Una campaña que cotizó al alza

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El pasado domingo, 25 de enero, finalizaba la mejor temporada de caza menor que se recuerda desde hace algunos años. Después de una campaña desastrosa, la 2013-2014, en la que muchos acotados optaron por cerrar de forma prematura ante la angustiosa situación en que se encontraban las poblaciones de perdiz roja, reina sin lugar a dudas de la caza menor, la temporada que ahora finaliza ha superado todas las previsiones.

30/01/2015 | Diario de León | Pedro Vizcay

Se sabía que la perdiz había criado bien, ya que a finales del verano se vieron numerosas y bien nutridas polladas. Pero año tras año viene sucediendo que las numerosas bajas producidas por los depredadores reducen los bandos en porcentajes que a veces superan el 50 % de individuos jóvenes.

No sucedió así en esta campaña, de forma que durante los primeros días llamaban la atención las perdices que se levantaban en el campo durante las jornadas de caza. ¿Por qué se han conservado los bandos prácticamente intactos? Ésta es la pregunta del millón que se hacen las sociedades de cazadores que en León administran los cotos de caza. Y surge una teoría, en la que coinciden algunos biólogos: la abundancia de topillos ha tenido mucho que ver. Aparte de un verano poco riguroso, con abundancia de saltamontes y otros insectos que son una buena fuente de proteínas para los perdigones, la atención de zorros y otros depredadores alados ha debido centrarse en el topillo campesino, fácil de capturar y que constituye un bocado exquisito para ellos y sus crías.

Esto ha evitado el acoso y persecución que habitualmente sufren las perdices, especialmente en los años que por falta de insectos consumen granos tratados con fitosanitarios en la sementera, que debilitan cuando no matan a las aves más jóvenes.

Un buen final

A diferencia de otras temporadas, en las que suele adelantarse el cierre al final del periodo navideño, en ésta se ha apurado hasta el último día. Así el pasado domingo, aprovechando el día soleado y con poco viento, fueron muchos los cazadores que salieron a despedir la temporada, y se divirtieron. Todavía se pudieron levantar bandos de perdices bien nutridos y, algunos, casi intactos. Otra cuestión bien diferente es conseguir abatirlas ya que, a estas alturas y cazando «a rabo», resulta muy difícil. En las zonas donde se alternan secanos y regadíos, con cultivos de maíz, quedan bandos sin tocar.

También en la montaña quedan bastantes perdices, pero a diferencia de la zona sur los montes están cubiertos de nieve y no se pudo cazar.

Una observación, en la que coinciden muchos aficionados desde hace pocos años, es que desde mediados de enero ya se ven perdices emparejadas. Esta situación, achacable sin duda a que el invierno propiamente dicho se retrasa y en diciembre no suele hacer mucho frío, preocupa en el sentido de que en las últimas jornadas pueden descompensarse los emparejamientos. Si se mata el macho, la situación es menos preocupante, pues la hembra volverá a emparejarse, pero si se mata a la hembra el macho quedará suelto y no dejará de molestar a otras parejas llegando incluso a destrozar los nidos.

Y no faltan cazadores que sostienen que quizá el cierre de la temporada de caza menor, especialmente en las zonas perdiceras del sur de León, debiera acortarse un par de semanas. En todo caso esta decisión también pueden tomarla los cotos por su cuenta y riesgo, especialmente para la perdiz, aunque quede abierto el conejo o la liebre. Decisión difícil, sin duda, porque siempre habrá disparidad de opiniones entre los socios.


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