fbpx

8 tácticas y estrategias para derribar perdices 'blindadas'

Según avance la temporada la batalla con las perdices se complicará. Tus tropas no sólo tendrán que enfrentarse al general invierno, también a unos enemigos que a esas alturas de la contienda contarán con un fuselaje casi impenetrable. Estas son tus armas para ganar una guerra que se libra por tierra y aire.

Edu Pompa

El deber te llama

No es tiempo de héroes. Pide refuerzos. Llama al Séptimo de Caballería.

Cuando las perdices se ponen ‘duras’ tus mejores aliados serán precisamente tus compañeros de pelotón. Puede que llegado el momento te falten piernas para lograr ponerlas a tiro en solitario o que debido a lo avanzado de la temporada sepan más que un teniente coronel y te la jueguen disgregándose tras un par de vuelos como si se las hubiera tragado la tierra. Ya has comprobado que se aplastan en los lugares más inverosímiles o bien salen largas como condenadas. El caso es que no les vas a coger los puntos si no es alistándote. Sí, has oído bien. Cázalas en mano junto a otros compañeros. Probablemente te beneficies de ello y al menos puedas intentar colgar esa perdiz revolada que ha levantado la punta.

Rompan filas

Siembra el caos en el enemigo y aprovecha el desconcierto.

Mover pájaros de una forma productiva en un barbecho o en la viña no es tarea fácil para el soldado solitario, de ahí que deberás aprender a partir el campo. Es decir, abarcar una proporción prudente con el fin de lograr tu objetivo: ponerlas a tiro. Algo indispensable para que las horas de trabajo pisando terrones nos lleven luego a alguna que otra oportunidad con las del pico rojo es saber moverlas. ¿Cómo? Lo primero será disgregar el bando. Volarlas un par de veces de la siembra o el olivar hacia el barbecho o erial hará que se confíen y, fruto del cansancio –si eres capaz de llegar a ellas antes de que recuperen–, rompan filas y se amaguen en cualquier mata para darte de lado. Sin embargo, lo que no saben es que ése es precisamente tu plan. Tu perro será el encargado de mostrar su posición y levantarlas a tiro. ¡No falles!

© Ángel Vidal

Patrulla a primera hora las zonas altas

Haz que se sientan acosadas para que se metan en la boca del lobo.

Como hemos comentado en el anterior punto, llevar a las perdices a zonas donde se aguanten y nos permitan tirarlas es fundamental, pero, ¿por dónde empezar? Lo primero es estudiar el terreno, plantear una estrategia que nos permita ganar la contienda. Una muy extendida es la de ‘remeter la caza’, que no es más que dar unas pasadas a la linde del cuartel con el fin de que no salgan del campo de batalla. De igual modo sacarás provecho a última hora de la mañana al trabajo realizado en la sierra o las zonas altas del coto. Comienza por aquí y mueve los bandos hacia las zonas bajas y arroyos donde aguanten tu llegada, pudiendo levantarlas a distancias cercanas para intentar atravesar con tus plomos su fuselaje.

Tácticas de guerra

Son expertas también en la batalla terrestre. La victoria dependerá de tus habilidades como estratega.

Pretenderán despistarnos a peón. Si pueden, acelerarán el ritmo a derecha o izquierda para alejarse de nuestro avance. Si las vemos cruzar por delante no siempre hay que agacharse y correr hacia ellas, a menudo es mejor dejar que se dirijan a zonas donde se crean a salvo para entonces poner en práctica dos de la mejores estrategias que conozco: el caracol y la media verónica. La primera, patente del seis veces campeón de España de caza menor con perro, Ismael Tragacete, se trata de perseguirlas describiendo una trayectoria en círculos concéntricos, cerrando el radio con cada vuelta mientras las vigilamos con el rabillo del ojo hasta que se aplasten. La segunda es muy parecida pero algo más simple. Consiste en hacerles creer que la guerra no va con ellas y pasar de largo para, una vez las hayamos dejado atrás, regresar realizando una trayectoria semicircular hasta aparecer por donde no se lo esperan.

¡A las barricadas!

La guerra de trincheras ha comenzado. El sigilo y la paciencia serán tus aliados.

Peinadas las áreas indicadas en el apartado anterior es probable que resulte más sencillo tirarlas a muestra de perro, aunque en ocasiones, por la dispersión de los bandos, será difícil dar con ellas: se atrincherarán y no saltarán hasta que no se ven sorprendidas. Es precisamente ésta una de las bazas que ahora toca jugar. Al orillarse ante el avance de nuestras tropas han pretendido, por un lado, salir del terreno donde se ven en peligro, y por otro, trasladar el escenario de la batalla a otro escenario donde jugárnosla. Es el momento de recorrer con calma y cabeza los bordes de lindes, cárcavas y pequeñas lomas donde realizar asomadas sin que ellas lo prevean. Lo normal es que, si alguna de ellas intenta darte esquinazo, al asomarte arranque fruto de la sorpresa y cuando ya no le quede otra salida –lo que en el argot cinegético se conoce como ‘salir de los pies’–.

© Ángel Vidal

Atento al toque de queda

Todo parece perdido, pero aún te queda un cartucho. Intercepta sus comunicaciones.

Ya has desconcertado al enemigo y conseguido romper uno de sus fuertes: la unidad. Ahora que vagan solas en el campo de batalla, temerosas de que des con ellas una a una intentarán comunicarse para recuperar la formación. ¡Aprovecha esta nueva baza! Seguro que en más de una ocasión, después de haber trabajado los bandos y haberlos movido de un lado a otro del coto, te la juegan cuando ya preveías levantarlas una tras una a cascoporro… y todavía no has sido capaz de darles jaque mate. Sin embargo, hay algo que en ocasiones me ha ayudado a dar con ellas por última vez cuando creías todo perdido: su toque de queda… o su canto para formar, como quieras llamarlo. Si te encuentras en esta situación, ya sabes: ¡pon la oreja!

¡Señor, sí señor!

La experiencia es un grado. Los auténticos veteranos, curtidos en mil lances, son quienes llevarán la voz de mando.

Como en todo ejército, alguien debe ser el responsable de dar la voz de mando. Es la responsabilidad del jefe de grupo, que suele recaer en aquel que cuenta con la suficiente experiencia y conocimiento del coto y las querencias del enemigo, y tan importante es su función como que el batallón acate sus órdenes. En todo momento permanecerá atento a cuanto suceda para avisar al resto para que se detenga cuando un compañero necesite cobrar una pieza, dar agua a su perro o cualquier otro menester. También alertará a las puntas de la localización de los bandos para, con un simple gesto, ordenarles que se adelanten o paren. De su pericia dependerá el éxito.

Zafarrancho de combate

Para alcanzar la victoria tendréis que moveros como un solo hombre.

Sí, uno de los mejores consejos que podemos darte si no eres capaz de derribar por tu cuenta una sola patirroja es que pidas refuerzos. Una opción puede ser organizar un ojeo. Aunque su logística exige contar con una numerosa tropa de cazadores y batidores es posible llevarlo a cabo con apenas ocho o diez compañeros que abarquen menos terreno y alternen sus roles a lo largo de la contienda. Otra alternativa es cazarlas en mano formando parte de un pelotón que avance de forma coordinada y formando una media luna con los flancos algo adelantados para levantar y dirigir la caza hacia el centro. De este modo, todas las escopetas podrán beneficiarse del trabajo del resto de compañeros, y será más fácil derribar a las perdices que se levantan como auténticos misiles confiando en que estás solo.