Rayos y truenos

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Juan Antonio Sarasketa – 16/02/2015 –

Los cazadores como es lógico, al ejercer su actividad en el campo están expuestos a toda clase de inclemencias atmosféricas; llámese frío, calor, agua, nieve, hielo e incluso esporádicamente fuertes tormentas. Y lo soportan mejor o peor, entre otras cosas porque la afición tira y no está en su mano solucionarlo. Ahora bien, cuando las tormentas van precedidas de aparato eléctrico la cosa cambia radicalmente. Saben bien que se están jugando el pellejo al llevar un objeto metálico en las manos ( escopeta o el rifle ) a modo de atraerayos. Como a otros muchos me ha tocado vivir alguna experiencia de este tipo y créanme que la indefensión y el peligro es tal –por mucho que abandones momentáneamente el arma- que no se lo deseo ni al más retorcido de los mortales. Solo, calado hasta los huesos, con chispas y rayos por doquier y el perro entre las piernas con el rabo a la funerala. Como barruntan el peligro los animales. Al parecer un científico importante que supongo gustaba de ver estos fenómenos desde su casa dijo que no hay espectáculo natural más grandioso. Es posible. Pero conviene escuchar también a aquel pastor que perjuraba que el que no teme al rayo no le teme a la muerte. Así las cosas entiendo que lo mejor de una tormenta es el agua que deja en los campos, porque chispas y relámpagos cuanto más lejos mejor. Y para evitarlos nada mejor que saber leer algunos signos que la naturaleza nos presenta antes de que una tormenta acontezca. Simplemente hay que integrarse en el campo, observar minuciosamente y deducir con cierta lógica los fenómenos observados. No hay que olvidar que son signos inmediatos y no previsiones meteorológicas. De ahí que las posibilidades de acertar sean bastante elevadas. Algo así como detalles naturales que la misma tormenta nos adelanta. Las aves vuelan más bajo ya que el aire al cambiar de densidad hace que se cansen más al volar. Los truenos lejanos, altos y huecos son sinónimo de lluvia. Cuando el silencio es repentino y una racha de viento frío y discontinuo denota su presencia el agua en forma de tormenta esta próxima. Los insectos se mueven rápidamente y las hojas de algunos árboles cambian de postura. Los animales domésticos, vacas, caballos y ovejas tienden a agruparse, desplazándose de lugar.
Las nubes altas aportan tormentas secas siempre peligrosas en verano por aquello del fuego. Las nubes bajas son las que nos mojaran. Refugiarse debajo de un árbol que se encuentre en un alto o en un descampado siempre es peligroso. ¿Un refugio seguro? El coche con las ventanas cerradas por muchos rayos que caigan.


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