Valdeón y Sajambre cierran la campaña de caza con 284 piezas y 141.000 euros

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Los municipios leoneses integrados en el Parque Nacional de Picos de Europa podrán seguir cazando en su territorio hasta el 2020, después de que la semana pasada prosperara en el Senado la enmienda del PP a la Ley de Parques Nacionales para prorrogar tres años más la moratoria otorgada a estos espacios para que progresivamente fueran abandonando la actividad cinegética a partir 2017.

17/11/2014 | Diario de León | maría carnero

Aunque en un principio la enmienda no ponía fecha a la prohibición, lo que daba carácter indefinido a esta práctica, la presión de los grupos ecologistas hizo recapacitar al PP que finalmente pospone la decisión de prohibir o no la caza en los parques nacionales al 2020.

La caza reporta importantes beneficios en los municipios titulares de los derechos de caza a través de los cuarteles de Valdeón, Sajambre y Picos integrados en la Reserva Regional de Caza de Riaño. Según la memoria de la última temporada 2012-2013, en los terrenos del parque nacional se cazaron un total de 284 animales, entre corzos, rebecos, ciervos, jabalíes, zorros y lobos, lo que supuso unos ingresos de 55.756 euros para el Ayuntamiento de Oseja de Sajambre y otros 84.425 para el de Posada de Valdeón. Juntos suman la cifra de 140.181 euros directos, a los que hay que añadir los ingresos que la caza deja en la hostelería de la zona. Según un informe realizado por la consultora Ecotema, las casi 1.700 personas que como media escogen el Parque Nacional de Picos de Europa para cazar dejan unos ingresos de cerca de 235.000 euros al año en los restaurantes y hoteles de la zona.

Con estos datos es fácil entender la defensa de los municipios por mantener la caza en sus territorios, ya que supone una actividad que en conjunto puede generar 376.000 euros de beneficios con los que se genera un tejido laboral del que dependen muchas familias.

Tanto Posada de Valdeón como Oseja de Sajambre han defendido con uñas y dientes su derecho a ejercer la caza en su territorio, como se ha hecho desde tiempos inmemoriales. El alcalde de Oseja de Sajambre, Antonio Mendoza, sostiene que la caza selectiva y estudiada, como la que se lleva a cabo en la reserva de Riaño, que es la entidad encargada de la gestión cinegética de esta zona, «es la mejor manera de controlar la población de este espacio y de prevenir las distintas enfermedades que como la sarna podrían llegar a diezmar algunas especies».

Por su parte, el alcalde de Posada de Valdeón, Tomás Alonso, añade además que los recursos económicos que esta actividad genera en la zona, y no solo a los titulares de los derechos de caza sino no a los restaurantes y hoteles de la zona, «serían imposibles de indemnizar por parte del Estado».

En este sentido, los municipios leoneses pueden respirar tranquilos, por lo menos hasta el 2020, ya que podrán seguir explotando sus recursos sin restricciones como ha ocurrido hasta ahora.

En la otra cara de la moneda está la muerte de 284 animales en un parque nacional, algo que para los grupos ecologistas no se puede consentir. España es el único país europeo que permite cazar en los parques nacionales, espacios dotados de la máxima protección medioambiental.

También es cierto que Picos de Europa es también el único parque de España, y también del continente, que tiene en su interior núcleos de población, personas cuyos único medio de vida está asociado al aprovechamiento de los recursos que el propio parque genera.

Por eso los alcaldes denuncian que pese a los numerosos intentos para suprimir la caza en Picos de Europa, «nunca nadie, ni desde el Gobierno ni desde parques nacionales se han sentado con nosotros para estudiar una posible indemnización con la que compensar todos los beneficios que da la caza, así como un lucro cesante por el cese de esta actividad», explicó Tomás Alonso.

Hasta el momento sólo hay un caso en el que el Gobierno indemnizó a un municipio por dejar de cazar en el Parque Nacional de Picos de Europa. Se trata de la localidad asturiana de Amieva, que llegó a un acuerdo con el Estado para deja de cazar rebecos en sus 1.500 hectáreas de reserva a cambio de una indemnización de 2,4 millones de euros. Por eso desde León siempre se ha defendido que la parte proporcional que tendría que recibir Sajambre y Valdeón para dejar de cazar corzos, rebecos, ciervos, jabalíes y lobos en sus casi 20.000 hectáreas de reserva sería incalculable e inasumible por parte del heraldo público.

Un plan selectivo

En el informe de la Reserva Regional de Caza de Riaño se pone de manifiesto que la gestión se hace a través de un plan de caza selectiva. Este plan se centra en ejemplares «malos y mediocres», según consta en la justificación del propio informe, lo que permite no sólo un espacio vital y una alimentación más abundante para los individuos con futuro, sino una gradual y sistemática selección de la población, al no permitir multiplicarse a los individuos con escaso porvenir. Este plan también permite reducir la densidad de población, así como contribuir a equilibrar el llamado sex-radio y la estructura de población. El informe incide en que una vez que se ha conseguido equilibrar la población, es necesario eliminar los individuos de todos los sexos y edades con el fin de mantener ese equilibrio. Por eso justifica que se eliminan los individuos peor dotados. «Un buen plan de caza es aquel que elimina los excedentes poblacionales actuando fundamentalmente sobre los ejemplares peor dotados», suscribe el informe.

Sin embargo es frecuente encontrar en la práctica territorios en los que la única gestión cinegética que se ha realizado ha sido fijar un cupo anual de trofeos de macho sin plantear cupos de caza selectiva que incidieran sobre las hembras y los machos peor dotados. Esto ha llevado a muchas poblaciones cinegéticas a una eliminación sistemática y gradual de los machos mejor dotados de la población. Es decir, se ha fomentado una selección negativa de la población. Según los expertos, en lo que se refiere a las hembras el problema es similar, ya que al no existir un cupo anual de caza de hembras es frecuente encontrar hembras muy viejas, en un periodo no fértil, las denominadas ‘machorras’, así como hembras de mala calidad. Además el exceso de hembras provoca una desviación progresiva del sex-ratio en su favor, lo que puede originar el debilitamiento de los machos más fuertes, ya que tienen que cubrir a un número mayor de hembras, celos más largos, y segundos celos que conllevan partos tardíos que dan origen a crías débiles que cuando llega el invierno tienen escasas posibilidades de sobrevivir.

En resumen, la reserva defiende que una gestión cinegética racional deberá quitar más hembras que machos con el fin de equilibrar el sex-radio, ya que hay que tener en cuenta que la mortalidad de los machos es mayor, debido a su mayor vulnerabilidad como consecuencia del celo, entre otras causas.

Cabe destacar que en la temporada pasada un total de 327 animales fueron hallados muertos por los celadores de la reserva, al parecer por causas naturales. De ellos 108 estaban en el parque nacional.


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