Zamora // Los jabalíes eluden las balas en Arribes

¿Lo compartes?

La villa de Fermoselle amaneció ayer poblada de cazadores. No faltó a la cita ni tan siquiera el cinegético José Gómez, que este mes cumplirá 91 años, y que como el cielo amenazaba lluvia portaba un paraguas en la mano.

04/11/2013 | La Opinión de Zamora

En esta ocasión se hizo realidad el refrán que dice que «la caza, la pesca y los amores, por un placer mil dolores» porque las esperanzas y las ilusiones presidían la atmósfera y nadie aventuraba que el saldo final fueran dos meros guarros de moderada estampa. Nadie se explicaba un resultado tan escaso «porque es un montería que salen bastantes piezas» expresaba Carlos Jimeno, que lucía un traje visible como ningún otro.

La Asociación de Cazadores Villa de Fermoselle batía ayer la prometedora mancha de Las Corvas y Cabezo del Teso, y casi un centenar de cazadores acudieron dispuestos a todo. En la Cafetería de la Plaza Mayor el presidente del colectivo Francisco Javier de Jesús Díez, debidamente respaldado por el secretario y el tesorero, fue perfilando el listado de participantes, que tomaba fuelle con unos chupitos en la concurrida barra.

Debido al elevado número, el sorteo de puestos se hizo al aire libre. Fue una hora de espera consumida en estos trámites, un tiempo que los cazadores, procedentes algunos de otras provincias y comunidades autónomas, aprovecharon para intercambiar impresiones con los compañeros y, entre los que comentarios que salían a relucir, no faltó la racha de cuatro cazadores muertos en los últimos días. Precisamente la primera advertencia del presidente es que «todos, sin excepción, lleven chaleco reflectante. Es obligatorio». Y segundo «disparar solo al jabalí y, si alguien quiere, al zorro». Y alto y claro Francisco Javier expresó que «no se puede disparar sin saber a lo que es». Al que matara una zorra se le premiaba con un puesto gratis en la siguiente montería. Es un incentivo que utilizan los responsables del coto fermosellano porque es la forma de descastar la especie. «El año pasado se mataron treinta y hace dos años 50» afirma el presidente. El regalo de un puesto es la forma de que la gente tire a las raposas porque el verdadero objetivo es el verraco, y los cazadores se refrenan a la hora de apretar el gatillo ante la visión de una pieza tan poco presentable como un raposo, que les puede desviar una pieza mayor que siga su rumbo.

Los puestos de las armadas o de las líneas fueros repartidos en buen orden y buena organización. «O se mata ahí o no se mata en ningún sitio» aseguraba José Ángel, satisfecho de que le hubiera tocado en suerte el puesto en una zona de ribera. En medio de un mundo de hombres, dos chicas daban fe de que la caza también es una afición calada en las mujeres.

Repartidos los puestos, todos se subieron a los coches y partieron al escenario a batir, bien advertidos de las normas a seguir, entre otras, «respetar la naturaleza y el medio ambiente, tratar con el debido respeto a perreros y perros, guardar silencio absoluto, llevar consigo la documentación en regla y vigencia, manifestarse siempre con amistad, nobleza y compañerismo, marcar claramente las reses abatidas para facilitar su recogida y cumplir estrictamente las órdenes del capitán de la montería». Un «gracias y mucha suerte» de los organizadores daba paso a la puesta en escena en el campo.

La montería prometía porque los días previos se había visto movimiento de guarros y hasta «manadas» dirigirse hacia la mancha.

En la jornada de ayer la presión corría a cargo de un tropel de unos 140 perros, pertenecientes a siete rehalas procedentes de puntos tan diferentes como Villarino, Ávila, Salamanca y la propia villa. La jauría estaba integrada por perros de diferente veta y ansiosos por correr tras la animalia salvaje. Un agente forestal seguía de cerca la disposición de los puestos y, con todo listo, comenzó la hora de la verdad. Fueron casi tres horas de tensión en los que sonaron unos treinta y dos tiros. El verdadero resultado quedó exhibido en la Junta de Carnes cuando solo fueron tendidos en el suelo una hembra y un macho. También se mataron dos zorras.

El análisis llegó en otro de los momentos estelares de las monterías: la comida, «que fue lo que animó un poco el día». En esta ocasión el lugar elegido fue El Casino, y los preparativos corrieron a cargo de María Rosa Seisdedos que preparó unos grandes perolos de alubias rojas, nutridas con sobranza de chorizo, algo de panceta y otros bocados. De segundo preparó otros perolos de pollo guisado. Los fogones del Casino ayer echaban humo. Entre bocado y trago, fue cuando los cazadores hicieron el balance. «Aburrimiento», fue la nota predominante. Es la caza. Pero la vida sigue y el 16 de febrero se volverá a batir este escenario del Parque Natural de Arribes, poblado de excesiva maleza, donde los jabalíes van y vienen salvando las balas de los finos cazadores.


¿Lo compartes?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *