un buen reclamo

¿Lo compartes?

Así se hace…

Saber elegir un buen pájaro es sólo el primer paso: después hay que saber alimentarlo y cuidarlo, establecer una sintonía con él para alcanzar una comunicación total en el puesto… En estas páginas te damos unas cuantas claves.

Texto: Leopoldo del Valle Yanguas

Reclamo perdiz[dropcap]E[/dropcap]l perdigón. Batallante innato. Preso por nuestro afán de caza y codicia cinegética. Cautivo entre barrotes y sumiso a nuestra merced. El perdigonero. Romántico por naturaleza. Fiel a su inseparable aliado y cautivo de su afición hasta extremos insospechados. ¿Quién es el preso en este juego de amores? El pájaro entrega su libertad a su amo. Y éste dedica todo su tiempo a su pájaro, a sus cuidados en casa y en el campo, día y noche, verano, primavera, otoño e invierno, pendiente de todos los detalles, esclavizando sin remedio su existencia al casarse con su acérrima afición. La respuesta a tan obvia pregunta está clara, el que manda es el pájaro perdiz y por él, como jóvenes enamorados, perdemos la cabeza con fijo rumbo a la locura, a la perdición más cautivadora y, casi sin darnos cuenta, dependemos de él y vivimos para él.

No es fácil hacer un buen reclamo, en absoluto. De manera innata debe apuntar maneras y nosotros, a base de paciencia y hacer las cosas bien, terminaremos por pulir su madera. Pájaros buenos, buenos de verdad, pocos se tienen en la vida. Si acaso, uno o dos como mucho. Mi abuelo Balbino, acérrimo perdigonero, tuvo la suerte de cazar en una época y circunstancias donde había pocos pajariteros y muchas perdices, muchos perdigones y mucho tiempo y sitio para cazar. Probó varios cientos de pájaros, aguantándolos hasta el tercer celo, imprescindible para comprobar si vale o no; hizo y deshizo tratos para conseguir los mejores perdigones, poniendo todo su empeño, paciencia y experiencia en conseguirlo y, con todo esto, sólo tuvo dos pájaros realmente insuperables en su vida. Uno que legó de su padre y otro al cuál yo tuve el privilegio insospechado de hacerle su último puesto: una recelosa viuda y una liebre a la que, trabajando espléndidamente a la primera, y recibiendo insistentemente a la segunda, tuve que tirar. Su último puesto supuso mi bautizo de fuego en este bello arte, quedando atrapado en él de por vida desde ese memorable puesto de tarde y tratando de seguir los pasos que entre mi abuelo y mi padre me marcaron para hacer un buen reclamo.

Claves para comprar un gran pájaro

Todo empieza por mantener a nuestro pájaro bien alimentado y bien cuidado durante todo el año, fuerte y vivaz. Al comprar un pájaro de granja nos fijaremos en que muestre un carácter despierto y enérgico, con colores vivos y figura estilizada; el que destaque sobre los demás por ocupar la mejor posición del corral, como pudiera ser el alto de una fuente, marcando y defendiendo su posición. En la jaula debe reunir características muy diversas y difíciles de aunar en un mismo pájaro. Será avispado, noble y a la vez peleón, mostrando claras intenciones de darnos un picotazo si le tentamos suavemente con el dedo, queriendo ganar la batalla sin llegar a espantarse ni saltar. Los reclamos que se alteran mucho en la jaula y que empiezan a revolverse a la primera de cambio no suelen hacer carrera de su condición. Por esta razón, hay quienes prefieren al pájaro de granja que al de campo. Son más dóciles y afables con su dueño, pero deberán demostrar sus virtudes en el repostero.

reclamo perdizLos perdigones, como las personas, tienen sus días. En el pueblo o en el cortijo, antes de salir al alba, nos fijaremos en el pájaro que mejor esté, en el que más cante y en el que parezca que más ganas tenga de salir al campo. Acompañado de unos chasqueos con los dedos le colocaremos sin espantarlo la alfombrilla de esparto y lo cubriremos suavemente con la caperuza. El puesto de alba es muy bueno para probar los pollos. Se dice que en el alba canta todo el campo y, aunque las perdices no se corran bien, comprobaremos sus dotes e intenciones al estar presente en tan apabullante jolgorio. Por tanto, no está de más llevarse un par de pollos al puesto de alba para probarlos, más en estos tiempos que tan rigurosamente tenemos marcado el escaso calendario reclamista.

Hay que hacerse invisible

Con este chasqueo nos alejaremos y meteremos en el puesto despacito, sin hacer ruido y cubriéndonos bien. Sólo el pájaro debe saber que estamos allí. De una manera u otra, en función de los celos que tenga, de lo encelado que esté y de cómo se alborote y responda el campo, nuestro compañero comenzará su función. Si tiene experiencia, lo hará despacito y por lo bajo, tanteando por si hubiera una collera cerca de su territorio, sin escandalizarse ante el posible alboroto y templando su celo con un cuchicheo martilleante y pausado para, seguidamente, y si no obtiene respuesta alguna, alzar su presencia con jácaras de buche o canto de cañón como también se conoce, prosiguiendo con un despliegue de cantos, mientras más variado mejor, haciendo gala de sus recursos. Si esto nos lo hace un pollo, es una buenísima señal y por nada del mundo lo desecharemos, aguantándolo como mínimo hasta el tercer celo. Lo dice el refrán: «El primero canta, el segundo espanta y el tercero mata». De manera contraria, si empieza muy fuerte y sin escuchar la sierra, espantará a las colleras cercanas y no entrarán al trapo. La jaula debe guardar un equilibrio con el campo, jugando a un tira y afloja hasta traérselo a la plaza.

Comprender qué nos está diciendo

reclamo perdizEn esta caza el oído es imprescindible y conocer a nuestro pájaro, fundamental. Cuando observemos que de pronto baja el tono, o parezca que está callado pero se le vea inquieto, aún sin nosotros verlas, las perdices están ahí. Ante esta situación nuestros movimientos serán ralentizados, cautos y calmados, acercándonos suavemente la culata al hombro para estar preparados, evitando en todo momento que se nos vea el blanco de las manos por la tronera. Si se trata de una collera, primero entrará el macho. De mil formas puede hacerlo pero siempre nuestra actitud será la misma, quietos como una estatua. Pacientemente y mordiéndonos la lengua esperaremos a que la hembra entre en plaza, dándole tiempo a la jaula para que pelee por la hembra, citando al macho por piñones y mostrándose por encima pero no dominador, a la vez cautivando a la serrana.

Es muy importante tirar primero a la hembra y después al macho, adoptando esta rutina en cada postura. En primer lugar, si tiramos primero al macho, la hembra pasará a ser una complicada viuda que difícilmente entrará en plaza en toda la temporada. En segundo lugar, si alternamente tiramos primero al macho o a la hembra, provocaremos el desconcierto de nuestro siempre delicado reclamo, confundiéndole y echándolo a perder. La teoría de dejar a las hembras criar, a mi modo de comprender, está erróneamente conceptuada. Hoy día cazamos cuando todavía no han empezado a cubrir, y en caso de que alguna estuviese cubierta, las patirrojas sacan su pollada adelante valiéndose tanto del padre como de la madre, por lo que en tal caso si tiramos sólo al macho dejaremos a la pollada sin padre, reduciendo al mínimo las probabilidades de supervivencia, de modo que casi el mismo daño hacemos que si tirásemos a la hembra. Por tanto, dicha teoría carece de sentido.

Reconoce su trabajo

Cuando entre de nuevo el macho procederemos de igual manera, aguantándolo para que la jaula se empape bien de monte. Si todo lo hacemos bien, nuestro reclamo se quedará en el tiro, haciendo su correspondiente canto de entierro y viniéndose arriba por haber ganado la dura batalla. Al levantarnos del puesto, ya con la escopeta descargada, chasquearemos de nuevo los dedos y le alentaremos bajito unas palabras en reconocimiento a su buen trabajo. Le pondremos en el suelo, junto a la collera pechuga abajo, regocijándose en su triunfo y chasqueándole. Nuestro aliado nos lo agradecerá. Mientras tanto anotaremos en una libretilla las incidencias del puesto, dando parte de cada pájaro y de cada postura para en un futuro prever cual irá mejor para cada tipo de puesto. Tras un breve tiempo, tranquilamente lo enfundaremos. De vuelta analizaremos el puesto que nos ha dado, si hemos errado en algo y cómo se ha comportado el pájaro. En función de cómo se haya movido la sierra, tendremos idea de cuál será el mejor puesto de 11.

reclamo perdiz

Ya en el cortijo, y si tenemos la fortuna de cazar entre amigos, disfrutaremos escuchando los vaivenes de las posturas de los compañeros, sus éxitos o desfortunas, fijándonos de reojo en qué pájaro sacaremos al puesto de sol, picándole algo de verde al de alba tras quitarle el esparto y compartiendo el placer de contar nuestras vivencias, augurios y esperanzas en familia, que es, en esencia, lo que mide el éxito de esta caza.


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