Duro dentón a jigging en San Pedro

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jurel villa de san pedro

José G.M. -1/3/2017- 

Puerto Villa de San Pedro – San Pedro del Pinatar (Murcia).

Embarcamos en el “Vitruvio” a las 6.00 p.m, preparamos vivero y aparejos para la pesca del calamar, y con suerte alguna sepia, bocados exquisitos para la mayoría de grandes depredadores. Tomamos rumbo SE y después de unos 30 minutos de navegación y amaneciendo, estábamos situados sobre la primera de nuestras marcas a un veril de 39-40 metros. Soltamos plomos y pajaritas dejando la embarcación al pairo.

Normalmente, al cabo de pocos minutos, los sedales empiezan a tensarse, indicación de que nuestros queridos cefalópodos están hambrientos. Pero esa mañana la suerte nos la dejamos en el puerto. Enmendamos (termino que se utiliza cuando se recupera la posición por motivo de la corriente) infinidad de veces, decidimos cambiar de marca otras tantas, y después de casi 3 horas, la desesperación rondaba nuestras cabezas.

Mi compañero, amigo y un verdadero jigger en este arte, propone dirigir la embarcación rumbo Este hasta la cota de 50 metros donde se encuentra un carbonero hundido, que suele ser cobijo y residencia de muchas especies ideales para la “pesca al vivo”. Utilizamos diferentes técnicas como el jigging ligero con chanveles triples, conocidos popularmente como “metralletas”, y con señuelos plomados de poco gramaje. Como decía, la suerte se quedó en el puerto, pues después de otras 2 horas, solo logramos introducir en el vivero, un par de Serranos y un Jurel de unos 250 gramos.

La pérdida de varios señuelos y enroques que nos obligaron a realizar maniobra de precisión para la recuperación de otros, motivaron otro cambio de posición hacia cotas más profundas (90-100 metros) con cambios rocosos muy accidentados, para probarnos con la técnica de jigging  con gramajes mayores, utilizando para ello los famosos Black Minnou y los Hart Inchiku. Llegaba el mediodía y las capturas brillaban por su ausencia, así que decidimos izar aparejos y coger rumbo a puerto.

Rondaban las 14.00 a.m con un sol espectacular y el mar cual espejo, cuando el agotamiento se apoderaba de nosotros sin éxito alguno. De reojo miraba el vivero y veía ese Jurel aleteando, nadando y disfrutando de sus 50 litros de agua, del cual yo no tenía mucha fe. En ese momento, mi compañero me propone pasar a la vuelta por el carbonero hundido, ¡que íbamos a pasear al jurel!, a mí de verdad que me entró la risa.

Un anzuelo en la boca y otro en la aleta dorsal, una plomada de 1.5 kg y una braza de fluorocarbono. Dejamos el barco al pairo aprovechando una buena corriente que nos permitía recorrer las bandas del pecio dulcemente. En pocos minutos la puntera de la caña empezó a mover como si tuviera una descarga de electricidad, creo que el jurel se estaba poniendo nervioso. De repente  la caña cogió una curva que casi roza la superficie del agua, y el carrete entonó su música celestial.

-¡Menudo bicho!, ¡cómo tira!- decíamos. 

Tras 15 minutos de lucha, a medio freno y dejando al animal tomar impulso, llegó a la superficie un precioso Dentón de 5 kilos 600 gramos, que fue el deleite de aquella frustrante jornada.

 


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