Zamora // La caza, yacimiento de empleo y de riqueza sin aprovechar en Zamora

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Los periodos de crisis económica como el actual deben servir, además de para reconducir situaciones anómalas haciéndolas virar en beneficio del interés general, para aprovechar todos los recursos a mano, incluidos aquellos que están ahí desde siempre, pero nunca se vieron como creadores de riqueza.

05/11/2013 | La Opinión de Zamora

Es el caso de la caza en la provincia de Zamora, una actividad que no está aprovechada económicamente y que solo se ve como fuente de satisfacción para los aficionados, la inmensa mayoría locales y que han disminuido en los últimos años, contabilizándose menos de 6.000 licencias anuales en la actualidad.

Esta provincia se asienta en un territorio de más de un millón de hectáreas donde viven menos de 190.000 habitantes. Por tanto, hay grandes extensiones de terreno donde la presencia humana es esporádica, ideales para la cría de especies cinegéticas, tanto de caza menor como mayor. Ahí están como ejemplos nacionales de buena gestión en la cría de animales salvajes las reservas de La Culebra y Las Lagunas de Villafáfila. Pero aparte de estos espacios protegidos, a los que se unen los parques naturales del Lago de Sanabria y Arribes del Duero, en la mayor parte del terreno provincial, en manos privadas, apenas se hace algún tipo de gestión en beneficio de la fauna silvestre.

Ha habido varios estudios sobre el potencial cinegético de la provincia y sus posibilidades de explotación. Ninguno ha pasado del escrito al hecho, principalmente por la oposición de los propios cazadores, repartidos entre más de 600 sociedades, que funcionan como reinos de taifas y que ven en la apertura de la actividad a los foráneos una pérdida de privilegios. Hubo hace años un intento de la Diputación de crear cotos sociales que fracasó, lo mismo que la iniciativa más reciente, en el mismo sentido, de la Delegación Provincial de Caza de habilitar un espacio de práctica permanente de la actividad en Granja Florencia.

Es momento de replantearse la situación, de que los cazadores entiendan que la gestión cinegética va más allá de limpiar fuentes en el verano, de que hay que cuidar y regular la riqueza faunística durante todo el año para conseguir beneficios que reviertan en el ámbito rural, sin olvidar a los propietarios de terrenos, hasta ahora paganos del desequilibrio de especies existente.

¿Qué hacer entonces para aprovechar la caza? Pues implicar a la Administración, a los practicantes de este deporte y a los propietarios de terrenos. La Junta no puede limitarse a expedir permisos y a incrementar hasta un 66% el último año el coste de las licencias a cambio de nada. Debe destinar recursos a crear riqueza cinegética, incentivar la agrupación de cotos, subvencionar la guardería y educar medioambientalmente a los aficionados. Además, es muy importante que potencie la creación de espacios donde la caza pueda ser practicada por quien lo desee, a cambio del abono de una tasa que revertirá en beneficio de cazadores locales, propietarios de terrenos y ayuntamientos.

Los cazadores zamoranos tienen que cambiar esa mentalidad de que las especies son suyas porque pagan unas tasas. Tienen, conjuntamente con los propietarios de terrenos, que abrirse a nuevos modelos de gestión, en la línea de lo que ya se ha hecho en otras comunidades autónomas como Castilla-La Mancha, donde esta actividad genera más beneficios que la agricultura. Si aumentan los censos de animales salvajes se incrementará el abanico de fórmulas de explotación y también los recursos que generen. Hay que avanzar en las comunidades de servicios y en la aplicación de planes conjuntos, que incluyan el pago inmediato de los daños causados por las especies salvajes.

La caza mayor ha empezado a despegar en la última década y ha demostrado ya que puede ser rentable para los pueblos zamoranos. Al año se organizan más de 600 cacerías (ganchos, batidas y monterías) y otros tantos aguardos. La media anual de capturas supera los 2.000 jabalíes, una treintena de lobos y varios centenares de corzos y ciervos, algunos de ellos medallas de oro nacionales. Más de mil cazadores se desplazan a la provincia desde otros puntos del país buscando la singularidad de unas piezas, en algunos casos, únicas en España. Se ha incentivado la reintroducción de especies con éxito, aunque con ello se ha suscitado la polémica por el incremento de los accidentes de tráfico causados por fauna, un problema que está en vías de solución pero que preocupa mucho a los gestores de los cotos, estrangulados por los seguros.

La riqueza cinegética debe ser entendida como un recurso más del ámbito rural de Zamora y, por tanto, tiene que ser aprovechada por quienes viven en los pueblos. Como ya ocurre en otras provincias y comunidades autónomas, tiene que convertirse en un yacimiento de empleo pero, para eso, es imprescindible un cambio de mentalidad de los propios cazadores locales y una mayor implicación de la Junta de Castilla y León, que tiene la obligación de propiciar el desarrollo de todas las potencialidades de la región. No están los tiempos para despreciar recursos y quienes lo hagan tienen que dar cuentas por ello.


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