diferenciar este concepto de la sequía, dado que ésta es una reducción en el agua por precipitación en un período dado –no tiene por qué ser verano–. Aunque cada coto debe de diseñar una estrategia propia, se necesitarán bebederos cuando no se pueda garantizar que el agua disponible sea suficiente para saciar a la caza y otra fauna silvestre del coto, o cuando la carencia de agua pueda acarrear problemas como movimiento de animales en su búsqueda o concentración de los mismos en ciertos puntos de agua, por ejemplo. En muchos cotos el momento el que se suelen poner los bebederos ‘a funcionar’ es cuando se secan los arroyos, o en los paisajes agrícolas cuando las siembras comienzan a dorar y las temperaturas comienzan a ser ya sofocantes. En todo caso, recomendamos recabar datos de la estación meteorológica más cercana, conocer a fondo las posibles fuentes de humedad en nuestro coto –por ejemplo, si hay regadío o no– y tener en cuenta cuánta caza tenemos.

¿Cuántos bebederos para fauna debes poner?

El número de puntos de agua a disponer es otro de los puntos clave, si bien no existe quorum entre los gestores. En muchos cotos se optar por el ‘mejor que sobren que no que falten’, pero esto no es siempre posible cuando los recursos económicos escasean. Se puede optar por establecer un número de puntos por unidad de superficie o bien en función del número de animales y sus lugares de querencia. Teniendo en cuenta el área de campeo de conejos, liebres y perdices, se puede optar por colocar al menos un bebedero por cada 50-60 hectáreas para caza menor, mientras que en la caza mayor su distribución puede reducirse a una charca cada 100-200 hectáreas debido al mayor área que suelen cubrir estas especies. Como en todo, cotos con altas densidades de caza tendrán que incrementar el número de puntos de agua por unidad de superficie, como sucede en fincas de la España seca que instalan un bebedero por pareja de perdices o vivar de conejos.

Controla qué animales acuden a los bebederos

Los bebederos conforman una parte integral de la gestión realizada para toda la caza, y por los últimos estudios hoy sabemos que sin ellos sería muy complicado mantener densidades importantes de especies como la perdiz roja, el conejo de monte, el ciervo, el corzo o el jabalí. No obstante, es difícil saber cuál es su efecto real dado que se aplica junto con otras medidas, como la mejora del hábitat, utilización de comederos y control de predadores, entre otras. También sabemos que otras especies se están beneficiando de los puntos de agua, desde aquellas de interés como las aves paseriformes hasta otras como los depredadores. Esto puede dar situaciones negativas. Un claro ejemplo son los jabalíes, que usan los abrevaderos para la caza menor mientras engullen nidos de perdiz y otras aves no cinegéticas. Al igual que sucede con los comederos, podría darse entonces una paradoja en la gestión: al final estamos beneficiando a especies que hay que mantener a raya. La única manera de evitar visitas de animales no deseados será introducir barreras que no les dejen pasar. En este artículo te explicamos cómo construir con tus propias manos un bebedero a prueba de jabalíes. En caza menor hay gestores que han ideado bebederos ‘por goteo’ para que sólo sean atractivos para perdices, conejos y animales de tamaño similar. En cualquier caso, una cámara trampa te ayudará a saber exactamente quién visita el agua.

bebederos fauna
Bebedero con mallazo para evitar que los jabalíes lo utilicen durante la época de cría de las aves. /CyC

Tipos de bebederos para fauna salvaje

Charcas

Ventajas: ideal para todas las especies de caza y fauna no cinegética, al poder ofrecer agua durante la mayor parte del año. Da prioridad a las charcas naturales, dado que pueden albergar ecosistemas acuáticos de gran valor biológico –peces…–. Por su capacidad de almacenar una cantidad importante de agua, destínalos a la caza mayor.

Desventajas: pueden surgir problemas para su mantenimiento, como la colmatación de la charca o el pisoteo excesivo de las orillas. A su vez, el agua puede llegar a ser no apta para el consumo cuando recibe mucha materia orgánica o bien se vierten aguas contaminadas por escorrentía.

Dificultad de instalación: en el caso de construcción de charcas nuevas es necesario utilizar maquinaria pesada y disponer de una malla plástica para evitar filtraciones en terrenos permeables. Además, en caso de que no se puedan rellenar por el agua de precipitación, habrá que llevarla.

Coste de construcción y mantenimiento: un metro cuadrado de charca construido puede alcanzar una cifra de entre 40 y 50 euros, mientras que la conservación de las ya existentes está sobre los 12-15.

aguila en bebederos
Los bebederos instalados por los cazadores benefician al resto de la fauna no cinegética. /JDG

Bebederos y pilones

Ventajas: son recomendables cuando la construcción de charcas es complicada o se requiere de agua urgentemente. Suelen estar destinados a la caza menor, y se pueden quitar y poner fácilmente. Hay distintas soluciones en el mercado adaptables a cada necesidad, incluyendo modelos que acumulan agua a lo largo del año.

Desventajas: si no se colocan en lugares adecuados pueden ser difíciles de identificar y, por tanto, usar por parte de la fauna. Aunque a medio plazo se amortizan, suelen requerir de una inversión importante, y los problemas por agresiones de especies no deseadas son muy frecuentes.

Dificultad de instalación: no son muy difíciles de instalar, si bien suelen ser bastante frecuentes los problemas de pérdidas de agua o las ya citadas agresiones por parte de especies como el jabalí cuando no están bien protegidos.

Coste de construcción y mantenimiento: un bebedero clásico para caza menor provisto de un bidón, tubería y bebedero propiamente dicho puede costar en torno a los 60 euros. Los pilones son más caros, dado que están hechos de materiales más duraderos. Aún así, hay quien se las ingenia para conseguirlo aún más barato y fabricarlos con materiales reciclados, como ya te explicamos en este artículo.

¿Debo desinfectar los bebederos de fauna salvaje?

Aunque no existe suficiente investigación al respecto, es posible que el agua pueda resultar perjudicial para los animales en algunas ocasiones. Esto puede suceder porque el origen de agua utilizada sea ‘dudoso’ o porque se produzca una contaminación durante su almacenamiento y distribución, lo cual sucede por eutrofización –cuando hay muchas algas–, por la llegada de agentes patógenos –a través de las heces, por ejemplo–, o por la llegada de aguas de escorrentía no potables –pensemos en aguas que vienen con fertilizantes u otros químicos–. 

Antes de liarse a desinfectar hay que cuidar el origen del agua y mimar su mantenimiento. Para saber si es potable podemos guiarnos en un primer momento por su color y olor y recurrir posteriormente al análisis microbiológico y químico mediante pruebas de laboratorio de mayor o menor complejidad. Por ejemplo, con una tira de PH podremos saber si ese valor es óptimo, ácido o alcalino –es recomendable contar con la ayuda de un técnico en esta materia–.

Si finalmente hay que desinfectar se pueden utilizar pequeñas potabilizadoras para las charcas en pastillas. En el caso de los bebederos se recurre al hipoclorito sódico –lejía– o dióxido de cloro. Dado que los animales están preparados para ingerir agua no potable para el hombre, debemos ser muy cuidadosos con los productos químicos que empleemos: podría ser peor el remedio a la enfermedad.

Hay que vigilar los puntos de agua, tal vez sea necesario desinfectar el agua. /JDG
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